MANUEL BELGRANO, DE BRILLANTE ABOGADO A BRILLANTE GENERAL

Con MANUEL BELGRANO se da el caso, seguramente muy pocas veces repetido, que alguien sin absolutamente ninguna preparación previa y más aún, sin la vocación necesaria, haya pasado de erudito abogado y hombre de letras a ser distinguido con el grado de General y Comandante en Jefe de un Ejército en Campaña.

En 1789 BELGRANO se graduó de Bachiller en leyes en la Universidad de Valladolid, donde se recibió de abogado en 1793. Se incorporó luego a la Academia de Santa Bárbara como Profesor, pero  como los idiomas, la economía política y el derecho público le atraían entonces, mucho más que el ejercicio de su profesión, lee a Jovellanos, Campomanes, Quesnay, Montesquieu, Rousseau y Filangieri. Y fue su inclinación por la Economía Política, la que lo llevó a escribir un Tratado que llamó “Principios de la Ciencia Económico-Política”, que fue publicado en Madrid y luego otras obras exhaltando los valores de la Fisiocracia. En 1794 fue nombrado Secretario del Consulado de Comercio de Buenos Aires y desde ese cargo promovió la creación de las escuelas de Náutica y de Dibujo y pone en marcha variados proyectos que propone para el desarrollo de la agricultura, la introducción de nuevos cultivos industriales (el lino y el cáñamo, etcétera), el fomento del comercio, la introducción de nuevas industrias, la construcción de nuevos caminos y el mejoramiento de los antiguos, el mejoramiento de las condiciones para la navegación y la adopción de un vasto plan de educación pública que incluye la instrucción de las mujeres y escuelas gratuitas para todos y el establecimiento de nuevas escuelas.

Pero en 1806 la invasión de los ingleses, lo lleva a ofrecerse como voluntario en las milicias y como tal,  actuó durante la resistencia, la reconquista y el rechazo de la segunda invasión. Y esta fue toda su experiencia castrense, hasta que el 4 de mayo de 1810, la patria lo llama. Se lo inviste con el grado de Coronel y se lo pone al mando de una expedición que debía dirigirse al Paraguay con el objeto de incorporar a esa provincia a los fines de la Revolución que acababa de triunfar en Buenos Aires. Y así, el brillante abogado y hombre de letras, un absoluto y total civil, se  hizo soldado ante la Patria en peligro y su historia y aptitudes,  pronto lo conviertirán en General.

Jean Adam Graaner (1782- 1819),  oficial sueco agente de su país en la Argentina, hizo dos viajes a nuestro país en 1816 y 1819. Presenció el Congreso de Tucumán y conoció a MANUEL BELGRANO. En uno de los informes que le enviara a su gobierno dijo:

«El general Belgrano,  hijo de italiano, doctor en leyes, ex secretario de la Tesorería de Buenos Aires, hombre de talento y energía, muy adicto al nuevo sistema americano, fue designado comandante en jefe del Ejército y se desempeño bien en esa tarea. Mantuvo una disciplina hasta entonces desconocida y venció en las batallas de Tucumán y Salta al general español Tristan. Entró nuevamente en el Perú y en una falta atribuida a su inexperiencia y credulidad, fue derrotado en Vilcapugio. Cuando reemplazó a Rondeau en el mando de estas tropas, se encontró con que cada oficial mantenía una o vanas mujeres en el campamento y que el equipaje de un oficial subalterno ocupaba a menudo 30 ó 36 muías. Él cambio todo eso. Gran cantidad de oficiales fueron dados de baja, las mujeres y las muías de equipajes han desaparecido de a escena y las comedias, los barriles de alcohol y los juegos de azar han sido desterrados»

El general JOSÉ DE SAN MARTÍN. por otra parte, en carta dirigida el 12 de marzo de 1816 al Congreso de Tucumán, expresa: «En el caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau yo me decido por Belgrano. Éste es el mas metódico de todos los que conozco en nuestra América. Lleno de integridad y talento natural, no tendrá  los conocimientos de un Moreau o un Bonaparte en cuanto a milicia, .pero créame  usted,  que es lo mejor que tenemos en la América del Sur»

Agreguemos también, que el entonces coronel TOMAS DE IRIARTE conoció a BELGRANO en Tucumán a principios de 1818 y escribió en sus famosas “Memorias”: “El general Belgrano era un nombre muy ilustrado. Sus conocimientos militares no eran extensos, pero estaba adornado de virtudes cívicas en grado eminente. Su desprendimiento era ejemplar, la probidad personificada . Abrazó con calor a carrera de las  armas y sus costumbres cambiaron rotundamente, haciendo una repentina transición de la molicie a la austeridad de un soldado”,»

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