NAMUNCURÁ, CAMINITO Y SIEMPRE EL TANGO

NAMUNCURÁ, CAMINITO Y SIEMPRE EL TANGO. En las dos últimas décadas del siglo XIX nacieron en Buenos Aires, numerosos hombres de tango, que le dieron la calidad necesaria para afianzarlo en el tiempo. Unos compusieron melodías perdurables, otros les pusieron letra y algunos, sintiendo su latido, simplemente lo bailaron, llevándolo poco a poco a los salones, por mérito de sus valores, cada vez más comprendidos. Tal fue el caso de José Ovidio Bianquet, alias “El Cachafaz”, nacido el 14 de febrero de 1885, año en el que también llegaron Ernesto Ponzio (el “pibe Ernesto”, autor de Don Juan, nacido el 10 de julio), Samuel Castriota (autor de “Mi noche triste”, nacido el 2 de noviembre) y Juan de Dios Filiberto (creador de “Caminito” con Coria Peñaloza, de “Malevaje” con Enrique Santos Discépolo y los clásicos “ Botines viejos”, “El pañuelito”, “Quejas de bandoneón”, “Clavel del aire”, “La vuelta de Rocha” y tantos otros). Tanto fue el éxito de “Caminito”, que el maestro Cobani, profesor de música en el Colegio Champagnat de la ciudad de Buenos Aires, al finalizar la década del 20. lo incorporó al repertorio de sus alumnos de la primaria. Claro que no faltó el hermano marista que cambió la palabra “desde” por “dicha”, con lo que despersonalizaba la esencia de esta letra. Años después se inauguró la calle “Caminito” en el barrio La Boca, aunque en realidad no fue precisamente éste el lugar que inspiró sus versos al poeta Coria Peñaloza, sino “Olta”, un espléndido paraje de la provincia de La Rioja, donde naciera su madre, descendiente del famoso “Chacho Peñaloza”, lo que explica el carácter de himno agreste y definitivo de la música que le puso el maestro Filiberto. El primer tango del músico de la ribera, se llamó “Guaymallén” y mereció que el doctor José Ingenieros en 1915, lo tuviera entre sus músicas favoritas y dijera de él, “es un tango reamente muy original”. Otro recuerdo que me viene a la memoria, poniendo en evidencia la increíble trabazón que el tango siempre ha tenido con gente y hechos de nuestra historia, es el referido a una anécdota que contara en su libro “El tango y Gardel” el escritor Sobrino, que fuera asesor del Departamento de Ciltura del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación. Dice allí que en el año 1944 visitó a Alfredo Namuncurá, uno de los hijos del Manuel Namuncurá el cacique que luego de ofrecer gran resistencia al avance del “blanco”, en 1884 se rindió al coronel Pablo Belisle, de las fuerzas comandadas por el general Roca. Alfredo Namuncurá, también cacique de los pagos de San Ignacio, en la provincia de Neuquén, sobre el río Aluminé, lo recibió con sus hijas Verónica y Belarmina. Declarados todos ellos admiradores del tango, y como Sobrino había llegado llevando una vieja “victrola” a cuerda y unos cuantos discos de pasta, “Caminito entre ellos”, les enseñó a bailar el tango y quedaron hasta tarde hablando del tango y sus intérpretes, especialmente de Carlos Gardel. Un personaje muy querido por los Namuncurá que recordaban la amistad que mantuvo “el zorzal criollo” con Ceferino Namuncurá , cuando ambos estaban en el Coro de los padres salesianos. Un indígena y un francés, más criollo que el dulce de leche. Fenómeno de integración que se repitió luego entre tantos intérpretes que llegando de distintas tierras religiones y costumbres, unieron sus corazones y sus sentimientos en letras y músicas tangueras. Valga como ejemplos el del “tano Marino” con el “gallego Morán”, creador de “El abrojito”, tango de Berstein . Y si seguimos recordando, no queremos olvidarnos de José Ovidio Bianquet, que hacía filigranas tangueras en el “Teatro Olimpo” que estaba ubicado en la hoy avenida Pueyrredón 1463 ni del reducto tanguero que funcionaba en la avenida Santa Fe, en el tramo comprendido por las calles Canning (hoy Scalabrini Ortíz) y Arévalo, cenáculo que reunía a varias “orquestas típicas” de renombre, ni los Cafés “milongueros” el “Atenas” y “La Paloma”, que se hallaban junto al arroyo Maldonado (hoy entubado bajo la avenida Juan B. Justo), donde el violinista Rafael Tuegola compuso “Zorro Gris” con versos del periodista Francisco García Jiménez. Que hermosos recuerdos éstos.!!. Como se ve, todos los barrios de Buenos Aires eran buenos para escuchar o bailar tango y las serenatas se prendían en cualquier balcón, para tocar los valses “Olga”, “Corazón de artista” o “Noche de frío” bajo las estrellas (Pablo Solari Parravicini)

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