NOMBRES Y APELLIDOS VERDADEROS

Han pasado por nuestra Historia, gran cantidad de personas, mujeres y hombres. A algunas de ellas, se las reconoce como próceres y a otras como  simples  protagonistas fugaces de la misma  y son muchos los casos en que sus nombres, por haber sido mutilados, abreviados o simplemente cambiados, nos han llegado siendo muy diferentes a los que tuvieron cuando fueron anotados en el Registro Civil o bautizados.

Algunos de estos cambios y las razones que los motivaron, han sido explicados y justificados, pero otros, muchos de ellos, han mantenido ocultas las razones que hubo para alterarlos. En la generalidad de los libros de historia se da como nombre propio  de muchos de nuestros próceres y hombres y mujeres  públicas, el que decidieron usar, el que quedó registrado como verdaderos por error, el que fue costumbre de su época o simplemente, el que se les asignó, para abreviar su extensión. Y este es el caso de los que aquí consignamos.  Son sólo quizás los más conocidos, sólo algunos de los que forman parte de una lista enorme, cuyos nombres o apellidos, tergiversados o mutilados, no fueron influyentes en la gloriosa vida que les cupo.

Para ubicarnos cronológicamente en el tiempo, comenzaremos diciendo que dos virreyes nos ofrecen la oprtunidad de ilustrar lo dicho: El marqués de SOBREMONTE, se llamaba Rafael de Sobremonte Núñez Castillo Angulo Bullán Ramírez de Orellano y el marqués de LORETO era Nicolás Francisco Cristóbal del Campo Cuesta Saavedra Rodríguez de las Varillas de Salamanca, marqués de Loreto. Más tarde, ya sin seguir un orden cronológico, recordaremos que ALEJANDRO AGUADO, Oficial español, banquero, noble y el más querido amigo y consejero de José de San Martín, durante su exilio, se llamaba en realidad Alejandro María, marqués de las Marismas del Guadalquivir;

El general Alvear,  el que todos conocemos como CARLOS MARÍA DE ALVEAR y que toda su vida firmó utilizando este nombre y con él firmó los documentos públicos y cartas, se llamaba en realidad  Carlos Antonio Joséf Gabino del Ángel dee la Guarda. Así lo confirma un documento que en 1891 publicó su hija SABINA ALVEAR DE WARD. Eran copias autenticadas de la fe de bautismo de su padre, donde aparece su verdadero nombre y para confirmar lo dicho, reproducimos a continuación el párrafo pertinente: El quatro de Noviembre de mil setecientos ochenta y nueve, Yo, Bernardo Fontales y Eyn, Capellán de la segunda expedición de Limit por S. M. C., Certifico: que en dicho día Bauticé solemnemente y puse óleo y Chrlsma a niño que nació el 25 de Octubre del misr año, y se llamó Carlos Antonio Josef Gabino del Ángel de la Guardia. Hijo legitimo de Don Diego de Alvear y Ponce de León y Escalera, C misarlo de esta Partida, natura! de la clud de Montllla, obispado de Córdoba, Reyno las Andalucías, y de doña Josefa Balbastro, mujer, de la Ciudad de Buenos Aires obispado del mismo nombre”. Se dice que Alvear decidio llamarse simplemente Carlos María, a partir del fallecimiento de su madre.

MANUEL ALBERTI, era Manuel Maximiliano Alberti; MARCELO T. DE ALVEAR se llamaba en realidad Máximo Torcuato de Alvear; el general GREGORIO ARÁOZ DE LAMADRID, de niño se llamaba Gregorio Aráoz Sánchez de La Madrid; JOSÉ CASTELLI se llamaba en realidad Juan José Antonio Castelli; MANUEL DORREGO cuando fue bautizado lo hizo llamándose Manuel Críspulo Bernabé do Rego; ESTEBAN ECHEVERRÍA, simplificó su nombre original que era José Esteban Antonio Echeverría; El capitán de navío JUAN BAUTISTA AZOPARDO se quitó dos de sus nombres, ya que nació como Juan Bautista Fortunato Ignacio Azopardo y André Louis Bouchard, cuando llegó al Río de la Plata, adoptó el nombre de HIPÓLITO BOUCHARD.

DOMINGO FRENCH se llamaba en realidad Domingo María Cristóbal French; JUAN GALO DE LAVALLE, tendría que haber pasado a la historia como Juan de la Valle, que era como se apellidaba su padre; Francisco de la Prida, optó por llamarse LAPRIDA; el nombre completo de VICENTE LÓPEZ Y PLANES era Alejandro Vicente López y Planes; El autor de la letra del Himno Nacional Argentino, que todos conocemos como BLAS PARERA, se llamaba en realidad Blas Perera; JUAN JOSÉ PASO, se llamaba Juan José Esteban Paso; NICOLÁS RODRÍGUEZ PEÑA, se llamaba en realidad Nicolás Santiago Rodríguez Peña y Funes y  a HIPÓLITO VIEYTES, le suprimieron el Juan que era su primer nombre.

SANTIAGO DERQUI (Presidente 1860-1861), se llamaba en realidad Santiago Rafael Luis Manuel Derqui; CARLOS PELLEGRINI (Presidente 1891-1892) se llamaba Carlos José Enrique Pellegrini; el general JOSÉ DE SAN MARTÍN, se llamaba José Francisco de San Martín; el nombre completo de MANUEL BELGRANO era Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano y JOSÉ GOROSTIAGA era José Benjamín Gorostiaga; mientras que DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD era en realidad Dámaso Dalmasio Simón Vélez Sarsfield,..

