LOS JESUITAS (1585)

Los jesuitas y las misiones jesuíticas en América, no han mereció más que alabanzas  o vituperios. Laudatorias exégesis o diatribas no menos exageradas. Lo cual no deja de ser comprensible si se tienen en cuenta las condiciones y circunstancias en las que realizaron su obra, en completo aislamiento geográfico y administrativo. Este aislamiento les era necesario a los soldados de Loyola para poder existir y sobrevivir como organización autónoma y actuante en medio de las intrigas, rivalidades y turbulencias del régimen colonial que estaba comenzando a ser desbordado por la marca insurreccional de los “naturales” pero, sobre todo, por la creciente avidez de riquezas de los propios colo­nos. Desde la fundación del fuerte de Asunción, en 1537, hasta el estableci­miento de las encomiendas, en 1556, antes del apocalipsis demográfico, solo en la región dominada por el fuerte había más de doscientos mil indios, pero el número de colonos europeos no alcanzaba a cuatrocientas personas. Estos podían disponer a su guisa de la mano de obra más numerosa y barata (como que gratuita) de todo el orbe cristiano (“Tentación de la utopía” de Augusto Roa Bastos).

Los primeros miembros de la Compañía de Jesús, fundada en 1540 por Ignacio de Loyola, que ingresaron a estos territorios lo hicieron en las últimas décadas del siglo XVI, cuando en 1585 llegaron al Paraguay y simultáneamente al área del Tucumán  (procedentes del Perú) y en la región guaraní (en el Guayrá), procedentes del Brasil.  Venían como misioneros en busca de la conquista espiritual de los aborígenes, En 1607 se estableció la provincia jesuítica del Paraguay (que incluía los actúales territorios de Argentina, Uruguay, Paraguay y Río Grande do Sul), siendo DIEGO DE TORRES el primer provincial (su autoridad máxima), con sede en Paraguay.

En 1615 existían ya ciento veintidós sacerdotes jesuitas instalados en Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y Asunción y poco tiempo después en Buenos Aires y Mendoza. En los ciento cincuenta años y siguientes, hasta su expulsión en 1767, los jesuitas condujeron cuarenta “Misiones Jesuíticas” (en torno de muchas de las cuales, se establecieron poblaciones), participaron e influenciaron fuertemente en la educación primaria y casi excluyentemente en la educación secundaria y universitaria por medio de la Universidad de Córdoba, fundada por ellos en 1622, en momentos que su antecesor, el Colegio Máximo recibía las cartas reales pontificias, mediante las cuales se le confería autorización para otorgar títulos académicos. Explotaron la tierra, abriéndola a la colonización. Uno de ellos, ROQUE GOZÁLEZ DE LA SANTA CRUZ, abrió l navegación del Río Uruguay en la década de 1620. NICOLÁS MASCARDI exploró la Patagonia de océano a océano y hasta posiblemente haya penetrado en el Estrecho de Magallanes hacia 1660. GABRIEL PATIÑO, exploró el río Pilcomayo y los territorios adyacentes y realizó una excelente cartografía. Fueron los pioneros de la agricultura en estas tierras, estableciendo las primeras plantaciones de caña de azúcar en Tucumán, de algodón en el Chaco y de yerba mate en Misiones. En Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y la Banda Oriental introdujeron el pastoreo y contribuyeron además, a pacificar las tribus hostiles y colaboraron para contener la expansión portuguesa  desde la frontera nordeste.  Pero nada de lo hecho, pudo evitar que intereses económicos y geopolíticos, impulsaran su expulsión de América.

Mediante una Cédula Real del 27 de febrero de 1767 (1), el rey CARLOS III ordena la expulsión de los Jesuitas de la Compañía de Jesús de todos los territorios del dominio español en América (y también de España decía la ordenanza) y en el mayor secreto se la envía al Río de la Plata, para que desde aquí fuese difundido en sobres “cerrados y de urgencia” a todas las ciudades coloniales. En ella, se acusaba a los jesuitas de proteger a los indios en una rebelión contra la corona (Guerra guaranítica 1750-1756), de socavar la autoridad del soberano español y de intentar formar un reino indio independiente, argumentos que tuvo en cuenta Carlos III para decidir la expulsión de los miembros de la “Compañía de Jesús de todos sus dominios y la confiscación de todos sus bienes. .

Decidida la expulsión, CARLOS III nombró a FRANCISCO DE PAULA BUCARELLI para que asuma como Gobernador de Buenos Aires en reemplazo de PEDRO DE CEVALLOS por las dudas que éste le ofrecía para dar cumplimiento a esta orden, ya que era conocida la buena relación que éste tenía con la “Compañía de Jesús”. BUCARELLI, en cambio, enemigo declarado de los Jesuitas, no tuvo empacho en cumplir de inmediato con lo dispuesto por el rey de España y a los pocos días de recibida la orden, ya había iniciado las acciones pertinentes.

El gobernador BUCARELLI recibió la orden en los primeros días del mes de junio y dispuso sigilosamente la ejecución para el día 21 de junio. Pero antes, llegaron a Montevideo dos barcos procedentes de España y sus tripulantes contaron lo ocurrido allí cuando se enteraron de la expulsión de la Compañía de Jesús, diciendo que los jesuitas fueron ardorosamente defendidos por sus seguidores, “causando gran revuelo y desorden” en toda España. BUCARELLI, temiendo entonces que los habitantes de Buenos Aires adoptaran la misma actitud,  mediante un levantamiento popular contra su autoridad, decidió anticipar la detención antes de que las noticias llegaran a la gente y ordenó la detención inmediata de los jesuítas establecidos en la ciudad. Era la madrugada del 2 de julio de 1767, un día lluvioso y frío, Las tropas del gobernador  ocuparon por sorpresa las dos casas que la Compañía todavía tenía en Buenos Aires: el Colegio Grande y el Colegio de Belén. Detuvieron a 42 religiosos que encontraron en esos lugares y los encerraron, con fuerte custodia, en la Casa de Ejercicios. Enseguida, llevando a cabo una verdadera “caza de brujas”, fueron detenidos todos los sacerdotes de esa orden que vivían en la ciudad. Reunidos en el Fuerte los doscientos ochenta y nueve jesuitas que actuaban aquí, fueron llevados como delincuentes al puerto y desde allí embarcados con destinos a Cadiz, en España, desde donde luego serían enviados a Roma, Italia. Algunos vecinos intentaron evitar el destierro de los sacerdotes y sufrieron el mismo castigo que sus defendidos. Todos sus bienes y propiedades fueron incautadas  y su administración confiada a la autoridad civil y sus posesiones religiosas a las órdenes de los domínicos, franciscanos y al clero secular. En los días posteriores, la orden de expulsión se fue cumpliendo en todo el país y más de 2.000 jesuitas debieron aba donar las misiones, estancias, escuelas, fábricas, cultivos y demás emprendimientos que había puesto en marcha.

En setiembre de 1767, habiendo sido convocados por BUCARELLI, ciento veinte “caciques” y “corregidores” de las 33 misiones que en  esos momentos existían en el Río de la Plata,  fueron notificados personalmente por el Gobernador, quien, desde un balcón los arengó, diciéndoles “muy suelto de cuerpo”,  que “acababa de sacarlos de la esclavitud” y que “a partir de ahora serán hombres libres”.

