MONTONEROS Y “ANARQUISTAS” (1820)

MONTONEROS Y “ANARQUISTAS”. El comerciante inglés J. P. ROBERTSON residió en el Río de la Plata entre 1806 y 1830 y escribió interesantes notas y recuerdos de su estada, en sus famosas “Cartas”. De ellas extractamos estos párrafos: “Las fuerzas armadas que operan en el interior del país, son indisciplinadas, heterogéneas y semisalvajes, se levantan de tanto en tanto en guerra con la capital y son conocidas bajo el nombre genérico de montoneras o sea “gentuza armada”. Se trata de bandas sin orden en su manera de hacer la guerra, que producían en los porteños mucho terror. Sin embargo, cuando a principios de 1820, estas tropas montoneras terminaron con buen éxito su campaña y entraron en la capital, se comportaron con gran moderación. Yo residía por entonces en una linda casa de campo situada en un paraje solitario y conocida bajo el nombre del Paddock, perteneciente al inglés mister Staples. Muy a menudo atravesaba el camino a altas horas de la noche y nunca fui molestado. En Buenos Aires los montoneros eran llamados también anarquistas por la anarquía que representaban al desobedecer al gobierno central. La Gaceta de Buenos Aires del 15 de diciembre de 1819 expresaba su opinión acerca de este tema, con el título de ¿Quiénes son los anarquistas?: ¿Por qué pelean los anarquistas? ¿Quiénes son ellos? Se les atribuye la pretensión de establecer la federación y ¿hay alguno entre sus jefes que sepa ni siquiera pronunciar correctamente aquella voz? Hasta ahora no hemos oído explicar razonablemente a los pretendidos federalistas cuáles son los alcances de su sistema. Los federalistas quieren no sólo que Buenos Aires no sea capital, sino que divida con ellos el armamento, los derechos de aduana y demás rentas generales. En una palabra, que se establezca una igualdad física entre Buenos Aires y las demás provincias, corrigiendo a la naturaleza que nos ha dado un puerto y unos campos, un clima y otras circunstancias que la han hecho físicamente superior a otros pueblos. El perezoso quiere tener iguales riquezas que el hombre industrioso; el que no sabe leer optar a los mismos empleos que los que se han formado estudiando…”

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