MISIONES DIPLOMÁTICAS A EUROPA (28/11/1814)

UNA SERIE DE MISIONES DIPLOMÁTICAS A EUROPA FUERON DISPUESTAS POR EL SEGUNDO TRIUNVIRATO A LOS EFECTOS DE LOGRAR EL RECONOCIMIENTO DE NUESTRA INDEPENDENCIA POR PARTE DE LAS MAYORES POTENCIAS EUROPEAS.  A fines de 1814, la derrota de BELGRANO en el Norte y el ocaso de Napoleón, que podía significar el retorno de Fernando VII al trono, contribuyeron a acrecentar la incertidumbre existente en el seno del gobierno y el pueblo de la nueva patria. Numerosos peligros externos e internos conspiraban contra el éxito de la Revolución de Mayo. Los primeros se debían al hecho de que hasta ese momento, la lucha por la emancipación americana era desfavorable a los patriotas, mientras Fernando VII, a punto de ser restaurado en el trono español, ya hacía planes para a enviar hacia el Río de la Plata una fuerte expedición que al mando del general Morillo, le devolviera el poder sobre estas colonias.

La frontera norte era otro tremendo dolor de cabeza, ya que estaba constantemente amenazada por el enemigo, que le causaba frecuentes derrotas a las fuerzas patriotas que se enviaban para detenerlos y la situación en las provincias del Litoral se veía amenazada por el caos total, vista la creciente influencia que sobre esa región, ganaba el caudillo oriental ARTIGAS. La desmoralización cundía en el ejército; distintas facciones dividían a la Asamblea General y la crisis se hacía cada vez más evidente en los gobiernos criollos que se sucedían.

Ante la gravedad de estos acontecimientos, el Triunvirato resolvió buscar aliados en el exterior en apoyo a la Revolución de Mayo y con ese objeto decidió enviar comisionados a Europa. Se pensó que sería importante obtener el reconocimiento de nuestra Independencia por parte de Gran Bretaña, abrir negociaciones ante la corona española para llegar a un arreglo pacífico de la situación que nos enfrentaba y asegurar la neutralidad de las autoridades portuguesas establecidas en Brasil, siempre prontas a colaborar con cualquier intento de agresión al Plata. En consonancia con este proyecto, el Director Supremo GERVASIO ANTONIO DE POSADAS, previa aprobación del Consejo de Estado, confió sendas misiones diplomáticas a BERNARDINO RIVADAVIA,  MANUEL BELGRANO y  MANUEL DE SARRATEA.

Los dos primeros deberían viajar con destino a Inglaterra con la misión de fortalecer las relaciones con el imperio y lograr el apoyo inglés para negociar una reconciliación con España a fin de “obtener de España un reconocimiento de nuestra libertad política o al menos de nuestra libertad civil” (1). SARRATEA lo haría hacia Francia y otros países europeos, con la tarea de difundir los contenidos de la Revolución de Mayo y obtener el reconocimiento de las potencias europeas al nuevo estado americano. Los plenipotenciarios recibieron instrucciones muy amplias y quedaron autorizados para proceder de acuerdo con las circunstancias, cuando éstas aconsejaran el camino más conveniente para obtener mejores resultados. El propósito fundamental de estas misiones era “asegurar la Independencia de América” aunque todo lo resuelto quedaría sometido “al examen de las provincias reunidas en Asamblea por medio de sus representantes” y según declaración de los protagonistas, era “preciso alcanzar los beneficios de la paz y tranquilidad, casi a cualquier precio, excepto la sumisión incondicional a España y el peligro consiguiente de exponerse a todo el riesgo de su resentimiento y venganza, por la pasada conducta de las provincias rebeldes”.

MANUEL DE SARRATEA partió a principios de diciembre de 1814, se dirigió hacia Francia e hizo una escala previa en Río de Janeiro. Allí se entrevistó con Lord STRANGFORD y con el ministro español destacado ante la corte portuguesa, JUAN DEL CASTILLO y al parecer, se convino poner término a las hostilidades entre Buenos Aires y Montevideo como paso previo a toda negociación. De acuerdo a versiones, en su artículo primero, este proyecto estipulaba que las tropas de Buenos Aires habrían de retirarse hasta la costa occidental del Uruguay dejando a la Banda Oriental bajo la jurisdicción de VIGODET y sus sucesores en el mando. Si bien por el artículo 29 se afirmaba que tal delimitación era a título provisorio, el hecho no deja de llamar la atención por la gravedad que sus consecuencias encierran. Poco después, el oficioso SARRATEA continuó rumbo a Londres, donde se encontraba el ya electo Director Supremo POSADAS, quien solía decir: “El maldito Bonaparte nos ha dejado en los cuernos del toro!”, pero que desde allí le había enviado a Buenos Aires instrucciones para ir disponiendo la opinión de los pueblos en favor del rey.