En junio de 1768,  BUCARELLI se trasladó al Paraguay para terminar con el operativo y en total, fueron expulsados 345 Jesuitas, entre ellos, los padres PERAMÁS, FALKNER, CARDIEL y otros de igual renombre, quedando  así abandonada una obra de 150 años y multitud de aborígenes que huyeron hacia la selva, vueltos a un estado de incivilidad, que ahora, por haber conocido otra forma de vida, les fue muy difícil superar, por lo que cayeron en una triste situación. . La confiscada obra de los jesuitas  pasó a manos del tesoro real y así comenzó el derrumbe de una estructura productiva y educativa descomunal. Las prósperas misiones, densamente pobladas, rápidamente quedaron deshabitadas y mientras la maleza iba cubriendo inexorablemente esas estructuras que habían albergado vida y laboriosidad, los aborígenes se dispersaron tratando de no olvidar lo aprendido.

Culminaba de esta forma, un largo proceso que enfrentó a la corona española con los jesuítas, sospechados, como ya hemos dicho, de ser una amenaza para el poder real  y de intentar crear en América un reino indio independiente. Se les acusaba —como pretexto especialmente aportado por los encomenderos— de haber sido la causa de la resistencia de los indígenas a la autoridad del soberano español (guerra guaranítica).

Lo cierto es que, tanto en las misiones como en las ciudades, la congregación de los jesuitas, tenía a su cargo casi toda la actividad educativa y científica del nuevo mundo. En sus “misiones” y establecimientos educacionales, se habían logrado extraordinarios resultados alfabetizando a los indígenas, atendiendo a su salud, capacitándolos para el trabajo e inculcándoles principios cristianos, estimulando sus valores personales. El nivel de  calidad, cantidad y variedad de los productos que salían de sus granjas y fábricas artesanales, ponía en serio peligro los intereses, primero de la corona, cuyos negocios de ultramar estaba siendo muy afectados y en segundo lugar, el de los nombrados encomenderos, cuyo sistema de explotación de los indígenas se veía peligrosamente perjudicado, con la merma de mano de obra disponible y por la competencia de las misiones que les hacía perder muchos mercados.

Las reducciones más afectadas fueron las Misiones y la Universidad de Córdoba. En el Plata se designó una Junta de Temporalidades para la administración de los bienes que quedaban. En Córdoba y Tucumán las órdenes reales se cumplieron con igual rudeza. Fingiendo temer que los directores de las Misiones se resistieran, Bucarelli marchó en persona al frente de un ejército para prenderlos. Anoticiados los expulsados se presentaron ellos mismos al ejecutor de las órdenes reales, y salieron del país en medio de la consternación de los indígenas que “lloraban a sus padres”. Cuando el pontífice CLEMENTE XIV suprimió la Compañía de Jesús en 1773, ya no quedaban jesuitas en nuestro territorio

Las misiones desaparecieron entonces, totalmente,  en  solo  dos años.  Lo que aún no ha podido ser determinado con certeza, fueron las razones que impulsaron a Carlos III a tomar esta medida. Sólo dos hipótesis han perdurado de las muchas que se tejieron alrededor de esta determinación: una, la ya expuesta referida a las sospechas de que anidaban un germen de rebeldía hacia la autoridad del Rey de España. La otra, la que subsiste hoy con mayores fundamentos, le atribuye a la necesidad de frustrar de raíz esta nueva forma de gobierno y de administración de los bienes y los intereses del pueblo, que los jesuitas estaban instalando con verdadero éxito en estas nuevas tierras

Las Misiones jesuíticas
Así se llamaba a las cuarenta poblaciones  de guaraníes  que se hallaban bajo control de los jesuitas entre 1610 y 1767 (treinta en las riberas de los ríos Paraná y Uruguay, siete en el área del Río de la Plata y tres ubicadas en  el Tucumán)  las que se agregaron luego la misión de San Ignacio Guazú fundada por MARCELO LORENZANA y otras que luego de las incursiones de los “bandeirantes”, se vieron obligadas a trasladarse hacia el sur y el oeste por razones de seguridad.

Las “misiones” o “reducciones” eran poblados indígenas gobernados por los religiosos donde sus moradores estaban libres de la “encomienda” o trabajo obligatorio al que eran obligados a realizar para los conquistadores, casi a nivel de esclavos. Durante el siglo y medio que duró su existencia, las “misiones” llegaron a concentrar 100.000 indígenas, especialmente “guaraníes”, que fueron reunidos dentro de estas bien planeadas poblaciones. Tenían como todo pueblo, una plaza central rodeada por la iglesia, el cementerio, la escuela, los talleres y más alejadas, las casas de los pobladores. Existía un sistema de trabajo y producción comunitario, pero cada morador poseía además su propia parcela. En las “misiones” se desarrolló la arquitectura, la pintura, la escultura y la música a un nivel desconocido en otras partes de la colonia. En las imprentas jesuíticas se hicieron los libros mejor editados de América, muchos publicados en lengua guaraní. Los gobernantes civiles y los “encomenderos”, que veían afectados sus intereses, comenzaron a mirar con envidia, rencor y avaricia a esos pueblos donde los indígenas eran considerados como seres humanos y no como bestias para su explotación.

La “Misiones” probaron ser un avanzado experimento en la convivencia comunitaria religiosa, así como en el intercambio cultural y social, lo que resultó en más de un siglo de paz y prosperidad sin precedentes. Sus vidas, así como sus viviendas, se concentraban alrededor de la Iglesia, , bajo el control del gobierno real. El área e las “misiones”, en 1617, se dividió en la parte norte que dependía de Asunción y la parte  y la parte del Río de la Plata, que correspondía a Buenos Aires. Cada población estaba organizada según el modelo español de una sociedad paternalista. Contaba con un Cabildo indiano y funcionarios municipales, elegidos  por los habitantes de la “misión”, aunque de hecho, el poder de decisión se concentraba en dos sacerdotes jesuitas: uno a cargo de los aspectos religiosos  y el otro e los asuntos vinculados con la administración, la política y la economía.

Los jesuitas resultaron ser excelentes administradores; el orden era debidamente mantenido; en las escuelas se enseñaba a los niños a leer y a escribir, preparándolos para que pudieran seguir sus diversas vocaciones, tales como la alfarería, la agricultura, las artesanías, la música y hasta la tipografía, ya que en las “misiones”, se habían instalado rústicas imprentas para cubrir sus requerimientos (y eso fue antes de que Buenos Aires y Córdoba las tuvieran). Todas las propiedades, a excepción de las personales, eran comunes a todos.. Se cultivaba yerba mate y algodón y se criaba ganado para cubrir las necesidades propias y para vender los excedentes, con cuyo producido se sufragaban los gastos de la “misión”. Muchos aborígenes de las “misiones” participaban de las excursiones de exploración que realizaban los españoles y no pocas veces los acompañaron en combates y tareas riesgosas.

