ORIGEN DE LA CIUDAD DE ALTA GRACIA (24/06/1588)

El 8 de abril de 1588, el  teniente gobernador de Córdoba, capitán Pedro Villalba, le otorgó a JUAN NIETO, compañero del fundador de Córdoba, JERÓNIMO LUIS DE CABRERA, los títulos territoriales de unas tierras que los indígenas llamaban “Parahuachasca” y allí creó una primitiva estancia a la que le puso el nombre de “Estancia de Nuestra Señora de Altagracia”, en homenaje a una santa existente en España (de allí su denominación actual, pero separando aquella palabra: “Alta Gracia”). En 1612 la estancia pasó a manos de su heredero, ALONSO NIETO HERRERA, que era un hombre muy rico y muy religioso. Nieto quedó viudo sin tener hijos y cedió todos sus bienes a la Compañía de Jesús, entrando él mismo a la orden cuando tenía 68 años. El 24 de junio de 1643, la estancia de Nuestra Señora de Alta Gracia, en Córdoba, pasó a manos de los jesuitas, y recibió un empuje y desarrollo notables. Sus nuevos propietarios, sentaron allí las bases de la actual ciudad de Alta Gracia y la destinaron a mantener la Universidad  de Córdoba. La convirtieron en un pequeño y progresista emporio ganadero e industrial. Instalaron sistemas de riego, plantaron frutales, levantaron carpintería, herrería, telares y horno para cal y ladrillos. En el pequeño poblado no faltaban despensas, barbería, tiendas y boticas. Alta Gracia fue uno de los grandes establecimientos jesuíticos de la época colonial. A él pertenecían una magnífica huerta y un molino (hoy destruidos); el Tajamar, formado por un dique de 80 metros de largo, que todavía se conserva; El Paredón, dique de embalse que comenzó a construirse 2 kilómetros aguas arriba del arroyo que cruza la ciudad, para utilizar sus crecientes en la irrigación; canales, cultivos, explotaciones mineras, plantaciones forestales, obrajes y diversas construcciones de las cuales algunos quedan rastros; la capilla del siglo XVII y el espacioso Colegio adyacente, que aún permanece en pie, en cuyos claustros se encuentran recuerdos de SANTIAGO DE LINIERS, segundo propietario civil de Alta Gracia, mansión (hoy llamada “la Casa del Virrey), desde donde salió para emprender la campaña trágicamente terminada en Cruz Alta.  En 1767 los jesuitas fueron expulsados del Río de la Plata por orden del rey Carlos III y todas sus obras fueron abandonadas. La estancia se loteó pocos años después y sus puestos pasaron a distintas manos. El casco, el colegio y dos molinos fueron comprados en 1773 por el maestre JOSÉ RODRÍGUEZ, que más tarde los traspasó a VICTORINO RODRÍGUEZ. En 1810 las tierras fueron adquiridas por SANTIAGO DE LINIERS. Tanto Victorino Rodríguez como Liniers murieron fusilados en Cabeza de Tigre. El 31 de agosto de 1820, la Estancia fue vendida en subasta pública por los herederos de Liniers a JUAN MANUEL SOLARES, quien fue el verdadero fundador del pueblo de Alta Gracia, porque al fallecer, en 1843, en su testamento cedió las tierras que rodeaban el casco para ser distribuidas entre los “pobres de notoria honradez”. Y así comenzó a formarse la villa que dio origen a la ciudad de Alta Gracia. En su carta testamentaria, dejó planeada la villa, dividiéndola para distintos fines: jefatura política, municipalidad, iglesia, escuela, etcétera, así como también en lotes de terreno que se ofrecían a los pobres con el sólo compromiso de edificar. Mereció del gobernador de la provincia el título de “Benemérito” y el de “Patriarca de Alta Gracia”, por sus vecinos y agradecidos, que tuvieron en él un desinteresado protector. Alta Gracia fue declarada ciudad por la ley 3.849  del 28 de junio de 1940.Datos tomados del libro “Tríptico Histórico” de monseñor PABLO CABRERA.

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