Misiones diplomáticas de Rivadavia, Belgrano y García en Río de Janeiro El 28 de diciembre de 1814, BELGRANO y RIVADAVIA partieron desde Buenos Aires a bordo de una fragata con destino a Río de Janeiro, donde arribaron a mediados de enero de 1815. Los Comisionados se entrevistaron con el embajador inglés Lord Strangford, pero éste los recibió con cautela y, con suma habilidad, no arriesgó una opinión definitiva sobre el asunto que se le planteaba. Sin embargo, RIVADAVIA llegó a la conclusión que Brasil —por imposición de Inglaterra— no intervendría, por el momento, en los problemas del Río de la Plata, cuestión que les trajo algo de tranquilidad, aunque ésta se vio empañada por las noticias concretas que recibieron, referentes al inminente envió de una fuerte expedición punitiva al Río de la Plata, dispuesto por la corona española. En febrero de 1815 llegó a Río de Janeiro el doctor MANUEL JOSÉ GARCÍA, un “enviado confidencial” enviado por el Director Supremo CARLOS MARÍA DE ALVEAR, que llevaba dos cartas: una destinada al gabinete de Londres y la otra personal para Lord Strangford, en las que solicitaba el protectorado británico para el Río de la Plata. García enteró del contenido de este documento a RIVADAVIA  y a BELGRANO, quienes lo persuadieron para que no diera curso a las mismas. GARCÍA retuvo la que estaba dirigida al embajador inglés y entregándole la otra a RIVADAVIA, le expresó que lo hacía esperando que procediera de acuerdo con su criterio (obviamente, ninguno de estos documentos llegó al destino previsto).

Durante su permanencia en Río de Janeiro, RIVADAVIA y BELGRANO solicitaron infructuosamente una entrevista con la Princesa Carlota o con el Príncipe Regente, con el fin de aclarar la participación portuguesa en los problemas de la Banda Oriental y la actitud del gobierno lusitano para con el caudillo oriental Artigas. Perdidas las esperanzas de lograr la atención requerida, a mediados de marzo de 1815, RIVADAVIA  y BELGRANO partieron hacia Inglaterra, quedando GARCÍA en Brasil.

La proyectada coronación de Francisco de Paula. El 7 de mayo de 1815, RiIVADAVIA  y BELGRANO llegaron al puerto de Falmouth y se dirigieron a Londres, donde su pusieron en contacto con MANUEL DE SARRATEA, que se encontraba allí desde fines del año anterior. La llegada de los comisionados a Londres, se produjo en circunstancias muy difíciles, pues Napoleón había abandonado su forzoso destierro en la Isla de Elba y el 20 de marzo entraba triunfalmente en Oaría, lo que originó nuevas luchas en Europa. No tuvieron Rivadavia y Belgrano buen éxito en sus gestiones ante el gobierno de Londres y aceptaron un plan propuesto por SARRATEA. Éste había iniciado negociaciones con el ex rey de España Carlos IV —a la sazón exilado en Roma— para crear en el Río de la Plata, un reino constitucional que sería gobernado por el Infante Francisco de Paula, hijo menor del citado monarca, plan que contaba con el apoyo de Napoleón en favor de Carlos IV. Sería intermediario en estas conversaciones el conde de CABARRÚS, aventurero francés con quien SARRATEA había trabado amistad en Londres (2).

De buena fe, RIVADAVIA  y BELGRANO aceptaron el plan, pues dadas las circunstancias porque las que atravesaba Europa, era prácticamente imposible pretender que los países de ese continente reconocieran la independencia del Río de la Plata, bajo el sistema republicano. Sólo sería bien aceptada una monarquía independiente basada en el principio de la legitimidad. A fines de julio, CABARRÚS salió de Londres con instrucciones y documentos, entre los que se encontraba un proyecto de Constitución —redactado por BELGRANO— para aplicarlo en el futuro al imaginado “Reino Unido de la Plata, Perú y Chile”. Cuando llegó a Italia ya se había producido la caída definitiva de Napoleón en Waterloo, lo que motivó el fracaso del plan. Carlos IV se negó a continuar las negociaciones, pues “su conciencia le mandaba no hacer nada que no fuera favorable al rey de España”. Enterado de esto SARRATEA, propuso en última instancia raptar al Infante y trasladarlo secretamente hasta el Río de la Plata, pero RIVADAVIA  y BELGRANO  se opusieron terminantemente. Así concluyó este proyecto por establecer una monarquía en América. BELGRANO, dando por terminada su participación en las misiones diplomáticas que se les había confiado, regresó a Buenos Aires en noviembre de 1815, y RIVADAVIA  se quedó en Europa para intentar una negociación ante la Corte española.

