NAUFRAGIO DEL “PRINCIPESSA MAFALDA” (25/10/1927)

El naufragio del “Principessa Mafalda”, sumió en el dolor a numerosas familias argentinas que habían hecho de esta nave, su preferida para viajar a Europa. El 25 de octubre de 1927, frente a las costas brasileñas de Abrolhos, cerca de Porto Seguro, en una zona que es un verdadero cementerio de barcos por sus rocas sumergidas que se internan hasta 32 kilometros en el mar, se hundió en aguas del océano Atlántico, el buque italiano “Principessa Mafalda”, protagonizando una catástrofe que conmovió al mundo y que provocó la muerte de 429 personas.

El Principessa Mafalda, botado en 1904, había sido construído siguiendo las técnicas más modernas de la época y se lo consideraba una segura nave de lujo por lo que era la preferida por las familias ricas de la Argentina, el Uruguay y Brasil para sus viajes a-Europa, aunque en su “tercera clase”, durante años, transportó a miles de inmigrantes que llegaban en busca de la paz y el trabajo que no encontraban en sus tierras natales. El barco partió de Génova el 11 de octubre con destino a Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires, llevando a bordo 1.261 personas, entre pasajeros y tripulantes y un cargamento de oro que el gobierno italiano enviaba a la Argentina.

Aquel debía ser el último viaje del Mafalda, porque los armadores ya lo consideraban obsoleto y a su regreso sería reemplazado por naves más modernas. Desde el principio hubo señales que anunciaron la desgracia. La partida se retrasó cinco horas por desperfectos en las máquinas, mientras el pasaje esperaba completamente ajeno a la situación. Pero el capitán SIMÓN GULI comenzó a preocuparse. En Barcelona el barco estuvo detenido 24 horas por reparaciones y durante la travesía por el Mediterráneo las máquinas se pararon ocho veces. Por fin, a las 19 horas de aquel día fatal, el árbol que sostenía la hélice izquierda chocó contra una roca y se partió, destrozando el casco y abriéndole una brecha por donde comenzó a ingresar a la nave herida, una avalancha incontenible de agua. Muy rápidamente sobrevino el naufragio. La nave comenzó a hundirse lentamente, mientras, para colmo, empezó a soplar un fuerte viento y el mar enloqueció.

Al principio las tareas de salvataje se realizaron en forma ordenada, pero pronto el terror invadió a la gente, especialmente a los pasajeros de tercera clase, atrapados en la parte inferior. Los botes salvavidas no resultaron suficientes y los barcos que llegaron a prestar ayuda, respondiendo a los pedidos de auxilio del Mafalda, que el radiotelegrafista y su segundo lanzaron al aire hasta el último momento., se encontraron ante un infierno. Muchos de los pasajeros fueron víctimas de la pugna por salvar sus vidas y otros más, del agua y los tiburones, pero hubo también increíbles muestras de heroísmo y solidaridad, dentro del caos que pronto ganó este escenario de terror. A bordo viajaban dos marineros de la fragata Sarmiento que volvían al país por enfermedad: el cabo principal JUAN C. SANTORO y el conscripto ANCLETO BERNARDI. Ambos se comportaron heroicamente y ayudaron al salvamento de los pasajeros, embarcándolos en los barcos que habían llegado en auxilio, actitud, que Bernardi pagó con su vida, ya que fue arrastrado por las aguas y desapareció ante la impotente mirada de su compañero.

El conmovedor relato de los sobrevivientes de este naufragio, puso en evidencia la valentía del comisario de a bordo, CARLOS LONGOBARDI, otro de los héroes de esa tragedia que pudo salvar a muchas personas. Una muchacha italiana de 17 años, NUNCIA CIPOLLA, se arrojó del bote salvavidas que la rescatara para dejar lugar a una mujer con su niño en brazos. A pesar de estos gestos sublimes y de los varios barcos que acudieron en auxilio de los náufragos, desaparecieron 295 personas en la tragedia, entre ellos el capitán del barco, SIMÓN GULI , un bravo marino que se hundió en su puente gritando “¡viva Italia!”. El 2 de noviembre entraba en el puerto de Buenos Aires el “Formosa”, uno de los barcos que había acudido al salvataje y venía cargado de náufragos.

Soy Sobrina Nieta del Cabo Juan C. Santoro, hermano de mi abuela materna Catalina. El Cabo Juan, también mi padrino de bautizo, me narraba muchos acontecimientos de ese trágico naufragio, como por ejemplo las personas tiraban los baúles desde el barco hacia los botes salvavidas, haciendo que estos se hundieran. O como la niña atrapada en la ventana redonda, ya que sus padres en su intento por salvarla le pidieron a mi tío que la salvará …. pero desgraciadamente la niña quedo atrapada, por la cintura, y por más esfuerzo que Tío hiciera fue imposible ya que el barco se hundía cubriéndola de agua….en ese instante mi tío Juan fue arrastrado hacia el fondo del mar por algo o alguien y el en su desesperación pudo zafarse y seguir ayudando…… Siempre recuerdo en las noches después de su ducha tío se pasaba un aceite verde con un hisopo de mango largo en su espalda donde tenía una cicatrices muy grandes del desgarro que le ocasionó ese alguien o algo que lo arrastraba hacia el fondo del mar. Mi tío Juan como así yo lo llamaba, recibió muchísimas medallas de Oro y Plata de parte del Gobierno Italiano y de otros países por su heroica acción durante el naufragio. A su muerte fue velado en la Subprefectura de Tigre, honrándolo por su acto heroico (María Cristina Calloni)

1 Comentario

  1. María Cristina Calloni

    Soy Sobrina Nieta del Cabo Juan C.Santoro, Hermano de mi Abuela materna Catalina.
    El Cabo Juan También mi padrino de bautizo,
    Me narraba muchos acontecimientos de ese trágico naufragio, como por ejemplo las personas tiraban los baúles desde el barco hacia los botes salvavidas, haciendo que estos se hundieran.
    O como La Niña atrapada en la ventana redonda, ya que sus padres en su intento por salvarla le pidieron a mi tío que la salvará …. pero desgraciadamente La Niña quedo atrapada, por la cintura, y por más esfuerzo que Tío hiciera fue imposible ya que el barco se hundía cubriéndola de agua….en ese instante mi tío Juan fue arrastrado hacia el fondo Del Mar por algo o alguien y el en su desesperacion pudo zafarse y seguir ayudando…… Siempre recuerdo en las noches después de su ducha tío se pasaba un aceite verde con un hisopo de mango largo en su espalda donde tenía una cicatrices muy grandes del desgarro que le ovacionó ese alguien o algo que lo arrastraba hacia el fondo Del Mar.
    Mi tío Juan como así yo lo llamaba, recibió muchísimas medallas de Oro y Plata de parte del Gobierno Italiano y de otros países por su heroica acción. A su muerte fue velado en la Superfetura de Tigre, honrándolo por su acto heroico.

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