Marchado

Los caminos de las regiones serranas y montañosas, obligan  a los jinetes  a regular muy cuidadosamente el paso de sus cabalgaduras, ya que el trote o el galope, andares muy comunes en las llanuras, son allí muy ocasionales, debido a las características del suelo, generalmente de piedra y a la presencia de barrancos y cuevas, que hacen muy difícil y peligroso transitarlos. Es por eso que a los caballos y mulas destinados a ser “de andar”,  se les enseña un tipo de marcha  especial,  que es conocido como “marchado”. En el “marchero”, nombre que se le da al animal así enseñado, las manos se mueven con el braceo  y ritmo propios del galope, mientras que las patas, lo hacen con el del trote. Esta aparente disparidad locomotiva, entre los remos delanteros y los traseros, determina un andar suave, rápido y descansado, brindando seguridad para el jinete, como para la misma cabalgadura. Todos los aires de marcha: el tranco, el trote y el galope son cansadores y sólo el “marchado” no deshace el cuerpo, ni produce dolores en la espalda o la cintura, permitiéndole dormir cómodamente al jinete, mientras viaja sobre el lomo de un animal así adiestrado”, dice LUCIO V. MANSILLA en su obra “Una excursión a los indios ranqueles”. Conviene aclarar que el “marchado” nada tiene que ver con sobrepaso característico de los caballos “pasucos”, típicos de la campaña peruana.

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