MANUMISIÓN DE ESCLAVOS (15/10/1806)

La manumisión o libertad, no sólo la obtenían por las medidas adoptadas por el Gobierno; muchos la debieron a la generosidad de sus amos, que la concedieron en vida o dejándolos libres, al tiempo de morir. Infinidad de esclavos “se libertaban”  por sus propios esfuerzos y sus amos les proporcionaban los medios para hacerlo. Por ejemplo, unos salían a trabajar a jornal que entregaban a sus amos y éstos les adjudicaban una parte, con la cual, más o menos pronto, alcanzaban la suma requerida para obtener su libertad. Otros tenían ciertas horas del día libres y casi toda la noche para dedicarse a trabajos en casa: lo más general era la construcción de escobas hechas de maíz de Guinea (otro ramo, hoy exclusivamente, en manos de los extranjeros) más toscamente fabricadas que las que se hacen en el día, siendo los cabos de rama de durazno, no muy bien pulidos y de tripas de cuero y de junco. Salían a vender estos artículos en días señalados, o se les encomendaban a otros ya libres y que se dedicaban a esos negocios. Entre los artículos de construcción, se contaba con  el secador, construido con arcos de madera de tipa o de varas de membrillo o durazno, semejante al miriñaque con que las señoras dieron en abultarse hace no muchos años. Estos secadores, como su nombre lo revela, servían para secar las ropas, especialmente de las criaturas, colocadas sobre un brasero.

En Buenos Aires, un numeroso grupo de esclavos fue liberado de su humillante condición, como premio a su participación en la defensa de la ciudad, durante las invasiones inglesas y así lo informa el “Semanario de agricultura, industria y comercio” que volvía a editarse, luego de las invasiones inglesas: “Un festejo de emocionantes características tuvo lugar el 15 de octubre de 1806 en la Plaza Mayor, con motivo de la liberación de los negros esclavos que lucharon junto a sus amos en la expulsión del invasor. Se trata de un nutrido grupo de los que participaron en los cuerpos de pardos y morenos, cuyo heroísmo y conducta ejemplar motivó la justa decisión del Cabildo de ponerlos en libertad. Aunque todos conocemos la actual exigüidad de sus fondos, él mismo tomó la iniciativa de manumitir, por sorteo, a 25 de los que participaron en los combates y a 5 más a elección. En la Plaza, circundada  por la Recova v el Fuerte v al pie de los balcones del Cabildo, se levantó un tablado para el desarrollo del acto, que contó con la presencia de altas autoridades, compañías y pueblo. El anuncio fue recibido con júbilo por la multitud y con emocionada alegría por los agraciados. Como 25 parecía poco, el ejemplo del Cabildo cundió entre los cuerpos voluntarios, quienes ofrecieron la manumisión de otros 12. En nombre de Su Majestad, Don Santiago de Liniers,  le concedió la libertad a otros 25 negros y su noble  proceder, se puso de manifiesto al manumitir a otro esclavo más de su propio bolsillo”.

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