OREILLE ANTOINE DE TOUNENS, REY DE LA PATAGONIA (17/11/1860)

OREILLE ANTOINE DE TOUNENS, protagonista de una historia alucinante que comienza en Francia y termina en nuestro lejano y mágico Sur. Un territorio que hasta mediados del siglo XIX estaba habitado por tribus de indios que dominaban la región y se manejaban con total independencia de los gobiernos de Argentina y de su vecino Chile. En aquellos años, un ciudadano francés, bajo el nombre de Orélie-Antoine I, reinó durante dos años en un territorio equivalente a cinco veces la superficie de Francia, hasta que el 5 de enero de 1862, fue expulsado de estos territorios por las autoridades constituídas en los recientemente formalizados estados de Argentina y Chile.

Oreille Antoine de Tounens era el octavo de nueve hijos de Juan de Tounens, propietario de una vasta tierra en la región de Chourgnac y oriundo de Dordoña. A los 22 años Oreille Antoine había presentado la tesis de leyes cuando llegó a sus manos la traducción francesa de “La Araucana”, de Alonso de Ercilla, lo que dio un giro radical a su vida. Aquel ignoto territorio le hizo pensar en crear la sede de un gran reino, del cual sería su único monarca. Alentado por los deseos de expansión del emperador Napoleón III, Tounens abandonó sus estudios y partió de Marsella en el vapor “Avenir” hacia el lejano Sur del continente americano, y arribó a Coquimbo, en territorio Chileno, el 22 de agosto de 1858. Tal era su convicción sobre la quimera que emprendía, que estudió la lengua mapuche en el Convento de los Recoletos de Valparaíso. Después de dos años, partió hacía Valdivia. Montados en tres muías cargueras, Tounens y los señores Lachaise y Desfontaines, más un guía indio, ingresaron por un angosto sendero hacia San José, haciéndose pasar por vendedores en busca de los caciques y sus tolderías.

A pesar de su aspecto algo excéntrico y curioso, Tounens ganaba fácilmente la simpatía de la gente mediante el diálogo, que practicaba como uno de sus mayores placeres mostrándose conocedor de una gran variedad de temas. Mediante largas y vehementes disertaciones, ponía énfasis sobre el injusto sometimiento de los indios por parte del gobierno, logrando interesar al mismísimo Quilapán, enemigo acérrimo de las autoridades chilenas. Hentecol y Sayhueque se repartían el territorio que lideraba el cacique Quilapán, y Tounens, a su lado y rodeado de indios, se sometió a un interrogatorio sobre sus intenciones de crear un reino que los librara de la opresión. De tal modo se posesionó que, sin saber por qué designios, todos acudían a él y pronto, aunque nunca se supo cómo lo hizo, pudo imponerse a las orgullosas tribus y convencer a los caciques de crear un reino, independiente de los españoles.

Fue así como el 17 de noviembre de 1860, a orillas del río Cautín, ANTOINE DE TOUNENS  leyó la primera proclama por la cual se autotituló “Rey de la Araucania” con el nombre de Aurelio Iº.  Anexó, luego, la Patagonia, y sus dominios abarcaban desde el río Negro y el Bío Bío hasta el extremo meridional de Tierra del Fuego, un territorio equivalente a cinco veces la superficie de Francia. Inmediatamente, Antoine estableció que el gobierno sería una monarquía constitucional hereditaria, creó una bandera y redactó una constitución al estilo europeo, que fue publicada por los diarios chilenos. Pocos días después de su proclamación, se puso en contacto con otros caciques de la Patagonia que aceptaron formar parte del reino y sumó a su territorio, nada menos que la zona comprendida entre el sur del río Negro y el estrecho de Magallanes y el océano Atlántico hasta los Andes. Intentó, sin éxito, que su gobierno fuera reconocido por Napoleón III y nombró ministros y representantes. Pero fue por uno de sus hombres de confianza, un mestizo que lo traicionó, que fue acusado de traición por las autoridades chilenas, que lo hicieron prisionero y lo enviaron a una cárcel en Los Ángeles el 5 de enero de 1862. Su reinado había durado poco más de un año.

Después de nueve meses de prisión, en muy duras condiciones, enfermo y debilitado, el Gobierno de Chile pidió para él la pena de muerte pero después lo liberó considerando que estaba “fuera de sus cabales” y declaró que era un alienado, aunque los médicos que lo vieron no estaban de acuerdo con el diagnóstico. Cuando iba a ser trasladado a un centro asistencial para enfermos mentales, intercedió por él, el vizconde Cazotte y fue enviado a Francia. Una vez en París, Tounens no se resignó a perder sus dominios y, obstinadamente, regresó cuatro veces a América, tratando inútilmente de recuperar su reino. En 1871 logró llegar a Bahía Blanca, pero enterado de la caída del imperio napoleónico, regresó a Francia. En 1874, nuevamente en Bahía Blanca, fue reconocido y conducido a Buenos Aires, y gracias al ministro de Francia, recuperó su libertad. En 1876, vía Montevideo, pretendió alcanzar nuevamente el extremo sur del continente, pero un fuerte ataque digestivo lo obligó a operarse de urgencia en el Hospital Francés el 26 de enero de 1877. Ya físicamente quebrantado, a pesar de que sólo tenía 52 años, se embarcó hacia Burdeos, y cuando mejoró partió hacia Périgueaux, la ciudad de su juventud.

Murió el 17 de setiembre de 1878 en un pueblo llamado Tortoirac (Dordoña). Sobre su lápida se lee: “Aquí reposa Toumens Orelie, Antoine 1°, rey de Araucania y Patagonia”. Orélie-Antoine 1º. El escritor francés JEAN RASPAIL dio a conocer la aventura de Orélie-Antoine I en el libro “Moi, Antoine de Tounens, roi de Patagonie” (“Yo, Antoine de Tounens, rey de Patagonia”), que obtuvo el gran premio de novela de la Academia Francesa en 1981.

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