ORIGEN DE LA CIUDAD DE FORMOSA (08/04/1874)

En el siglo XVI el actual territorio de la provincia de Formosa estaba habitado de este a oeste, por los guaraníes, los  payaguás, los qom’leks, los pilagás, los nivakés, los wichis y pequeñas poblaciones mixtas. Estas etnias, llamadas peyorativamente “guaycurúes” por los guaraníes, eran permanentemente hostilizadas por éstos, que trataban de expandirse a lo largo de los ríos Pilcomayo y Bermejo. Los primeros europeos de los que se sabe llegaron a pisar el suelo actualmente formoseño, fueron los integrantes de las expediciones que pasaron por el lugar en 1528 y se considera que es desde esa época que la zona recibió el nombre español arcaico de Formosa (hermosa) en referencia a una vuelta del río Paraguay con hermoso paisaje, excelente pesca y caza y muy buen terreno para acampar y fondear navíos. Hacia mediados del siglo XVIII, en territorios habitados por los indios abipones,  se instalaron en cercanías de la actual localidad de “Herradura”, los misioneros jesuitas,  que el 24 de noviembre de 1763 fundaron la misión del Santo Rosario y San Carlos o misión del Timbó, nombre impuesto por el gobernador del Paraguay JOSÉ MARTÍNEZ FONTES, en honor del rey Carlos III.  Estaba a cargo del sacerdote jesuita MARTÍN DOBRIZHOFFER y dependía de la Gobernación de Paraguay y del Obispado de Asunción.  La vida en esta misión fue muy difícil, porque a la pobreza del lugar se sumaban los sobresaltos por las continuas incursiones de tobas y mocovíes y la guarnición de soldados allí establecida, resultaba escasa e impotente para hacer frente a los frecuentes ataques. Hacia 1776, ya  se tenían noticias de que 350 abipones que trabajaban en las chacras del asentamiento, se habían convertido a la fe católica, bautizando a sus hijos, pero la labor de los misioneros quedó paralizada, luego que en 1767, el rey de España ordenara la expulsión de esa orden de los territorios de América. Las poblaciones originarias siguieron haciendo imposible el asentamiento estable de poblaciones europeas o criollas hasta casi fines del siglo XIX. Un ejemplo de la casi imposibilidad de la conquista de este territorio por parte de los blancos, se dio en el siglo XIX, cuando fracasó la fundación de Concepción de Buena Esperanza, una ciudad española que se encontraba en la orilla sur del río Bermejo, fuera del actual territorio formoseño, aunque con un área de influencia que abarcaba gran parte de la actual provincia de Formosa.

Después de la Declaración de la Independencia, se comenzaron a definir los límites de la República, y toda la región del Chaco, con las antigüas misiones jesuíticas incluidas, comenzó a cobrar enorme importancia por sus posibilidades económicas y su ubicación fronteriza, disputada por otros países. Posteriores cuestiones de límites con Paraguay fueron resueltas a favor de ese país por medio del arbitraje de los Estados Unidos. Al perder territorio, la Argentina buscó afianzar su presencia en la zona y entonces se encomendó al comandante Fontana que estableciera una ciudad que sirviera como capital y centro comercial. La ciudad fue llamada “Formosa”, forma antigua del español que como hemos dicho, significaba  “hermosa”. Con ese nombre se conocía toda la región desde que el explorador JUAN DE AYOLAS la vio por primera vez en 1536. El desarrollo de la población continuó durante varios años bajo la amenaza de los indígenas, que terminaron con la campaña militar que se realizó hacia 1884.

El 8 de abril de 1874, previo acuerdo del poder ejecutivo de la Nación y por orden del gobernador de los territorios del Chaco, coronel LUCIO VICTORIO MANSILLA, el comandante LUIS JORGE FONTANA tomó formal posesión de este punto situado en el Chaco Central sobre la margen del río Paraguay y por los 26º 12, 36 latitud sur y 60º, 25, 24  de longitud oeste del meridiano de París, el mismo lugar que fue el asiento de la reducción fundada por los padres jesuitas en 1763, con el nombre de “San Carlos del Rosario” o “Timbó”, quedando así formalizada la fundación de la “Villa de Formosa”, futura capital de la actual provincia del mismo nombre, cuya poblamiento ya había empezado el 28 de marzo anterior. Fontana eligió para levantar la ciudad, el mejor sitio posible: un escaso margen de tierras altas situado sobre la orilla derecha del río Paraguay, entre la Laguna de los Indios, al sur, y el riacho Formosa, al norte. Pero la zona está siempre expuesta al riesgo de inundaciones. Toda la región que forma el territorio de la provincia fue escenario de largos enfrentamientos con los guaycurúes que fueron sus primitivos pobladores. Esta constante hostilidad de los nativos, unida a un clima tropical y una vegetación selvática impidieron durante años el establecimiento de colonias. En el período de dominio hispánico, apenas se realizaron modestas expediciones.

Poco más tarde, por la “Ley de Territorios Nacionales”, sancionada el 16 de octubre de 1884, fueron creadas varias gobernaciones, entre las que se hallaba la de Formosa, territorio nacional limítrofe con las Repúblicas del Paraguay y Bolivia. Se le adjudicaba una superficie de 75.480 kilómetros cuadrados y su capital, situada sobre el río Paraguay, era la Villa de Formosa, fundada el 8 de abril de 1874 por el comandante LUIS JORGE FONTANA.

En 1955 Formosa se convirtió en provincia y el 8 de abril de 1959, durante los actos que se llevaron a cabo en esa ciudad capital conmemorando la fecha de la fundación, se exhibió por primera vez el flamante Escudo de Formosa, cuyo creada fue JUAN ENRIQUE BEJARANO, estudiante de arquitectura y urbanismo de la Universidad Nacional de Córdoba.

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