Y como estimamos que nada es mejor, que la palabra de un actor de esa época, para comprender la realidad de “las misiones jesuíticas” y su influencia  en el desarrollo y la economía de la comunidad aborigen, transcribimos a continuación, en formal textual,  fragmentos de un relato del padre jesuita JOSÉ CARDIEL, un sacerdote fundador de pueblos y templos, que durante doce años compartió su vida con los misioneros y los aborígenes:

El régimen comunitario en las misiones jesuíticas.
“.. .Ni basta el hacerle coger al indio toda su cosecha. Lo que más cogerá un indio ordinario es tres o cuatro fanegas de maíz. Bien pudiera coger veinte si quisiera. Si ésto lo tiene en su casa, desperdicia mucho y lo gasta luego, ya comiendo sin regla, va dándolo de balde, ya vendiéndolo por una bagatela, lo que vale diez por lo que vale uno. Por esto se le obliga a traerlo a los graneros comunes, cada saco con su nombre: y se le deja uno solo en su casa, y se le va dando conforme se le va acabando. Toda esta diligencia es necesaria para su desidia”.

Para remediar tan grande desidia, están entabladas sementeras comunes de maíz, legumbres v algodón y estancias de ganado mayor y menor. A las sementeras van en los seis meses de su tiempo los lunes y sábados, excepto los tejedores, herreros y demás oficiales mecánicos, que no van a las faenas de comunidad en todo el año  y se remudan para la labor de sus tierras, una semana a ella, otra a su oficio. Todos sus oficios los ejercen, no afuera, sino en sus casas, que nada harían de provecho, sino en los patios que para ello hay en casa de los Padres; y es tanta su sinceridad, que todos estos oficios los hacen sin paga, aunque de los bienes comunes se remunera más a estos por trabajar más, que a los demás.

Los visita el Padre con frecuencia para que hagan bien su oficio. Pónese en cada oficio el que al Cura le parece más a propósito para él y no repugnan a ello pues, hasta muchos lo pretenden, porque, como ya se dijo, se tiene por nobleza el tener algún oficio. Sólo el ser tamborilero o flautero no se dan. Se mete a ello el que tiene afición y hay pueblos que tienen diez, doce o veinte indios musiqueros.-

Estos bienes comunes que hemos dicho, sirven para dar que sembrar al que no tiene, por habérselo comido en demasía o perdido, para el sustento de la casa de las recogidas, para avío y provisión de los viajes en pro del pueblo, para dar de comer a los muchachos y muchachas cuando van a las sementeras comunes, u otras faenas; para agasajar a los caminantes y a los huéspedes, que a todos, sea español, mulatos, mestizo, negro o indio, esclavo o libre, se les hospeda y da de comer y aún se los pasa en embarcaciones por los ríos grandes que no tienen puente.

Los algodonales comunes sirven para vestir a todos los muchachos de uno u otro sexo, que si el Padre no los viste, los más, andarían del todo desnudos por la incuria de sus padres naturales. Y son tantos en pueblos tan numerosos, que cuidando yo del pueblo e Yapeyú, que es el mayor, el año de 55, serían trs mil. El pueblo tenía entonces mil seiscientos y tantas familias. Dase también el lienzo que del algodón se hace, a los que van a hacer yerba del Paraguay, a las viudas y recogidas, viejos e impedidos y por premio en las fiestas y funciones militares y políticas,  a los que mejor se portan. Y se guarda una gruesa porción para enviar a vender a Buenos Aires y a Santa Fe del Paraná y comprar con ello lo necesario de fierro, paños, herramientas, etc. Para el pueblo y sedas y adornos para las iglesias. Hácese lienzo blanco de varias calidades: delgado, grueso, de cordoncillo, torcido y de varios colores listados.

Los otros bienes comunes y más principales son el ganado mayor y el menor. Los indios no tienen en particular, vacas, ni bueyes, ni caballos, ni ovejas ni mulas: sino gallinas, porque no son capaces de más. Hemos hecho en todos tiempos muchas pruebas para ver si les podemos hacer tener y guardar algo de ganado mayor y menor y alguna cabalgadura v no lo hemos podido conseguir. En teniendo un caballo, luego lo llena de mataduras: no le da de comer ni aun le deja ir a buscar y luego se le muere. El burro es más propio para su genio; pero lo suele tener tres y cuatro días atado al pilar del corredor de su casa, sin comer ni beber, sin echarlo al campo, por no tener el trabajo de ir a cogerlo allá. I.es damos un par de vacas lecheras para que las ordeñen y tengan leche y por el corto trabajo de ordeñarlas, no las ordeñan o matan las terneras y se las comen. Lo mismo sucede con los bueyes, que los pierden o matan o comen. Sólo en tal cual de los más principales y capaces, podemos lograr que tengan alguna mula o bueyes y que los conserven. Todo esto está de común. Además de los bienes comunes de vacas, algodón, etc., hay otro muy particular y cuantioso que es el de la yerba del Paraguay, que comúnmente llaman yerba”, sin más ádito…

Siémbrase también en todos los pueblos, tabaco para el común. De éste, algunos pueblos envían también a las ciudades, que allí se usa mucho para fumar y mascar. Es muy común en estos dos usos, entre la gente baja y no pocos de distinción. Los indios no usan sino para mascar, que dicen les da así mucha fortaleza para el trabajo, especialmente en tiempo de frío. No se usa en polvo por las prohibiciones reales. El de polvo viene de España y vale, lo más barato, a cuatro pesos la libra…

De todos los bienes de comunidad dichos, sólo salen de los pueblos el lienzo y algo de hilo para pabilos, la yerba y el tabaco, dejando lo necesario para el consumo de los vecinos. Los demás bienes quedan para el gasto, y para contratar unos con otros: porque en unos, abunda el algodón, en otros escasea, de manera que con dificultad se coge lo necesario para el pueblo: y lo mismo sucede con el maíz y legumbres y con los ganados: y acuden, a tiempo, varias plagas de gusano, langosta, etc., en algunas partes, dejando otras; por lo que hay mucha comunicación de unos con otros en compras y ventas. No corre dinero en esto. Todo se hace por trueques…

Los indios no disponen las faenas, viajes por tierra y agua y demás menesteres del común ni su avío y matalotaje; que el indio no tiene talento para prevenir sustento más que para cuatro o seis días, aunque tenga con qué prevenirlo y aunque sepa que el viaje ha de durar meses enteros. No se da sueldo porque lo hacen para el común, tanto para ellos como para los demás y mientras éstos están en el viaje, los demás les están componiendo y haciendo su casa, labrando los maizales y demás sementeras comunes para ellos y para todos y haciendo todo lo demás que sirve para ellos y para los que quedan. Sólo en caso de ser mayor trabajo el de los viajantes que el de los que quedan en el pueblo, o de haber hecho su viaje con especial cuidado y utilidad, se les remunera a la vuelta y el premio suele ser: rosarios, lienzo de listado (de que gustan mucho), cuchillos, espuelas, frenos, hachas y cuñas (padre jesuita José Cardiel).

Cronología de la presencia y la gestión de los jesuitas en el Río de la Plata

09 de junio de 1537
El Sumo Pontífice PAULO III, que anteriormente había declarado en una bula que los indígenas del Nuevo Mundo “eran realmente hombres”, expidió otra Bula por la cual, considerados como tales seres humanos, los declaraba en estado de abrazar la fe de Jesucristo, no debiendo continuar en condición de esclavos.

