LOS MENSAJERITOS (1908)

A principio del siglo XX eran varias las mensajería porteñas que se dedicaban a llevar y traer mensajes, sobres  y paquetes a domicilio. La mayoría de ellas estaban ubicadas en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires y casi todas, contaban para realizar este servicio, con chiquilines de no más de 15 años. Todas tenían un nombre que pretendía representar su eficiencia: se llamaban “El rayo”, “El rápido”, “La rapidez” y los pequeños mensajeros se afanaban por demostrar su veracidad. Iban en bicicleta y la mayoría de las veces a pie. Corrían y hacían gambetas por entre peatones, carros y automóviles, presurosos siempre para llevar sus recados, sabiendo que quedaba en sus manos (mejor dicho, en sus pies), que el nombre de su agencia, estuviera acorde con su servicio

Las fiestas de fin de año, el día de los inocentes (28 de diciembre de cada año), cumpleaños, aniversarios y fechas especiales (que quien sabe cómo, los dueños de las Agencias supieron averiguar), las fechas patrias, eran todas rigurosamente registradas por los dueños de estas “mensajerías”, para estar atentos con su ejército de mensajeritos para ofrecer y prestar sus servicios.

La juventud, la simpatía, la eficiencia  y porque no, muchas veces su picardía, hacía de estos personajes el medio más eficaz, rápido y seguro para prestar un servicio, cuando no había muchos otros medios que lo pudieran reemplazar y tan fue así, que aunque parezca mentira, estos “simpáticos mensajeritos” protagonizaron la primera huelga infantil de la que se tenga memoria. Fue en 1908 y exigían mejores salarios y una reducción de las distancias que debían recorrer.

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