Nunca falta un buey corneta

En alguno de los tiros de una de las carretas que componían una “tropa de carretas”, había siempre alguno de los bueyes, que no era tan manso como el resto de ellos. No era fácil de manejar y esos mañeros o resabiados, daban trabajo para uncirlos al yugo y como los peones no se destacaban por su paciencia ni por la suavidad de sus modales, solía ocurrir, que una “embramada” un poco brutal, un garrotazo mal calculado o la furia de una topada, hiciera saltar uno de los cuernos del arisco, una de aquellas “guampas” características de los vacunos criollos. El defecto así adquirido, surgía a la vista del más despreocupado: era el “buey corneta” (o carente de un cuerno), era una mancha en el conjunto; era distinto al resto de los animales. Por extensión, en las familias dignas de respeto, sobre todo en las muy numerosas, suele suceder que uno de sus componentes sale malo, con inclinaciones desdorosas: era haragán, jugador, pendenciero o mujeriego, difereciándose  por eso, de los demás. Ése era el “buey corneta” de la familia y eso dio lugar a la frase “nunca falta un buey corneta”, es decir, alguien que altere lo que es regular, tradicional y normal.

2 Comentarios

  1. abelardo

    locuaz, certero y muy entendible la d3efinicion.

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  2. María Corvalan

    Podría ser también / un ARRIERO PERO ?

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