1537
Se funda el Fuerte de Asunción, (origen de la actual Asunción de Paraguay), cuando en esos territorios había unos 200.000 indígenas que miraban con pasiva curiosidad las idas y venidas de estos extraños hombres cubiertos con corazas y abundantes barbas 

1585
Llegan al Paraguay jesuitas procedentes del Alto Perú y simultáneamente llegan otros a la región del Tucumán, y a la región guaraní (el Guayrá),  procedentes del Brasil.  

08 de abril de 1588
Los jesuitas fundan una Estancia, que será el origen de la ciudad de Alta Gracia, en la provincia de Córdoba. El 8 de abril de 1588, el  teniente gobernador de Córdoba, capitán PEDRO VILLALBA, le otorgó a JUAN NIETO, compañero del fundador de Córdoba, JERÓNIMO LUIS DE CABRERA, los títulos territoriales de unas tierras que los indígenas llamaban “Parahuachasca” y allí creó una primitiva estancia a la que le puso el nombre de “Estancia de Nuestra Señora de Altagracia”, en homenaje a una santa existente en España (de allí su denominación actual, pero separando aquella palabra: “Alta Gracia”).

1607
El jesuita DIEGO DE TORRES, con el apoyo de HERNANDO ARIAS DE SAAVEDRA, FUNDA LA “Provincia jesuítica del Paraguay”.

1607
Llega al Plata el jesuita BERNARDO RODRÍGUEZ, supuesto autor de varios cuadros existentes en el país

1607
Los jesuitas establecen en Córdoba un noviciado que servirá de base al Colegio Máximo

1608
Los jesuitas JUAN ROMERO, FRANCISCO DEL VALLE y ANTONIO MAZERO, construyen, en un solar que previamente había sido adjudicado apara vivienda del Adelantado y que les fue cedido por el Cabildo, construyeron, frente a la Plaza Mayor, la Capilla de Nuestra Señora de Loreto, cuyo frente daba a la actual calle Rivadavia y el Colegio de la Compañía de Jesús

1609
Los jesuitas fundan en Santa Fe una Escuela que será el origen del actual “Colegio de la Inmaculada Concepción”

1610
Los jesuitas fundan los pueblos  de Loreto y San Ignacio Miní, con los que se inicia la colonización jesuítica del Guayrá, en la que se destacará el misionero limeño ANTONIO RUIZ DE MONTOYA

1610
PRIMERA REDUCCIÓN INDÍGENA. El jesuita MARCIAL DE LORENZANA funda la primera reducción indígena en San Ignacio Guazú (Paraguay), origen de las Misiones Jesuíticas en el país. El beato asunceño ROQUE GONZÁLEZ, le da la organización que luego se aplicará en todas las demás “misiones” que se establezcan (ver “Los jesuitas” en Temas Puntuales).

1611
El noviciado de los jesuitas de Córdoba es declarado Colegio Máximo.

Abril de 1612
LUÍS DE QUIÑONES Y OSORIO, es el nuevo Gobernador del Tucumán (1612-1619) y de inmediato puso en ejecución las famosas “130 Ordenanzas de Alfaro”, relativas al trato que se les debía dar a los indígenas en las colonias españolas en América. Fundó el Colegio jesuita de Santiago del Estero y en 1622 el Colegio de la Rioja. En 1641, buscando incrementar el plantel de ganado vacuno existente, limitó las matanzas de ganado para ser exportado al Perú.

1612
La estancia “Nuestra Señora de Altagracia”, fundada en 1588, pasó a manos de ALONSO NIETO DE HERRERA, un heredero del fundador. Un hombre muy rico y muy religioso, que al  quedar viudo sin tener hijos,  cedió todos sus bienes a la Compañía de Jesús, entrando él mismo a la orden cuando tenía 68 años.

19 de junio de 1613
Se recibe una donación del obispo FERNANDO DE TREJO Y SANABRIA que permite la habilitación del Colegio Jesuita de Córdoba,  que más tarde, en 1622, se transformará en la Universidad de Córdoba

1615
Los jesuitas fundan el pueblo Encarnación (o Itapuá), junto al río Paraná.

15 de enero de 1618
Los padres jesuitas adquieren en la provincia de Córdoba la estancia de Jesús María y la destinan a la produción agropecuaria para consumo de sus misiones

1619
Nombrado en 1615, Juan ALONSO de VERA Y ZÁRATE asume como nuevo Gobernador del Tucumán (1619-1627). Durante su gobierno, en 1622, el Obispo TREJO fundó la Universidad en el Colegio de los jesuitas de Córdoba. Organizó y comando la expedición que se dirigió a Buenos Aires para auxiliar la ciudad asediada por un ataque de navíos holandeses

01 de agosto de 1622
La Compañía de Jesús, adquiere en Córdoba las tierras donde se edificará la Iglesia y Convento de Santa Catalina,  una de las construcciones más hermosas del período colonial

1627
Se funda la reducción jesuítica de Nuestra Señora de los Reyes Magos en la actual Yapeyú

1630
SE INSTALA LA PRIMERA IMPRENTA. En Loreto, provincia de Misiones, los jesuitas construyeron artesanalmente la primera imprenta y hasta la tipografía que sería necesaria y en 1700 imprimieron con ella, “Martirologio Romano”, lo que será la primera obra impresa en el Río de la Plata.

1633
Entre este año y 1641 los “bandeirantes” paulistas destruyen varios de los poblados instalados por los jesuitas (reducciones) en ambas márgenes de los ríos Uruguay y Paraná.

1634
El hermano LUÍS VERGER (o BERGER) pinta una Virgen, conocida hoy como la “Virgen de los Milagros”, para un altar de la iglesia de los jesuitas de Santa Fe.

11 de marzo de 1641
COMBATE NAVAL DE MBORORÉ. En los primeros días de marzo de 1641 tuvo lugar el combate naval de Mbororé, librado por los jesuitas apoyados por los “guaraníes” contra los “bandeirantes” portugueses que avanzaron hasta las reducciones de San Javier, cerca del río Mbororé.

24 de junio de 1643
PROBABLE ORÍGEN DE LA CIUDAD DE ALTA GRACIA (provincia de Córdoba). Habiendo sido dada en herencia por el señor ALONSO NIETO DE HERRERA, la estancia “Nuestra Señora de Altagracia” pasó a manos de los jesuitas y éstos le impusieron un gran empuje al establecimiento y alcanzaron un notable desarrollo. Sus nuevos propietarios, sentaron allí las bases de la actual ciudad de Alta Gracia y la destinaron a mantener la Universidad  de Córdoba.

1644
En Asunción se entabla una lucha entre el obispo BERNARDINO DE CÁRDENAS, apoyado por el pueblo, y el Gobernador GREGORIO DE HINESTROSA, apoyado por los jesuitas.

26 de enero de 1649
El pueblo de Asunción designa gobernador al obispo CÁRDENAS en reemplazo de ESCOBAR Y OSORIO quien debió renunciar. La primera medida del nuevo gobernador, en abril de ese año, es decretar la expulsión de los jesuitas.

