LOS ESCRITOS DE MARIANO MORENO LO JUZGAN (1809)

Sobre la inicial participación de MARIANO MORENO en el proceso revolucionario existen algunas contradicciones, sobre todo si se comparan algunos testimonios de la época con su posterior y destacada actuación.

Un testigo presencial del 22 de mayo, NICOLÁS DE VEDIA, dice que MORENO no se colocó en lugar preferente, permaneció alejado, «parecía que estaba allí sólo para observar y no para dar la cara, acurrucado tras un escaño».

A mediados de 1809 MORENO redactó su famosa «Representación de los Hacendados», donde apoyó las medidas tendientes a liberalizar el comercio y se supo que fueron dos comerciantes ingleses, JOHN DILLON y JOHN TWAITES, que habiendo solicitado al virrey CISNEROS la libre introducción de sus mercaderías, los inspiradores de tal alegato y que los hacendados y labradores acudieron entonces al bufete de MORENO, el más prestigioso de la ciudad, para que elaborara su defensa.

MORENO redactó la Representación bajo la influencia de BELGRANO, que no tenía bufete abierto y es evidente, que todo el escrito está acorde con el pensamiento «belgraniano».

Una vez nombrado secretario de la Primera Junta, el 2 de junio de 1810, MORENO firmó el decreto de fundación de «La Gazeta», donde junto con MAUEL ALBERTI publicó encendidos escritos revolucionarios. JOSÉ MARÍA ZALAZAR, marino español instalado en Montevideo, en diciembre de 1810 escribe a un pariente en España y le dice a este respecto: «Los revolucionarios con sus infernales escritos hacen mayores estragos que los ejércitos más aguerridos».

MORENO fue el primero que habló de la organización constitucional del país y adaptó y tradujo la Constitución de los Estados Unidos en el Reglamento del 10 de febrero de 1811. Tradujo el Contrato Social de Rousseau, encontrando en esa obra elementos valiosos para fundamentar la revolución (diciembre de 1810). También es obra suya el famoso «Plan de Operaciones» de agosto de 1810 y fue uno de los fundadores de la Biblioteca Nacional.

El 6 de diciembre de 1810 se autoarrogó el papel de supremo censor de la conducta de los hombres públicos y redactó, firmó e hizo avalar por la Junta, un decreto  sobre supresión de honores, claramente destinado a condenar a su presidente SAAVEDRA (que algunos historiadores atribuyen a los celos y al resentimiento que tenía hacia él), donde  estampó su célebre frase: «Ningún ciudadano, ni ebrio ni dormido, debe tener impresiones contra la libertad de su país» (ver Un brindis desafortunado).

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