NOMBRES QUE TUVO LA REPÚBLICA ARGENTINA

Todo lo concerniente a los nombres del país argentino y a la fecha inicial de su uso, presenta las incertidumbres propias de lo que pertenece a un pasado remoto, escaso en documentos fehacientes.

En 1617 quedó oficialmente constituida la gobernación del Río de la Plata, con la ciudad de Buenos Aires como asiento del gobernador. En 1776 se creó el virreinato del Río de la Plata y a partir de la Revolución de Mayo, son empleadas diversas denominaciones para designar al territorio comprendido entre los límites que hoy conforman la República Argentina:

Provincias Unidas del Río de la Plata.
Nombre que tuvo en sus orígenes la República Argentina (1800-1860). En la Convención Nacional de 1860, se estableció indistintamente ese nombre con los de Confederación Argentina y República Argentina.
Provincias del Río de la Plata.
A partir de la Revolución de Mayo, son empleadas diversas denominaciones para designar al territorio comprendido en la nueva situación política: “Provincias del Río de la Plata”, fue usada por la Primera Junta en 1810.
Provincias Unidas del Río de la Plata.
El Estatuto Provisional de 1811 y la Asamblea de 1813, lo denominan “Provincias Unidas del Río de la Plata”.
Provincias Unidas de Sud América y Provincias de la Unión, fueron los nombres que optó utilizar el Congreso de Tucumán.
Provincias Unidas del Río de la Plata en Sud América es el nombre que les da el Congreso de 1824.
Nación Argentina y República Argentina son los nombres con los que figura en la Constitución de 1826.
Confederación Argentina, es el nombre que le da Juan Maniuel de Rosas y también figura así en el Acuerdo de San Nicolás (1852) y en la Constitución de 1853..
Nación Argentina. Es como figura en la Constitución de 1853, pero en el Artículo 1º del texto original de la misma Constitución,  se la llama “República Argentina”. Estas dos últimas denominaciones, así como las demás usadas desde 1810, a saber: “Provincias Unidas del Río de la Plata” y “Confederación Argentina”, fueron aprobadas oficialmente por la Convención Nacional de 1860, según disposición que pasó a ser el actual artículo 35 de la Constitución Nacional, disponiéndose expresamente que la fórmula “Nación Argentina” sería la que habría de usarse en la formación y sanción de las leyes.
República Argentina. El 8 de octubre de 1860, el presidente Derqui decretó, que por razones de uniformidad se usaría en todos los actos administrativos la denominación “República Argentina” y si bien la denominación consagrada por el uso ha sido esa, a partir de la reincorporación del Estado de Buenos Aires al resto de la Confederación, en 1859, el texto refundido y vigente de la Constitución, según la edición ordenada por el Congreso Nacional por la Ley 12.632 y publicada en 1942, conserva la de “Confederación Argentina”, por cuanto ésta nunca fue expresamente eliminada del texto legal.

Por qué el Río de la Plata se llama así?
Los historiadores ENRIQUE DE GANDÍA y MANUEL DOMÍNGUEZ sostienen haber demostrado en forma que suponen definitiva (1) que el Río de la Plata fue así llamado porque conducía a la Sierra de la Plata, según la creencia de los portugueses, en lo que sería luego el Alto Perú. Ya antes que GABOTO realizara su viaje por estas tierras, parece que el Paraná Guazú era conocido con el nombre de Río de la Plata. EDUARDO MADERO dice que el nombre de nuestro río se pronunció en Santa Catalina, Brasil, por los sobrevivientes de la expedición de SOLÍS. Afirma ENRIQUE DE GANDÍA que el portugués ALEJO GARCÍA, con 4 ó 5 españoles más, encabezó desde la costa brasileña, entre los años 1521 y 1526, una gran migración de indios guaraníes hacia el Alto Perú, en un viaje que tenía el propósito de lograr lo que tanto los apasionaba: la conquista del que pronto sería el fabuloso imperio del Rey Blanco y de la Sierra de la Plata, de cuya existencia habrían sido informados por los indios. Lograron obtener numerosos trozos de metales, que les permitieron vislumbrar las riquezas de la civilización incaica. Ante la amenaza de ser atacados por algunas tribus, los expedicionarios regresaron con todo el oro y la plata que pudieron cargar. En el camino fueron exterminados, y sólo algunos aborígenes alcanzaron a salvo el lugar de partida, narrando a los demás españoles que habían quedado allí, la asombrosa travesía, y mostrando algunos restos del primitivo cargamento de metales preciosos. Al regresar desde el Estrecho de Magallanes, varios tri­pulantes de la expedición de LOAYSA decidieron desertar y quedarse (1526) en la costa del Brasil, pues al oír de boca de los náufragos de la expedición de SOLÍS las nuevas que daban sobre la Sierra de la Plata, imaginaron conquistar en la primera oportunidad tan maravillosa región, de la cual también los aborígenes hablaban continuamente. Casi simultáneamente, había emprendido GABOTO su expedición por la ruta seguida por MAGALLANES y ELCANO. Habiendo recalado en la costa brasileña, frente a Pernambuco, algunos portugueses allí residentes revelaron que el río de SOLÍS, así llamado en recuerdo de su descubridor, conducía a la Sierra de la Plata, como la denominaban, y al imperio del Rey Blanco. Por esta causa, los portugueses llamaban Río de la Plata al río de Solís. Tanta fascinación producía en los rudos aventureros y codiciosos hombres del siglo XVI el afán de poseer riquezas, que así GABOTO mismo como otros miembros de las tripulaciones, decidieron abandonar la ruta proyectada y explorar el misterioso Río de la Plata. Buscaron a los célebres náufragos de SOLÍS, en cuyas manos pudieron contemplar las muestras de oro y plata que a todos enloquecieron. Ni GABOTO ni los navegantes de otras expediciones que se les unieron, arribaron a la codiciada Sierra de la Plata, pero al regreso todos ellos extendieron por España y Portugal la fama del Río de la Plata, dando origen a nuevas expediciones, no sólo españolas sino portuguesas también.