1650
ANDRÉS LEÓN DE GARABITO, asume como nuevo Gobernador del Paraguay y restablece a los jesuitas en sus funciones.

Diciembre de 1658
PRIMER COMBATE NAVAL EN EL RÍO DE LA PLATA. Estando bloqueado por tres naves francesas el Puerto de Buenos Aires, llegó aquí la nave española “Santa Agueda” con numerosos jesuitas a bordo. Los franceses los atacaron, pero el navío español logró refugiarse en el puerto. En tales circunstancias, en el Riachuelo, se hallaban ancladas varias naves holandesas al mando del Capitán ISAAC DE BRAC, las que junto con la “Santa Agueda” salieron a enfrentar a los franceses. El capitán holandés Le Brac, con su nave abordó la nave capitana de los franceses y pasó a degüello a oda su tripulación, provocando la desordenada huída del resto de las naves francesas. No obstante el feliz resultado de esta acción que fue llevada a cabo durante el gobierno de PEDRO RUÍZ DE BAIGORRI, éste fue acusado de permitir el comercio con los holandeses y el contrabando. Destituído de su cargo fue puesto en prisión, aunque luego de un proceso se lo declaró inocente de los cargos que se le imputaban

1662
El jesuita NICOLÁS MASCARDI recorre la Patagonia y funda una reducción indígena a orillas del Lago Nahuel Huapí.

29 de junio de 1671
FRAY GABRIEL DE GILLISTEGUI, designado y autorizado por el obispo de Tucumán, FRANCISCO DE BORJA, consagró la iglesia de la Compañía de Jesús, de la ciudad de Córdoba

1673
El jesuita NICOLÁS DEL TECHO (o DU TOIT),  publica en latín su obra “Historia de la provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús”, que se traducirá al castellano en 1897

27 de octubre de 1683
Acabó su vida trágicamente, martirizado por los indígenas “Tobas” y “Mocobíes”, el padre JUAN ANTONIO SALINAS, verdadero apóstol y misionero jesuita, a quien, juntamente con el sacerdote DIEGO RUIZ, el Gobernador de Tucumán FERNANDO DE MENDOZA MATE DE LUNA encomendó la pacificación de los indígenas en esas comarcas.

1695
El Colegio de Monserrat en Córdoba, primer Colegio secundario importante de la Argentina, pasa a manos de la orden jesuita.

22 de noviembre de 1695
UNA ESTANCIA PARA LA CULTURA. Los jesuitas adquirieron la “Estancia de Santa Gertrudis” o Candonga en la provincia de Córdoba, que se convirtió bajo su dirección en un centro de desarrollo agrícola e industrial.

24 de noviembre de 1698
El jesuita italiano ANTONIO MARÍA FANELLI partió desde Buenos Aires con destino a Mendoza, viaje que entonces era una extraordinaria aventura  y dejó escrita una curiosa descripción de las tierras americanas, vistas por un europeo, que constituyen un valioso testimonio (ver “Los jesuitas” en Temas Puntuales).

1700
Aparece “El Martirologio romano, una obra de JUAN BAUTISTA NEUMENN. Fue el primer trabajo que se imprimió en la imprenta instalada por los Jesuitas de las misiones guaraníticas, en 1630  en los pueblos de Loreto, San Javier y Santa María y que fue la primera imprenta instalada en territorio del Río de la Plata. La traducción al guaraní de esta obra, fue realizada por JOSÉ SERRANO.

1700
Los jesuitas instalan un trapiche en San Miguel de Tucumán.

09 de julio de 1702
Llega a Buenos Aires ALONSO JUAN DE VALDEZ INCLÁN, el nuevo Gobernador del Río de la Plata enviado por España. En 1704, reclutó a unos 700 indígenas residentes en las “misiones jesuíticas” a los que reforzó con algunos efectivos que reclutó en Santa Fe, Corrientes y Córdoba, formando así una importando fuerza de 2.000 hombres que puso a las órdenes del Sargento Mayor BALTASAR GARCÍA ROS para expulsar a los portugueses de la Colonia del Sacramento en la Banda Oriental..

1704
Aparece impreso en la imprenta de las misiones jesuíticas, la obra “Flos sanctorum” de PEDRO RIVADANEYRA, también traducido al guaraní por JOSÉ SERRANO (ver “Los jesuitas” en Temas Puntuales).

1705
Aparece impreso en la imprenta de las Misiones Jesuíticas, “De la diferencia entre lo temporal y lo eterno”, de JUAN EUSEBIO NIEREMBERG, traducido luego al guaraní por José SERRANO e ilustrado con láminas grabadas en cobre. Es el más antiguo impreso de las Misiones que se conserva hasta la actualidad

Marzo de 1707
ESTEBAN DE URÍZAR Y ARESPACOCHAGA, asume como Gobernador de Tucumán (1707-1724). Nombrado en 1706, asumió su cargo en 1707 pues se detuvo en Buenos Aires para participar en las luchas contra los portugueses por la posesión de Colonia del Sacramento. Pacificó a los indígenas del Chaco, fundó el Templo de “La Merced” en Jujuy y el Colegio de los Jesuitas en Salta.

1712
ORIGEN DEL COLEGIO NACIONAL BUENOS AIRES. Los jesuitas levantan un Colegio en el solar actualmente ocupado por el Colegio Nacional Buenos Aires, e inician la construcción del templo San Ignacio con la intervención del jesuita JUAN KRAUS. Esa construcción se terminó en 1734

Mayo de 1715
BALTASAR GARCÍA ROS, es nombrado Gobernador interino del Río de la Plata (1715-1717). Había arribado a Buenos Aires en 1701 con el grado de Sargento Mayor de infantería y se incorporó a la guarnición local. En 1704 comandó la campaña emprendida contra los portugueses instalados en “Colonia del Sacramento” y que finalizó en 1705 con la expulsión de los lusitanos. En 1706, nombrado Gobernador del Paraguay, defendió las “misiones jesuíticas” contra los ataques de los “charrúas” y los “yarás”. Permaneció en el cargo hasta julio de 1717.

24 de julio de 1715
Por orden del padre provincial de los jesuitas de la Asunción del Paraguay, se embarcó el padre JOSÉ DE ARCE para el Chaco, coro objeto de explorarlo y adquirir noticias de algunos misioneros que se habían internado en los bosques con iguales propósitos, pero éstos ya habían sido asesinados por los indígenas “payaguas”.

1717
LLEGAN MÁS JESUITAS. Llega al país una misión jesuítica, entre cuyos miembros figuran los arquitectos Andrés BLANQUI (o BIANCHI) y JUAN BAUTISTA PRÍMOLI, que desarrollaron en el Plata y en el Paraguay una intensa labor profesional

24 de setiembre de 1719
En Winzing, Silesia, próximo a la ciudad de Brestian, región de Europa central, nació el afamado misionero jesuita FLORIÁN PANCKE o PAUCKE.

1721
En la imprenta construída artesanalmente por los jesuitas, en Loreto, Misiones, se imprime la obra “Manuale  ad usum Patrum Societatis” del sacerdote PAULO RESTIVO, un manual de instrucciones para los jesuitas  que catequizaban a los guaraníes.

