LOS GAUCHOS JUDÍOS

En la provincia de Entre Ríos, la corriente inmigratoria judía dejó profundas huellas en su pasado y su influencia aún perdura en su cultura y costumbres. Villa Domínguez, Villa Clara, Basavilbaso, Rajil, San Gregorio, Carmel, Leven, Las Moscas son algunas de las localidades fundadas a partir de la colonización social de los inmigrantes judíos, que llegaron al país escapando de las persecusiones que sufrieron en sus países de origen y fueron el escenario de vivencias que justifican hoy, el nacimiento del “gaucho judío”.

Era en los primeros tiempos de alguna de esas Colonias. Los judíos de Entré Ríos conocían poco el lugar y sus ideas sobre las costumbres del país eran en extremo confusas. Admiraban al gaucho y le temían, envolviendo su vida en una vaga leyenda de heroísmo y de crimen. Sabíanle peligroso e irascible. Las fábulas de sangre y de bravura, referidas en las noches de luna por los cantores que poco frecuentemente llegaban al pago, siendo mal interpretadas por los nuevos campesinos, contribuyeron a fomentar semejante concepto sobre el paisano. Para el judío de Polonia y de Besarabia, el gaucho argentino resultaba ser el bandido romántico, feroz y caballeresco, como, el héroe de las novelas cuyas aventuras leían las muchachas obreras, al regresar del taller, allá en Odessa, o ahora, al terminar las tareas habituales de la existencia rústica de la colonia.

Así, en la sinagoga, que funcionaba en tal o cual rancho de Entre Ríos, jóvenes y viejos discutían cosas relacionadas con la Argentina. El entusiasmo por la vida libre, soñada en los días amargos de Rusia, aún no se había amenguado. Un amor idílico rebosaba en todas las almas y los ojos eran cisternas de ensueño. Por- los alrededores de Rajil, los arados abrían gloriosamente la tierra; la esperanza unánime estallaba en cauciones. Los sábados hasta mediodía y al atardecer se recordaban, frente a la puerta de la sinagoga y no lejos del corral, las penurias antiguas, los episodios del éxodo, como si la emigración del imperio moscovita fuera la bíblica Huida, historiada en las noches de Pascua.

Una tarde, un vecino llegado de Villaguay, trajo la noticia de fiestas próximas. Describió arcos y adornos colocados en las calles. Guirnaldas con flores y luces iluminando el frente de las casas. Un aire festivo en todo el poblado, con gente que iba y venía, todos felices y alegres.  La noticia fue muy comentada y un vecino se decidió investigar el asunto. Recién llegados al país, esos colonos, no sabían, áun una sola palabra del idioma español.

Los mozos se adaptaron pronto a las costumbres gauchescas, pero no lograban entenderse con los crlollos, más allá de lo necesario para satisfacer sus necesidades cotidianas. Aprendieron muchas cosas nuevas y les enseñaron otras que traían desde su tierra, pero lo hicieron siempre viendo y copiando lo que veían. Resolvieron por eso, interrogar al “boyero”, un ex soldado veterando de la guerra con Paraguay, que vaya a saber cómo y porqué, entendía algo de su idioma. Éste les dijo que quizás se trataba de una “yerra” o que quizás se estaba preparando una “elección de autoridades”, ideas ambas que fueron desechadas, por lo que decidieron consultar al Comisario de la Colonia, quien les informó que el objeto de esos preparativos era festejar un próximo aniversario de la Revolución de Mayo.

El hecho picó la curiosidad de los habitantes de Rajil. En las tertulias nocturnas, en los descansos de las faenas, en cada una de las amelgas de la Colonia (1), los vecinos se reunían para comentar el acontecimiento que se avecinaba. Cada uno exponía a su modo la importancia que le otorgaba al suceso y pronto nació la idea de adherirse a este aniversario y celebrarlo junto con los criollos. La idea fue del rabí ISRAEL KELNER, que era quien, en 1889,  había viajado a Jerusalen para organizar  la llegada de estos inmigrantes a la Argentina y se había constituído en una especie de consejero de la colonia. Entusiasmados los colonos judíos, le pidieron a Kelner que viajara a “Las Moscas” para informarse mejor sobre el asunto y a su regreso, fue decisión unánime, celebrar también ellos, en la Colonia de Rajil, el aniversario de su nueva patria.

La celebración del 25 de Mayo quedó decidida. El Alcalde, el mismo KELNER y el matarife, personaje muy respetado por la colectividad, ya que era el encargado del faenamiento de las reses según el rito “kosher” para su consumo, fueron designados para que organizaran la fiesta. JACOBO, un peoncito de éste último, quizás el más acriollado de todos ellos, vistió sus más preciadas “bombachas” y montado en su petizo, fue avisando, casa por casa que se iba a realizar una asamblea en la sinagoga, para explicarles a todos, los detalles del acto. Se resolvió no trabajar ese día en los campos, embanderar los portones  y reunirse en el potrero común, donde el rabí ISRAEL pronunciaría un discurso. Al acto fueron invitados el comisario y el administrador general de las colonias, un extranjero áspero y nada expresivo, a quien poco conmovía el acontecimiento de mayo.