La denominación de Río de la Plata quedó consagrada de hecho y se usó en los documentos oficiales ya desde la capi­tulación que Carlos V firmó con PEDRO DE MENDOZA (1534), “para conquistar y poblar las tierras y provincias que hay en el río de Solís, que llaman de la Plata”. En 1617 quedó oficialmente constituida la gobernación del Río de la Plata, con la ciudad de Buenos Aires como asiento del gobernador. En 1776 se creó el virreinato del Río de la Plata.

Por qué la Argentina se llama así?
En cuanto a la voz “argentina”, no es otra cosa que el adjetivo de origen latino que significa “de plata”. República Argentina quiere decir, pues, “República de la plata”, expresión que proviene directamente de “región del Río de la Plata”, de los antiguos descubridores y conquistadores del siglo XVI. La palabra “argentina” figura por primera vez en un poema épico sobre la conquista del Río de la Plata, escrito por MARTÍN DEL BARCO CENTENERA, un clérigo que llegó a América en 1572, con la expedición de ORTIZ DE ZÁRATE, con el cargo de “arcediano del Río de la Plata”. Luego de varios años de viajes en este continente y de una vida llena de aventuras, en 1594 regresó a España, radicándose poco después en Lisboa, donde en 1602 publicó un poema, cuyo título completo es: “Argentina y la conquista del Río de la Plata, con otros acontecimientos de los Reynos del Perú, Tucumán y estado del Brasil”. De los escasos ejemplares existentes, uno de los dos más notables, se halla en el Museo Mitre, de Buenos Aires. Se han hecho varias ediciones facsímiles en la Argentina. En ese poema, de valor literario mediocre, el autor habla de: “cómo se pobló el Argentino, “el Argento famoso”, “el Argentino Reyno” y “las Argentinas nimphas”. Si el recuerdo de MARTÍN DEL BARCO CENTENERA no merece ser mantenido por sus cualidades como historiador o poeta, en cambio a él se debe el mérito de haber llamado el primero “Argentina”, al territorio del Río de la Plata y de haber usado ese mismo término como atributo del nuevo pueblo, de un nuevo ideal nacional. Desde entonces, el largo poema, hoy  sólo es frecuentado por los estudiosos, pero su nombre tuvo mejor suerte y se popularizó de tal modo que, poco a poco, ya nos llamaban “argentinos” y la Argentina a nuestros territorios.

La segunda obra conocida donde se menciona el nombre de nuestro país, es la “Argentina manuscrita”, de un soldado y conquistador español llamado RUY DÍAZ DE GUZMÁN, nacido probablemente en Asunción, en la segunda mitad del siglo XVI, El calificativo que figura en el título de la obra seguramente estaba destinado a distinguirla de la anterior, pues fue conocida en un códice hoy perdido. Probablemente, DÍAZ DE GUZMÁN conoció el poema de del BARCO CENTENERA y llamó a su obra simplemente “Argentina”. Está fechada en 1612 y hay varias ediciones impresas modernas y es una crónica donde la historia se mezcla con la fábula. Merece recordarse expresamente el largo poema titulado “El triunfo argentino”, escrito por VICENTE LÓPEZ Y PLANES, autor de nuestro Himno Nacional, a raíz de las invasiones inglesas, y publicado en 1808 en su primera edición. En esta obra, el autor cantó las glorias conquistadas por los defensores de Buenos Aires contra el invasor. Probablemente, con el término argentino”, quiso hacer resaltar la parte preeminente que cupo al pueblo criollo en esa epopeya y desde entonces, el vocablo se hizo de uso más y más común (1) Academia Nacional de la Historia, “Historia de la Nación Argentina”, 2ª ed. vol. II, pág. 428, nota 58).

Somos “Argentina” o “la Argentina”?
En esta época, en que parece que el tiempo nos corre, por lo que abreviamos hasta el idioma, se acostumbra llamar “Argentina” a nuestro país, lo cual es incorrecto. El nombre establecido por la Constitución de 1853 fue el de “República Argentina”, lo cual presenta a la palabra “argentina”, casi como un  adjetivo, tal como lo fue en su origen en la expresión “La Argentina”, que es como decir “la plateada” o “la platense”. Y esto lo han convalidado varios dictámenes de la Academia Argentina de Letras, recordando que el artículo sustantiva a un adjetivo, de modo que para transformar “Argentina” en nombre, no podemos prescindir de él. “Sustituír los nombres seculares de “República Argentina” y “la Argentina” por el neologismo “Argentina”, significa renegar de nuestra tradición y por lo tanto, de nuestra historia”.

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