1721
Se inicia en Buenos Aires la construcción del templo de La Merced, que se terminará en 1733.

1721
Los jesuitas GABRIEL PATIÑO y LUCAS RODRÍGUEZ exploran el Río Pilcomayo.

22 de julio de 1724
BALTASAR GARCÍA ROS, llega a Asunción trayendo consigo a un ejército integrado por jesuitas e indígenas de las “Misiones” que enviara el Virrey del Perú para destituír a JOSÉ ANTEQUERA Y CASTRO, quien había sido desautorizado por la autoridad virreinal para ejercer el cargo.

25 de enero de 1632
El jesuita italiano ADRIANO FIORMOSO, funda la misión de “San Cosme y San Damián”. Se dice que le dio este nombre para recordar el milagro que se atribuye a la curación de la viruela de estos dos hermanos gemelos, famosos médicos y “mano santas” de la antigüedad, que murieron martirizados en Roma.

1730
El jesuita BUENAVENTURA SUÁREZ instala en la misión “San Cosme y San Damián” el primer observatorio astronómico del Río de la Plata. Este descendiente directo de JUAN DE GARAY, nacido en Santa Fe de la Vera Cruz en setiembre de 1760, pasó a la historia por ser el primer astrónomo del hemisferio sur que efectuó observaciones y mediciones de la bóveda celeste.

Marzo de 1731
REVUELTA DE LOS COMUNEROS. Estalló en Asunción, cuando el pueblo, encabezado por el Cabildo, resistió la orden del virrey del Perú, que destituía de su cargo al Gobernador JOSÉ DE ANTEQUEDA Y CASTRO. El conflicto se agudizó por la intervención de los jesuitas, pero Antequera los expulsó de Asunción e invadió las Misiones. El Gobernador de Buenos Aires, BRUNO MAURICIO DE ZABALA, acudió con fuerzas y se apoderó de Asunción. Antequera huyó a Lima donde fue ajusticiado.

28 de junio de 1734
Los jesuitas terminan de construír la Iglesia de San Ignacio.

1736
Los Jesuitas inician la construcción de un Hospicio y Oratorio en el “Alto de San Pedro”. Como los jesuitas pensaban instalar allí una residencia de la Compañía de Jesús, a estas obras se las conoció como “La Residencia”

1737
BALTASAR GARCÍA ROS, es designado nuevamente Gobernador del Río de la Plata y el 18 de enero de 1740 falleció en Buenos Aires

1740
Con los viajes del jesuita MATÍAS STRÖBEL que funda la Concepción de los Pampas, al sur del Salado se inicia la conquista y colonización de la Pampa y la Patagonia.

1743
Se funda la “Reducción San Javier” en jurisdicción de Santa Fe y se la puebla con indígenas “mocovíes”.

1743
Se fundan las “reducciones” de “San Cosme” y “San Damián” (Alto Paraná) en las Misiones.

27 de junio de 1743
El Teniente de gobernador de Santa Fe, FRANCISCO ANTONIO DE VERA MUJICA fundó el antigüo pueblo de “San Javier”, dieciocho leguas al norte de la ciudad de Santa Fe, sobre las costas del río Paraná, con cincuenta familias de indígenas “mocovíes” de las tolderías del cacique ALIQUIU, doctrinados por los sacerdotes de la orden jesuita JERÓNIMO NÚÑEZ y FRANCISCO BURJES. La iglesia se colocó bajo la advocación de San Francisco Javier, designado patrono del pueblo. Esta reducción fue destruida más tarde, levantándose después en sus inmediaciones la que hoy existe con el mismo nombre.

1745
El jesuita JOSÉ QUIROGA llega comisionado por la corona de España, para estudiar la fortificación del litoral patagónico. Traía una serie de instrumentos que le eran remitidos al astrónomo criollo BUENAVENTURA SUÁREZ, con los que éste pudo elaborar un valioso calendario astronómico que fue llamado “Lunario de un siglo” (ver “Los jesuitas” en Temas Puntuales).

22 de noviembre de 1745
JOSÉ DE ANDONAEGUI asume su cargo de Gobernador del Río de la Plata. Durante su gobierno, en 1745, dispuso el reconocimiento científico de la costa patagónica y para ello, estimuló el viaje  de los jesuitas JOSÉ CARDIEL, JOSÉ QUIROGA y MATÍAS STROBEL., hasta las costas magallánicas. Fue también durante su gobierno que comenzó la llamada “guerra guaranítica” (1752¨-1759), que marcó el comienzo de la desaparición de las “misiones jesuíticas” en el continente americano. Creó las Compañías de “Blandengues” para defender la frontera de los indígenas y malvivientes.

1747
Los jesuitas JOSÉ CARDIEL, JOSÉ QUIROGA y MATÍAS STROBEL, encargados por el Gobernador del Río de la Plata, JOSÉ DE ANDONAEGUI de realizar un reconocimiento de la costa patagónica hasta el Estrecho de Magallanes, en 1747, fundaron la “reducción del Pilar”, en la “Sierra de los Padres”, en las proximidades de la actual ciudad de Mar del Plata.

1749
El jesuita FLORIÁN PAUCKE (o BAUCKE) inicia sus viajes (que culminarán alrededor de 1767) por el país, dejando el relato de su travesía documentado en un libro titulado “Hacía Allá y para acá. Una estancia entre los indios mocovíes”. Escrito en alemán y que fue traducido recién  en 1942 (ver “Los jesuitas” en Temas Puntuales).

13 de enero de 1750
TRATADO DE PERMUTA O DE MADRID. Se firma este Tratado que establece nuevos límites a los territorios de España y Portugal en América y dispone que los jesuitas entreguen a los portugueses las siete reducciones situadas al este del Uruguay y que Portugal ceda la “Colonia del Sacramento a España”. Portugal no cumple con lo acordado y finalmente el Tratado fue suspendido en 1759.

Agosto de 1750
COMIENZA LA GUERRA GUARANÍTICA. Se producen los primeros movimientos de lo que se llamó la “guerra guaranítica”; una serie de levantamientos indígenas que se sublevan contra las fuerzas españolas y portuguesas, rehusándose a aceptar la transferencia de algunas misiones jesuíticas al Brasil

26 de agosto de 1750
LOS JESUITAS DAN ORÍGEN DE LA CIUDAD DE RESISTENCIA (Chaco). Los jesuitas fundan la reducción “San Fernando del Río Negro”, actual ciudad de Resistencia, capital de la provincia del Chaco, pero dispersados luego por orden del rey de España los religiosos que echaron sus cimientos, el asentamiento original fue abandonado y destruido poco después por los aborígenes, pero sus ruinas se conservaron cien años más.

1752
Recrudece la guerra guaranítica”, con el levantamiento de las siete misiones jesuíticas (que comprendían casi 30.000 indígenas), localizadas al este del río Uruguay, territorios cedidos por España a Portugal.