Surgió una grave dificultad. Nadie sabía cuáles eran los colores de la bandera argentina y ese detalle fue advertido muy tarde. A pesar de ello, los preparativos continuaron y el día esperado llegó. Rjil amaneció adornada como un buque, lleno de colores y los portones, de todos los colores, menos los argentinos ¡ y un sol magnífico iluminaba la campiña. El comisario mandó su pequeña banda  y la colonia vibró con las notas del Himno. La música llegóa los corazones y la fiesta de la patria, confusamente y apenas comprendida, puso en el espíritu de estos gauchos judíos, una profunda alegría.

Hombres y mujeres se reunieron en la sinagoga luciendo sus mejores trajes y el matarife bendijo una imagen de la República, durante la solemne oración del “Mischa-beraj”. Afuera, los jóvenes y las muchachas preparaban un baile, mezclando entre los comentarios del día, los rumores sobre esperados noviazgos.  Después de la lectura del “Libro sagrado”, el alcalde predicó. Era el menos instruído en cuestios rabínicas, aunque sabía bien usar con frecuencia alguna cita de los textos talmúdicos, oída quizás al azar. Pero era elocuente  y sabía cautivar a su grey. “Me acuerdo, dijo, cuando en mi pueblo fuimos castigados por no bendecir al zar. Aquí nadie nos obliga a bendecir a nadie. Por eso bendigo a esta República y a su Presidente. Nadie sabiá quién era ese Presidente, pero eso no importaba. Se estaba gozando de una libertad, que le había sido negada en su lugar de nacimiento.

El almuerzo fue rápido y jovial. En seguida toda la población se congregó en el potrero. Las flores silvestres de la estación brillaban en la improvisada glorieta junto a la cual, la bandita repetía sin cesar los acordes marciales de la marcha de San Lorenzo y del Himno Nacional, mientras los mozos hacían caracolear a sus caballos y los peones criollos miraban en silencio, pero tentados de a ratos, con los dulces y abundantes pasteles y exóticos bocadillos preparados por las mujeres judías, sin treverse a acercarse a las damajuanas de vino, que apiladas a la sombra, esperaban la llegada de la autoridad.

A eso de las tres de la tarde, el comisario, don BENITO PALAS asomó con su escolta y una bandera argentina desplegada. Resonaron los aplausos yla ceremonia oficial comenzó. El comisario bebió su copa de vino y el rabí ISRAEL KELNER ocupó la tribuna. Én un chapurreado castellano saludó en nombre de la colonia al país “donde no ocurren matanzas de judíos” dijo, refiriéndose luego a la parábola de los dos pájaros, que los colonos ya le habían oído narrar en otrar oportunidades y que extraída de las discusiones talmúdicas de Segovia, simbolizaba para los colonos, la libertad de los pueblos.

“Había una vez un pájaro, comenzó diciendo,  que estaba prisionero en una jaula de hierro y que sin embargo, como todos los pájaros, cantaba.. Creía que todos vivían así, hasta que cierto día, vio a otro pájaron revolotear en el espacio y posarse sobre los árboles y los tejados. Entonces su canto se hizo triste y comenzó a meditar sobre su vida encerrado en una jaula y comprendió la realidad de su esclavitud. Decidido a cambiar esto, comenzó a picar las rejas y lo hacía todas las noches. Hasta que consiguió romperla, logrando así salir de su encierro para volar libremente por el cielo. Tornáronse entonces alegres su vida y su canto y mientras volaba tan alto y tan libre como los demás pájaros.

JACOBO tuvo la paciencia de explicarle al comisario, poco entendido en parábolas y quizás con pocas luces, el significado de lo dicho por el rabí. Don BENITO lo miró y sin demostrar que había comprendido algo, con ronca voz, comenzó a entonar las estrofas del Himno Nacional. Poco entendían los judíos que era lo que decía, pero si comprendieron cuando exclamó Libertd, Libertad. Rápidamente, como si la barrera idiomática se hubiera roto, todos comenzaron a cantar Libertad, Libertad !!, dejando que regresaran a su memoria, los recuerdos de su antigua desdicha, las amarguras sufridas, las persecuciones seculares sufridas por la raza. Exhaltados entonces sus ánimos y con el corazón en la boca, incorporándose todos al generosos amor de su nueva patria, exclamaron al unísono ¡Amén”  (1). cada una de las fajas en que se divide un terreno para sembrar uniformemente).

Este texto fue compuesto con material extraído de una vieja fotocopia hallada en una hemeroteca particular, sin que conste su origen ni autor, por lo que valorando su contenido lo publicamos, corriendo el riesgo de tener que levantarlo si alguien reclama derecho de autor)

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.