LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN LA ARGENTINA HASTA 1930

Unitarios y Federales. En los primeros años de la vida independiente en el territorios que hoy es la República Argentina, comenzaron a gestarse dos grandes partidos políticos antagónicos, que más tarde serían denominados “unitarios” y “federales” y con ellos nace una de las tantas dicotomías de la Historia Argentina. Uno de los más fervientes “federales” fue JUAN MANUEL DE ROSAS, caudillo indiscutido de Buenos Aires que durante 35 años luchó, contra los intentos de autonomía y soberanía las provincias, arrastrando en su lucha por imponer la hegemonía porteña a numerosas víctimas y postergando desde 1835 hasta 1852, la consolidación del país que había nacido en 1810.

“Morenistas”, “directoriales”, “unitarios” y “antirosistas” fueron los distintos nombres que recibieron a través de los años, aquellos que deseaban organizar el país, bajo un sistema liberal y centralizado. Cultos e ilustrados y partidarios de una forma de gobierno “consolidada en la unidad de régimen”, los unitarios pretendían imponer en nuestro medio, instituciones europeas que juzgaba adecuadas. Fue un corriente revolucionaria, innovadora y progresista, cuyos dirigentes sostenían la necesidad de civilizar el país, por medio de una adecuada legislación y un privilegiado sistema educativo. Desde Buenos Aires, la ciudad predominante, poseedora del único puerto habilitado para el comercio exterior, los unitarios bregaron por reformar la estructura política y social del país.

Los “federales” en cambio, también identificados como “rosistas”, seguían una tendencia conservadora y tradicional, de raigambre hispano-católica, eminentemente práctica, adaptada al medio y exigida por las circunstancias. Partidarios de la descentralización del poder y de las autonomías provinciales, contaron con un gran apoyo popular, por cuanto prefirieron lo “americano” a lo “europeo” y representaron una forma primitiva de democracia, porque sus gobiernos, surgieron (casi siempre), de plebiscitos y de apoyos mayoritarios. Ambas tendencias políticas opositoras, no tardarán mucho en desatar una sangrienta guerra civil que recién concluyó con la victoria de Urquiza sobre Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. Sin embargo, el problema entre Buenos Aires y el interior (representado por lo que fue la “Confederación Argentina), recién se solucionó en 1880, cuando el Congreso Nacional, declaró a Buenos Aires, capital de la República.

Derrocado el régimen de Rosas en 1852, la organización nacional no fue tarea fácil. Urquiza, su vencedor y líder de los “unitarios”, que lucharan enconadamente contra Rosas, continuó bajo la ideología  de éste, es decir, la “federal”, provocando así, la hostilidad de los porteños, quienes plantearon sus problemas con Urquiza y la Confederación Argentina y bajo las directivas de VALENTÍN ALSINA, defendieron la preponderancia de los intereses de Buenos Aires, sobre los del resto del país y trataron de conciliar a Buenos Aires con la Confederación. Pero el problema de la capital de la República seguía sin resolverse. La “Ley de Compromiso”,  marcó un acuerdo provisorio entre la provincia de Buenos Aires y el resto, aceptándose por ambas partes, que en la ciudad de Buenos Aires, siguiesen residiendo las autoridades nacionales. Por oposición a los “nacionalistas”  de Bartolomé Mitre, aparecieron los “autonomistas”, liderados por Adolfo Alsina, quienes postulaban la preservación de la integridad territorial del estado bonaerense, incluída la gran ciudad-puerto. El autonomismo pronto contó entre sus adherentes,  a Leandro Alem y poco después a su sobrino Hipólito Yrigoyen. En realidad, en Buenos Aires, pronto se agrupó el resto de los federales supervivientes del rosismo y esto les facilitó establecer lazos con las provincias y sus fuerzas políticas locales.

El Acuerdo de San Nicolás (31 de mayo de 1852) y su rechazo por parte de Buenos Aires, volvió a dividir la opinión del público. Esta vez en “Federalistas” y “Liberales”, estos últimos, de tendencia porteña y separatista y que contaban entre sus filas a BARTOLOMÉ MITRE, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, HÉCTOR VARELA y otros de semejante fuste. Eran  tiempos de duras luchas partidarias y consecuentes militancias y favoritismos y a picaresca popular dejó para el recuerdo, los curiosos nombres con los que se identificaba cada una de estas facciones. A los federalistas se los llamaba “chupandinos” y a los liberales se los conoció como los “pandilleros”, mientras que más tarde, los seguidores de Mitre  eran los “cocidos” y sus opositores, los autonomistas de Alsina, eran los “crudos”.