1756
El jesuita Francisco CHARLEVOIX publica en París “Historia del Paraguay”. Escrita en idioma francés. En 1799 es completada y traducida al latín por DOMINGO MURIEL

07 de febrero de 1756
LA GUERRA GUARANÍTICA SE ACERCA A SU FIN. Se van extingiendo los fuegos de la guerra guaranítica. En Bacacay, son sofocados los últimos grupos rebeldes que se involucraron en “la guerra guaranítica” para oponerse al traslado hacia Brasil de los siete pueblos jesuíticos instalados en la orilla este del Uruguay, según lo dispusiera el Tratado de Permuta en 1750. Fuerzas conjuntas del Río de la Plata y del Brasil, libraron la batalla de “Bacacay” contra los jesuitas y los guaraníes rebeldes y se va diluyendo así el empuje del alzamiento indígena iniciado en 1750.  Muerto en esa batalla el cacique “JOSÉ TIARAYÚ” (conocido también como “SEPÉ”), líder de los indígenas que luchaban por sus tierras, mueren con él las esperanzas de un pueblo que sólo quería decidir su destino por si mismo. Los vaivenes políticos o el capricho de un rey modificaron repentinamente el mapa de las colonias americanas y llevaron a la aniquilación de gran parte de la población indígena concentrada en la cuenca del río Uruguay.

10 de febrero de 1756
FIN DE LA GUERRA GUARANÍTICA. BATALLA DE KA’AYBATÉ. Fuerzas españolas comandadas por el gobernador del Río de la Plata, JOSÉ DE ANDONAEGUI, unidas a las brasileras comandadas por el capitán general de Brasil GÓMES FREIRE DE ANDRADA, libran la batalla de “Ka’aybaté” en la que derrotaron nuevamente a los “guaraníes” de las reducciones que según el “Tratado de Permuta” firmado en 1750, debían ser entregadas al gobierno portugués. Españoles y portugueses, luego de que el jefe de la rebelión, el cacique “SEPE”, fuera muerto tres días antes, en la batalla de “Bacacay”, alcanzaron a los indígenas dispersos en Ka’aybaté” y las cosas le fueron fáciles: mataron a casi 1.500 de ellos en una hora, con apenas cuatro bajas en sus filas. Esta “guerra” fue la excusa final para justificar la expulsión de los Jesuitas de América y después de la masacre, se dispuso que los pueblos tomados a las “Misiones” serían nuevamente españoles. Poco después, el rey CARLOS III, cuando fue coronado, anuló este Tratado firmado en 1750, pero los funcionarios reales continuaron sospechando que los Jesuitas habían estado involucrados en esta revuelta pues se oponían al traslado. Muchos de los indígenas de estas “Misiones” fueron después trasladados a otros emplazamientos, pero las “Misiones jesuíticas” nunca volvieron a ser lo que habían sido antes de esta revuelta.

1757
El virrey  CEVALLOS denuncia ante el rey de España, la mala fe de los portugueses para cumplir lo convenido en el “Tratado de Permuta”.

01 de enero de 1757
PEDRO DE CEVALLOS, Gobernador de la Provincia del Río de la Plata se dirigió hacia los pueblos de las “Misiones” para cerciorarse personalmente de la verdadera situación de estos poblamientos.

1765
Los jesuitas fundan la Capilla de San Miguel, en la costa del río Carcarañá, un poco más al oeste del actual pueblo de San Lorenzo, provincia de Santa Fe. Este pequeño templo, centro de la reducción indígena de su nombre había sido donado, con sus tierras respectivas, a la orden Seráfica por el Cabildo de Buenos Aires, con aprobación del rey de España Carlos III y fue la base del futuro convento de San Carlos, iniciado pocos años después en el sitio donde se encuentra actualmente.

1765
Los Jesuitas dan por terminados los trabajos de instalación de una imprenta en el Colegio Monserrat de Córdoba y anuncian que estará en funcionamiento a partir del año siguiente (ver “Los jesuitas” en Temas Puntuales).

1766
Una nueva imprenta es importada por los jesuitas para ser utilizada en Córdoba y son editadas sus primeras producciones: “Cinco laudatorias” (en latín) y “La Instrucción pastoral” (ver “Los jesuitas” en Temas Puntuales).

05 de enero de 1766
PRIMERAS EXCAVACIONES PALEONTOLÓGICAS. Cerca de las márgenes del río Arrecifes, se realizaron las primeras excavaciones paleontológicas de las que se tenga memoria en el Río de la Plata (ver ampliado en “Estampas”).

15 de agosto de 1766
Llega a Buenos Aires FRANCISCO DE PAULA BUCARELLI, nombrado por el rey CARLO III para que reemplace como Gobernador de Buenos Aires a PEDRO DE CEVALLOS, en  quien, por sus conocidos buenos vínculos que tenía con la Compañía de Jesús, la corona no confiaba que aceptara poner en ejecución la orden de expulsión de los jesuitas que había decidido

27 de febrero de 1767
EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS DE ESPAÑA Y DE LAS COLONIAS DE AMÉRICA. Por medio de una Orden Real, el rey de España CARLOS III ordena la expulsión de los jesuitas de todo el territorio de España y de sus colonias en América (1).

02 de junio de 1767
El gobernador de Buenos Aires FRANCISCO DE PAULA BUCARELLI recibió la orden de expulsión de los jesuitas y sigilosamente, como se le había advertido que lo hiciera, dispuso su ejecución para el día 21 de junio.

30 de junio de 1767
Llegan a Montevideo dos barcos procedentes de España y sus tripulantes contaron que allá, cuando se dispuso la expulsión de la Compañía de Jesús, ésta fue ardorosamente defendida por sus seguidores, “causando gran revuelo y desorden” en España. Buccarelli, temiendo que los habitantes de Buenos Aires adoptaran la misma actitud,  mediante un levantamiento popular contra su autoridad, decidió anticipar la detención antes de que las noticias llegaran a la gente y ordenó la detención inmediata de los jesuítas establecidos en la ciudad.

02 de julio de 1767
Era la madrugada del 2 de julio de 1767, un día lluvioso y frío, Las tropas del gobernador  BUCARELLI  ocuparon por sorpresa las dos casas que la Compañía todavía tenía en Buenos Aires: el Colegio Grande y el Colegio de Belén. Detuvieron a 42 religiosos que encontraron en esos lugares y los encerraron, con fuerte custodia, en la Casa de Ejercicios. Luego, llevando a cabo una verdera “caza de brujas”, fueron deteniendo a  todos los sacerdotes de esa orden que vivían en la ciudad.

02 de julio de 1767
Reunidos en el Fuerte de Buenos Aires, los doscientos ochenta y nueve jesuitas que actuaban aquí, fueron llevados como delincuentes al puerto y desde allí embarcados con destinos a Cadiz, en España, desde donde luego serían enviados a Roma, Italia. Algunos vecinos intentaron evitar el destierro de los sacerdotes y sufrieron el mismo castigo que sus defendidos. Poco después fueron expulsados los jesuitas con sede en Córdoba, Santa Fe y las misiones guaraníes y cuando el pontífice CLEMENTE XIV suprimió la Compañía de Jesús en 1773, ya no quedaban jesuitas en nuestro territorio.

12 de julio de 1767
EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS EN CÓRDOBA. En la ciudad de Córdoba tuvo lugar la expulsión de los padres jesuitas que se hallaban allí y la confiscación de sus bienes por orden del rey de España. El Teniente FABRO, enviado por el Gobernador DE PAULA BUCARELLI, puso sello sobre la caja, la biblioteca y otros lugares y confiscó todos los bienes.

