LOS REALISTAS NATIVOS DE JUJUY Y SALTA (1813)

LOS REALISTAS NATIVOS DE JUJUY Y SALTA. Cuando se produjo la Revolución de Mayo muchos habitantes del norte argentino quedaron fieles a la causa del rey y lucharon contra los patriotas. Habían nacido bajo las banderas realistas y consideraban una traición pasarse al bando patriota. LIBERATA COSTAS DE GASTEABURU (1778-1868) fue una destacada realista del norte argentino. Dueña de extensos latifundios y bienes raíces, puso toda su fortuna al servicio de la causa del rey. En 1813, alojó en su casa de Salta al general PÍO TRISTÁN, pero ello no le impidió que, después de la batalla de Salta, agasajara en esa misma casa al general BELGRANO en mérito a la amistad que ligaba a éste con el general Tristán. Durante el gobierno de Güemes, esta dama sufrió grandes exacciones en su patrimonio en forma de impuestos y contribuciones forzosas. GÜEMES la sometió a consejo de guerra y la remitió presa al Manantial de las Costas, pero en 1817, fue liberada por las tropas de LA SERNA. Otro caso es el de JOSEFA “PEPA” MARQUIEGUI (1797-1835). Esta bella jujeña, en 1810 se casó con el jefe realista PEDRO ANTONIO DE OLAÑETA (1777-1825), de quien era prima. Esta dama, que mantuvo un sonado romance con el coronel patriota MARIANO NECOCHEA, era muy realista y como tal, hizo política e intrigaba a favor de su causa en Jujuy y Salta. En 1816 cayó prisionera de los patriotas pero fue canjeada en Yavi por dos oficiales de Buenos Aires que eran prisioneros de Olañeta. Su hermano, GUILLERMO MARQUIEGUI, nacido en Jujuy en 1777, perdió ambos brazos en Sipe-Sipe y en el combate de León (24 de abril de 1821), como jefe de la vanguardia realista. Cuando el éxodo jujeño de 1812, muchas de estas familias realistas desobedecieron la orden del general BELGRANO de salir de la ciudad y se escondieron esperando la llegada de los realistas de Píotristán. De Pepa Marquiegui dijo un contemporáneo: “Es una de las mujeres más hermosas de su siglo. Alta y esbelta, de gran distinción, gracia y delicadeza. De nariz perfecta, rubia de cabellos y ojos grandes y azules como el cielo. Pero esta señora no podía estar muy conforme con la extraña figura de su marido, el general Olañeta, que era un mico viejo, sucio y asqueroso”. (General Iriarte, Memorias).

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