En el transcurso de la presidencia de Bartolomé Mitre, surgió el partido “Nacionalista”, encabezado por éste y que sostenían la necesidad de federalizar a Buenos Aires, pero pronto aparecieron los opositores, que fueron llamado “Autonomistas” y  que encabezados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia con ese mismo nombre, pero no del país. De esta manera, en 1868, se decidió la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento y en 1874, cuando se propició en toda la Nación, la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político llamado “Partido Nacional”, que tuvo mucho éxito y triunfó en la mayoría de las provincias, logrando por eso, llevarlo al poder. Una vez que éste asumió el cargo, de acuerdo con la política conciliadora que había sido contemplada en su campaña proselitista, pudo lograr la “conciliación” entre los dos políticos porteños. El partido “Nacional” de Bartolomé Mitre, se unión con el “Autonomista” de Adolfo Alsina y así surgió el “Partido Autonomista Nacional” (PAN), posteriormente denominado partido “Conservador”. Pero una fracción de los autonomistas, lo más destacado de la juventud autonomista encabezados por Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, Roque Sáenz peña e Ypólito Yrigoyen entre otros, se opuso a esta de unión. Se pronunciaron en contra de la misma y formaron el “Partido Republicano”, pero los unionistas se hicieron fuertes y llevaron al poder a Julio Argentino Roca y después a Juárez Celman. Durante el mandato de éste último, los graves problemas políticos y económicos que finalmente provocaron su renuncia el 6 de agosto de 1890,  fueron propicios para que el 1º de setiembre de 1889, surgiera un nuevo partido: la “Unión Cívica de la Juventud”, que más tarde, pasó a llamarse “Unión Cívica(ver “Unión Cívica de la Juventud” en Crónicas). Finalmente, el Partido Republicano tuvo una existencia muy breve, porque, una vez que falleció Alsina,  los “republicanos” volvieron a sus orígenes “autonomistas” y más tarde fracasaron en el intento de extender su influencia hacia todo el país.

En 1891, durante la presidencia de Carlos Pellegrini, la Unión Cívica (ex “Unión Cívica de la Juventud”), se dividió debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Bartolomé Mitre. Los que lo aprobaron, formaron la “Unión Cívica Nacional” (seguidores de Roca, Pellegrini y Mitre entre otros) y los disidentes, que no aceptaron el acuerdo y por ende, la candidatura de Mitre, dieron origen a un nuevo partido que se llamó “Unión Cívica Radical” bajo la dirección de Leandro N. Alem y que desde sus inicios, se caracterizó por una actitud absolutamente revolucionaria, contraria al fraude electoral y al continuismo político.

Partido Conservador. En la historia argentina, existieron varios partidos con ese nombre, pero ninguno logró obtener una representación nacional que se prolongara en el tiempo y luego de ser sancionada la “Ley Sáenz Peña” (voto secreto, universal y obligatorio), sufrió un duro revés del que no pudo reponerse. El movimiento político genéricamente denominado “conservador”, nunca constituyó un auténtico partido nacional; fue siempre una conjunción de fuerzas locales afines a esta ideología: Entre ellos se pueden  mencionar al  Partido Autonomista Nacional (PAN),  partido político conservador en lo político y liberal en lo económico, que tuvo preeminencia durante el período 1880-1916 y que, luego del triunfo de Yrigoyen (1916), entro en un proceso de virtual disgregación a nivel nacional, aunque logró mantener su prestigio en varias provincias. Partido Concentración Nacional, o Concentración Nacional de Fuerzas Opositoras, fue una alianza de partidos conservadores formada para las elecciones presidenciales de 1922 y que, en 1931, luego de la revolución de Uriburu en 1930, volvió a ocupar el gobierno del país con el nombre de Partido Demócrata Nacional  (PDN) y produjo las presidencias de Justo, Ortíz y Castillo, pero ello debe atribuirse más bien a acuerdos electorales, antes que a un auténtico apoyo popular. Quienes admitieron tal acercamiento constituyeron el Partido Conservador Popular, acaudillados por Vicente Solano Lima y quienes categóricamente rechazaban todo acuerdo, formaron la Federación de Partidos del Centro.

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