13 de julio de 1767
EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS EN SANTA FE. En cumplimiento de la real orden del rey de España CARLOS III disponiendo la expulsión de los padres jesuitas de todos los dominios de España, los religiosos de la Compañía de Jesús expulsados abandonaron el Colegio y demás dependencias que tenían en la ciudad de Santa Fe, en la que estaban radicados desde los primeros años de su traslado al sitio que entonces ocupaban.

03 de agosto de 1767
EXPULSION DE LOS JESUITAS DE SALTA.  Los jesuitas de Salta  son expulsados en cumplimiento de la real Cédula de Carlos III

Junio de 1768
El Gobernador de Buenos Aires, FRANCISCO DE PAULA BCARELLI  se traslada a Paraguay para disponer la expulsión de los jesuitas.

1773
Aparece en inglés “Descripción de la Patagonia y de las partes antiguas de la América del Sur”, del sacerdote jesuita Tomás FALKNER. En 1911 se tradujo al castellano

21 de junio de 1773
El Sumo Pontífice Clemente XIV expidió una bula suprimiendo de los registros eclesiásticos la orden de los jesuitas (“Compañía de Jesús”), muchos de los cuales: se habían encontrado ejerciendo su obra de apostolado y educación en las posesiones españolas de América, hasta que en 1767, fueron expulsados de ellas por orden del rey de España, CARLOS III.. Las fechas de las fundaciones de los Colegios que los jesuitas fundaron en el Río de la Plata se han hallado en una “Efemérides” del historiador NAVARRO VIOLA y son las siguientes: “Colegio del Paraguay”, en 1595. En Córdoba, en 1600. En Santiago del Estero, en 1607. En Buenos Aires, en 1608. En Tucumán, en 1608. En Santa Fe, en 1610. En Salta, en 1623. En La Rioja, en 1624. En Tarija, en 1690. En Corrientes, en 1690. y en Resistencia de Belén, en 1735.

1774
El sacerdote jesuita TOMAS FALKNER publica su obra “A description of Patagonia and the adjoining parts of South América” acentuando los temores ya expresados por FRANCISCO MILLAU Y MARAVALL en 1772, de que los ingleses están  interesados en establecerse  en las costas patagónicas.

30 de diciembre de 1774
Por una real cédula se ordenó al Gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires y Río de la Plata, JUAN JOSÉ DE VÉRTIZ Y SALCEDO que hiciera que se ilustraran con la luz del Evangelio los indígenas “patagones”, “pampas” y “serranos” que habitaban desde el Cabo San Antonio hasta el Estrecho de Magallanes, recomendando al efecto, el empleo de la  misiones de jesuitas

14 de diciembre de 1775
El rey de España, CARLOS III, por cédula firmada en Aranjuez, aprobó la entrega que el Cabildo Secular de Buenos Aires había hecho provisoriamente a los misioneros franciscanos, de la iglesia y misión de San Miguel que habían tenido los jesuitas en la costa del Carcarañá.

14 de agosto de 1814
A CUATRO DECADAS DE SU EXTINCION EL PAPA RESTABLECIO LA ORDEN DE LOS JESUITAS. El 14 de agosto de 1814, el mundo católico festejó el restablecimiento de la orden de los jesuítas, suprimida por un breve papal en 1773. La trascendental medida  es una de las primeras tomadas por Pío VII a su regreso del exilio al que Napoleón lo había condenado. Arzobispos y obispos de todo el orden cristiano reclamaron al Pontífice que terminara con la absurda situación de que la Iglesia se viera privada de tan excelentes colaboradores que, por otra parte, son apreciados como educadores y científicos por no católicos, en especial la Rusia ortodoxa, Prusia e Inglaterra.

09 e agosto de 1836
Llegan a Buenos Aires, procedentes de Europa, seis religiosos de la Compañía de Jesus, con la intención de reinstalarse en estas tierras para continuar con su misión evangelizadora y tanto el gobierno como la población, los recibió con cáido afecto.

26 de agosto de 1836
RESTABLECIMIENTO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN BUENOS AIRES. Pasados 76 años de que fueran expulsados de América por el Rey Carlos III de España, el 26 de agosto, un decreto de JUAN MANUEL DE ROSAS, dispone el restablecimiento de la Compañía de Jesús diciendo:  “tan respetable entre nosotros por los imponderables servicios que hizo en otro tiempo a la religión y al Estado”. Se produce así en América del Sur, la primera revocación de la pragmática de Carlos III que había dispuesto su expulsión en 1767.

07 de diciembre de 1836
Los padres jesuitas que habían llegado a Buenos Aires el 9 de agosto de ese año, son autorizados para abrir “aulas públicas de gramática latina y después, cuando puedan y lo indiquen las circunstancias, enseñar la lengua griega y la retórica, poner escuelas de primeras letras para varones y establecer cátedras de filosofía, teología, cánones, derecho natural y de gentes, derecho civil y derecho público eclesiástico, como también de matemáti­cas”. Al maestro mayor de a ciudad, arquitecto SANTOS SARTORIO, se le encarga de “la compostura y aseo de las piezas en que hayan de situarse dichas aulas” y al rector de la Universidad se le ordena facilitar “todos los trastos, muebles y utensilios que haya de más en el establecimiento de su cargo, y que no haciendo allí falta puedan ser útiles al servicio de dichas aulas”.

Marzo de 1843
ROSAS EXPULSA NUEVAMENTE A LOS JESUITAS. Cinco  años después de la llegada de los jesuitas a Buenos Aires y cuando su número ya se eleva a 39 sacerdotes, esta comunidad no mantienen cordiales relaciones con Rosas, por pretender quedar al margen de la propaganda federal. El 4 de octubre de 1841 ya se oye por las calles de Buenos Aires: “¡Mueran los jesuitas, salvajes unitarios ingratos!”. Alarmado, el padre MARIANO BERDUGO, rector del colegio, aloja a los sacerdotes en varias casas amigas y les concede asueto a los alumnos, que pronto dejan de concurrir definitivamente al establecimiento por disposición de sus padres. Ante la hostilidad creciente, el padre Berdugo se oculta en la Ciudad y el 20 de octubre huye a Montevideo. Esta fuga complica aún más las cosas y finalmente, en marzo de 1843, el jefe de policía, BERNARDO VICTORICA, dispone expulsión de los padres no secularizados. Sólo dos, FRANCISCO MAJESTÉ e ILDEFONSO GARCÍA, permanecerán n en Buenos Aires.

Fuentes consultadas: “Diccionario Histórico Argentino”, Ione S. Wright y Lisa M. Nekhom, Emecé Editores, Brasil 1994;“Tentación de la utopía”, Augusto Roa Bastos;  “Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús”, varios autores; “Historia de la Compañía de Jesús” William Bangert SJ, 1981; “Guaraníes y jesuitas”, Lucía Gálvez;  “La Compañía de Jesús por dentro”, Joaquín Sangrán Medina SJ, 1977; “Los primeros jesuitas”, John O’Malley SJ; “Revista Todo es Historia”, varios números

(1).-Según diversos autores, la real orden emitida por el rey de España, Carlos III ordenando la expulsión de la Compañía de Jesús de España y de sus colonias en América, está fechada el 27 de febrero de 1767, el 27 de marzo de 1767 o el 2 de abril de 1767.

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