LOS VINOS DE CUYO (1816)

LOS VINOS DE CUYO. La principal actividad económica de la región cuyana, fue sin duda la elaboración de vinos y aguardientes. Los hombres de PIZARRO introdujeron en el Perú vides y olivos y en sucesivas expediciones colonizadoras llevaron estas plantas y otras muchas hasta Cuyo, donde se aclimataron y dieron vida a una industria vigorosa. Í Ya a fines del siglo XVI un misionero que estuvo en Mendoza dijo: “se dan todas las frutas españolas, ár­boles y viñas, y sacan muy buen vino que llevan a Tu- cumán o de allá se lo vienen a comprar”. Era frecuente oír, en los extranjeros que visitaban la zona, palabras de admiración ante la abundancia y calidad de las uvas. Uno manifestó: “Algunas de las viñas contienen 60.000 cepas. Las uvas son grandes y de color negro, parecidas a la variedad de “Hambro”, más que a ninguna otra, de un intenso sabor; su cultivo se hace principalmente en Treillage”. Si llegan a Mendoza en otoño, los viajeros pueden contemplar la recolección de la fruta, jugosa y madura, así como su transformación en ricos vinos. Estos tienen su mejor mercado en Buenos Aires, sobre todo el procedente de Mendoza Algunos dicen que se les da un cierto sabor astringente —mediante la adición de tierra aluminosa— para satisfacer el gusto de los consumidores”. Un viajero británico señaló que: “Algunos de los vinos blancos, y unos pocos de los tintos, son excelentes. Con la debida atención prestada a la preparación, este lugar podría producir vinos tan buenos como los de cualquier parte del mundo y con mucha más economía, que en ninguno de los países viníferos de Europa”. El procedimiento empleado en su fabricación consistía en mezclar una porción de “licor” (o vino obtenido sin mediar procedimientos químicos) y otra de “cocido” (que se preparaba obteniendo el mosto o “caldo” de la uva, calentándola: de ahí su nombre). Las bodegas eran de una sola planta y a nivel del suelo, aunque ahora, los expertos aconsejan la construcción de depósitos subterráneos. Para el envase se empleaban pellejos o tinajas forradas de totoras”. Las tinajas eran de barro cocido y de varios tamaños. Los pellejos de cuero, eran impermeabilizados con brea y sebo, aunque luego, ya más avanzado el siglo XIX, a veces también se empleaban pipas y barriles de madera. Es indudable que la calidad del vino siempre era muy superior en su lugar de origen; los que llegaban a Buenos Aires a veces estaban algo descompuestos por el largo recorrido a lomo de mula. Por ello, se trataba de mantener el color, sabor, etc., mediante procedimientos artificiales: lo que vulgarmente se conocía como “echarle tintilla”, producto de difícil obtención ya que también procedía de Cuyo. Lamentablemente esta industria ha sido siempre sensible a la competencia europea. Con el Reglamento de Libre Comercio, el nivel de producción disminuyó en forma notable, salvo en los períodos de aislamiento ocasionados por conflictos bélicos. Las medidas económicas adoptadas en algunas oportunidades por los gobiernos permitían la penetración masiva de licores extranjeros que ahogaron progresivamente la elaboración nativa. La protesta de productores y comerciantes se hacía cada vez más perentoria ante la gravedad de la situación, pero muy raras veces era escuchada. Pero no solo el vino era fuente de recursos de la región cuyana. Los productos cuyanos eran conocidos y apreciados, no sólo en esas provincias, sino también en Buenos Aires y en Chile, país éste con el que se mantenía un activo comercio. Vinos aguardientes, “caldos”, pasas de uva, pasas de higo, trigos, harinas y jabón son otros productos que tenían fácil salida y eran recursos sólidos para l región. La inclusión de la provincia de San Luís en ella (de menor capacidad agrícola, pero con interesantes riquezas mineras y una mayor desarrollo de la industria textil), permitió una complementación que favorecíó la integración del sistema regional cuyano, dando lugar a una especie de unidad económica, que luego, a través del tiempo se vió afianzada como tal-

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