La conocida históricamente como MANUELITA ROSAS se llamaba Manuela Robustiana Ortiz de Rozas y  Maríca Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez de Velazco y Trillo, eran los verdaderos nombres de MARIQUITA SÁNCHEZ DE THOMPSON. DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO era el nombre adoptado por Faustino Valentín Quiroga Sarmiento; NICOLÁS AVELLANEDA, se llamaba en realidad Nicolás Remigio Aurelio Avellaneda; JULIO ARGENTINO ROCA se quitó el primer nombre porque fue bautizado con el nombre de Alejo Julio Argentino Roca; MARCELO T. DE ALVEAR era Máximo Marcelo Torcuato de Alvear; HIPÓLITO YRIGOYEN (Presidente 1916-1922 y 1928-1930), se llamaba en realidad  Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús, y ROBERTO M. ORTIZ (Presidente 1938-1942), era Jaime Gerardo Roberto Marcelino María. REMEDIOS ESCALADA DE SAN MARTÍN era María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciana de Escalada y Aóiz

El fundador del Partido Socialista, el doctor JUAN B. JUSTO que de su segundo nombre utilizaba sólo la inicial, se llamaba Juan Bautista Justo. Lo mismo ocurre con MARCELO T. DE ALVEAR (con la T de Torcuato), con JOAQUÍN V. GONZÁLEZ (con la V de Víctor) y con LEANDRO N. ALEM (con la N que no significaba nada)-de cuyo segundo nombre hoy no hay dudas, aunque parecería que quisieron inmortalizar la inicial de su segundo nombre, como si fuera un nombre en sí mismo.

En el caso de Alem, quizás sea distinto. El caudillo radical, para enterrar el pasado vergonzoso del apellido de su padre (fusilado en 1852 por ser miembro de la “mazorca rosista”), cambió la última letra del mismo y prefirió llamarse Alem y en cuanto a la N. que figura en muchos escritos, no corresponde a ningún segundo nombre. Fue el mismo Alem quien explicó el origen de tal letra. Resulta que cuando el fundador del partido radical, ejercía como abogado, debía firmar muchos escritos forenses y éstos eran tantos, que se acostumbró a abreviar su primer nombre y ponía simplemente “Ln Alem”, en vez de Leandro Alem. Los periodistas cuando publicaban algo referido a él, separaban lo que para ellos debía ser separado y comenzaron a llamarlo “L.N.” y así el causante de este embrollo, acabó por someterse al error, adoptó la enigmática “N” y a partir de ahí, para todo el mundo, fue Leandro N. Alem y para algunos, hasta Leandro Nicéforo Alem.

BERNARDINO RIVADAVIA (primer presidente argentino en 1826) e llamaba en realidad Bernardino de la Trinidad González Rivadavia y este caso ofrece otra singularidad: Nuestro prócer debió llamarse Bernardino de la Trinidad González Rodríguez Ribadavia (así: con “b”) ¿Por qué? porque su padre era Bernardo Benito González Rodríguez Ribadavia y su madre María Josefa de Jesús Rodríguez Ribadavia (con “b”) y Rivadaneira. ¿Padre y madre de Bernardino tenían el mismo apellido: Rodríguez Ribadavia?  Y era así, orque eran primos hermanos, ya que la abuela paterna de Bernardino era hermana de su abuelo materno. En aquel entonces, la costumbre era que los hijos llevaran el primer apellido del padre y el primero de la madre. Por lo tanto, si el primer apellido del padre era González y el primero de la madre era el compuesto Rodríguez Ribadavia, el primer presidente argentino debió ser Bernardino de la Trinidad González Rodríguez Ribadavia (con “b”). Sin embargo el padre de nuestro prócer decidió no usar el primer apellido de su madre, haciéndose llamar González Ribadavia.Por su parte, años más tarde, el primer presidente argentino decidió no usar el apellido del padre (González) ni el primero de la madre (Rodríguez), motivo por el cual solo le quedó “Rivadavia”; por haber decidido cambiar la primera “b” por una “v”.

JUAN MANUEL DE ROSAS, fue bautizado como Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas, pero a raíz de un disgusto que tuvo con su padre, que lo acusó de mal manejo de sus estancias, se alejó de éste y se cambió el apellido; MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, nacido en La Mata, provincia de Salta,  se llamaba Martín Miguel Juan de la Mata Güemes ; el general GREGORIO LAS HERAS se llamaba Juan Gualberto Gregorio de las Heras porque había adoptado como como nombre, el apellido de su padre, que se llamaba Juan Gregorio

Entre quienes prefirieron llevar un apellido compuesto, honrando así a su padre y a su madre, por lo que hoy nadie los identificaría tan fácilmente, si les quitara el apellido de quienes fueron sus respectivas madres, recordamos al poeta CARLOS GUIDO Y SPANO que era hijo del general Tomás Guido y de María del Pilar Spano; a VICENTE LÓPEZ Y PLANES, cuyos pares fueron Domingo López y María Catalina Josefa Planes; a DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD, que no se llamaba Dalmacio sino Dámaso y que además unió el apellido de su padre: Vélez y el de su madre Rosa Sarsfield; al general ANTONIO ÁLVAREZ THOMAS que en su apellido llevó el de su padre, que se llamaba Antonio Álvarez Jiménez  y el de su madre que se llamaba María Isabel Thomas y Rancé y JOSÉ RIVERA INDARTE, cuyo padre era  el coronel Manuel Rivera y su madre Trinidad Indarte;

Fuentes. “Historias inesperadas”, Daniel Balmaceda, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2022;  “Cien nombres que en cien años forjaron la Historia Argentina”, Enrique Pinedo, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1994;  “Nuestros próceres”, Raúl Rivanera Carlés, Ed. Linding S.A., Buenos Aires, 1979;  “Grandes hombres de nuestra Patria”, Enrique Udaondo, Ed. Julio Brunett, Buenos Aires, 1946.; “Hemeroteca particular.

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