ORIGEN DEL CEMENTERIO DE LA CHACARITA (11/03/1871

Durante la presidencia de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, una terrible epidemia de fiebre amarilla asoló Buenos Aires y gran parte del país.  La peste causó cerca  de 20.000 víctimas y hubo días en que los fallecimientos llegaron a 500, por lo que, luego de que se colmara la capacidad del Cementerio del Sur,  para darles sepultura,  se hizo necesario abrir un nuevo Cementerio y así nació el hoy llamado “Cementerio de la Chacarita”,  un nombre que ya tenía una historia mucho más feliz y menos ligada con la muerte.

Resulta que “chacarita”  es el diminutivo de la palabra «chácara», una voz antigua de origen quechua que significa “chacra o granja”. Cuando los jesuítas fueron expulsados del Río de la Plata en 1767, el virrey Vértiz dispuso la fundación del Real Colegio Convictorio de Buenos Aires, ocupando edificios y terrenos que  habían sido propiedad de la orden y donde éstos habían instalado una chacra donde cultivaban verduras, legumbres y tenían animales para su manutención. Con un concepto casi revolucionario en materia de educación, el mismo virrey estableció que los estudiantes tuvieran un lugar donde pasar las vacaciones todos los años «para que así cobren nuevo aliento para las tareas del año siguiente». El sitio elegido estaba ocupado en ese entonces por esta chacra que había sido de los jesuitas,  por lo que el lugar, desde entonces,  pasó a llamarse “Chacarita de los colegiales”.

Mientras los años pasaban el Colegio fue cambiando de nombre. “De Colegio de San Carlos” pasó a llamarse a “Colegio de la Unión del Sud”, luego “Colegio de Ciencias Morales” y por último, “Colegio Nacional de Buenos Aires” y muchas fueron las generaciones de argentinos que pasaron por esas aulas y disfrutaron de la «chacarita», que también fue cambiando.

En 1826, al llegar los primeros colonos alemanes, RIVADAVIA les concedió un terreno en ese lugar, para fundar un pueblo que se llamaría Chorroarín, ya que por supuesto, la zona comprendía una extensión mucho mayor que la actual. Más tarde, los terre­nos fueron subdivididos y vendidos en su mayor parte a sus ocupantes y a pesar de contar con menor extensión, en 1865, todavía  un gran sector,  seguía siendo para uso de los estudiantes y MIGUEL CANÉ, en “Juvenilia”, recuerda a la Chacarita como uno de los lugares más agradables de los alrededores de Buenos Aires, con «un paisaje delicioso».

Aí llegamos al terrible 1871 y al recuerdo del dolor de una peste que dejó un saldo de casi 20.000 muertos y la inauguración de un nuevo Cementerio. Se lo llamó, en razón de ocupar ese predio que usaban  los colegiales, “Cementerio de Colegiales”, nombre que por razones obvias, luego pasó a ser “Cementerio de la Chacarita” (ver Epidemia de fiebre amarilla).

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