Gestiones de Rivadavia en Madrid . A poco de alejarse BELGRANO, RIVADAVIA  dejó Inglaterra y marchó hacia París, ciudad a la que arribó a fines de noviembre de 1815. Debido a los cambios políticos ocurridos en Buenos Aires —Posadas ya había renunciado— sus poderes como comisionado no tenían respaldo legal, situación que provocó un distanciamiento con SARRATEA, quien insistía en que su gestión diplomática, aún tenía validez. . En París, RIVADAVIA  se entrevistó con MANUEL GANDASEGUI, Director de la Compañía de Filipinas, quien —por encargo del gobierno español— le facilitó un documento con el cual podía dirigirse a Madrid sin temer por la seguridad de su persona. El 21 de mayo de 1816, RIVADAVIA logró entrevistarse con PEDRO DE CAVALLOS,  Mnistro de Estado del gobierno español (3) y aunque la conversación se desarrolló en términos cordiales, CEVALLOS le pidió a RIVADAVIA que presentara por escrito sus peticiones. Así lo hizo RIVADAVIA el día 28, y a partir de ese momento su situación se tornó comprometida. Corsarios procedentes de Buenos Aires habían apresado embarcaciones españolas cerca de Cádiz y, además, naves también argentinas —a las órdenes de GUILLERMO BROWN— bloquearon el puerto del Callao, en el Pacífico, visto lo cual, el 21 de junio, el ministro CEVALLOS resolvió dar por terminadas las negociaciones, argumentando sus dudas con respecto a los poderes que exhibía el comisionado y su carencia de instrucciones precisas. Le ordenó que se retirara de España “porque el decoro del Rey no permite que por más tiempo se prolongue la permanencia de usted en la península”. Rivadavia partió nuevamente rumbo hacia París el 15 de julio. Al mes siguiente recibió un despacho del gobierno de Buenos Aires —a cuyo frente se encontraba Pueyrredón—, por el cual era nombrado Diputado de las Provincias Unidas ante las cortes europeas.

(1). Pasado el tiempo hubo pruebas suficientes para concluír que el verdadero objetivo de estas misiones diplomáticas era proponer al monarca español el establecimiento de una monarquía, representada por un príncipe de la familia reinante, para que gobernase el Río de la Plata “bajo las formas constitucionales que estableciesen las provincias” . Este sometimiento se aceptaba a cambio de una total autonomía en materia administrativa, pero los cargos quedarían “en manos de los americanos”. La adopción de una” monarquía constitucional” solo sería una “concesión transitoria para obtener una paz ventajosa o ganar tiempo, en caso de que todo el procedimiento de arreglo fracasara (ver “Historia de las Instituciones, Políticas y Sociales Argentinas desde 1810”, José C. Ibáñez, Ed. Troquel 1962)

(2). CABARRÚS era hijo de un importante personaje que había tenido figuración en el transcurso del reinado de Carlos III de España. Sin embargo, el intermediario propuesto por SARRATEA, muy inferior en condiciones a su padre, era, en realidad, sólo un intrigante.

(3) Basado en que los poderes de RIVADAVIA eran nulos, SARRATEA se anticipó y le comunicó por carta al ministro CEVALLOS que él era el único y legítimo representante del gobierno de Buenos Aires. La Corte convino entonces una negociación y SARRATEA comisionó al ya nombrado CABARRÚS, quien el 9 de marzo de 1816, entregó a la corona española, una nota solicitando la creación de una monarquía constitucional en el Río de la Plata, con un soberano perteneciente a la familia reinante. Las negociaciones fracasaron porque, a juicio del monarca, el proyecto podía alterar la tranquilidad de las demás posesiones españolas en América.Comisionados

4 Comentarios

  1. Anónimo

    tantooo van a poner de informacion sea resumidos que se piensan que uno va acopiar todo eso para eso busco de un libr que tiene mucho menos

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    1. Anónimo

      mall

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  2. José

    Hola es urgente… ¿que objetivos tenían las misiones enviadas a Europa?

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    1. Horacio

      Posiblemente usted no ha leído todo el texto en el que nos referimos a las misiones diplomáticas enviadas al exterior. Si lo hace, encontrará que a partir del páárrafo “…. se pensó que … , decimos qué era lo que se pretendía al enviar esta misiones. Un saludo cordial.

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