LOS DIRECTORES SUPREMOS

El Directorio fue una institución creada el 26 de enero de 1814 por una Asamblea que fue convocada por el Segundo Triunvirato, con la intención de instalar un poder ejecutivo unipersonal. Desde su creación hasta que dejó de funcionar (11 de febrero de 1820), siete fueron los funcionarios que ejercieron tal cargo

Directorio de GERVASIO ANTONIO DE POSADAS (31 de enero de 1814 hasta el 9 de enero de 1815)
Aunque en sus memorias Posadas escribió: “yo goberné y no fui gobernado”, la mayoría de los historiadores opinan que durante su período de gobierno, la cabeza dirigente fue su sobrino Carlos María de Alvear, que joven aún, no deseaba todavía ocupar el alto cargo de Director Supremo hasta aumentar su prestigio con triunfos militares en la Banda Oriental y en el Norte, objetivos a los que dedicó sus energías.

Los hechos más destacados de su gobierno fueron la creación de la escuadra naval puesta a las órdenes de GUILLERMO BROWN, la rendición de la plaza de Montevideo, producida después de un largo sitio yel envío de misiones diplomáticas al exterior con el objeto de afianzar los logros obtenidos en Mayo de 1810, mediante el reconocimiento de nuestra soberanía por parte de las grandes potencias. Durante su mandato se reglamentaron los derechos de importación y la percepción de rentas, fue perseguido el contrabando y se organizaron oficinas públicas para agilizar la administración del Estado, se organizaron los servicios de sanidad militar y se instalaron fábricas de pólvora. Fueron aplicadas a las provincias nuevas jurisdicciones territoriales y se introdujeron diversas reformas en el sistema administrativo del Estado.

Después del rechazo de sus diputados por la Asamblea General Constituyente, el caudillo oriental JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS se retiró del sitio de Montevideo, hecho por el cual POSADAS lo declaró “enemigo del pueblo” y ofreció recompensa por su captura “vivo o muerto”. Esa actitud – aunque posteriormente fue revocada.- abrió un abismo entre Buenos Aires y el caudillo, quien, sintiéndose profundamente agraviado, encabezó un vasto movimiento de resistencia que ínvolucró, no sólo a la vecina orilla, sino también a las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba y las antigüas misiones jesuíticas.

A fines de enero de 1814, el general SAN MARTÍN  asumió el mando del Ejército del Norte, que luego entregó a Rondeau para dirigirse a Cuyo a preparar su campaña libertadora de Chile y ambos jefes se mostraron opositores a la política seguida por POSADAS, tras lo cual, uniéndose a ARTIGAS, conformaron una dura oposición al Director Supremo, lo que a la postre, fue uno de los detonantes de su caída.

Sublevación del Ejército del Norte. En mayo de 1814 el Director POSADAS designó a su sobrino , el general CARLOS MARÍA DE ALVEAR,   jefe del ejército sitiador de Montevideo, en reemplazo JOSÉ RONDEAU. La plaza cayó sin mayor esfuerzo —pues el sitio, ya casi había logrado su objetivo de desgaste de las defensas— y el joven militar fue declarado por Asamblea “Benemérito de la Patria en grado heroico”. El 6 de mayo POSADAS autorizó la licencia por enfermedad, solicitada por SAN MARTÍN y dispuso que JOSÉ RONDEAU lo reemplazara en el mando del Ejército del Norte, quien se hizo cargo de este mando en julio de 1814. Mientras tanto, Alvear —de regreso en Buenos Aires después su campaña en Montevideo— dispuso agregar nuevos éxitos a su carrera militar, esta vez al frente del ejército destacado en la frontera Norte. Deseaba emprender una rápida y victoriosa campaña que lo llevara no sólo al Alto Perú sino también al Ecuador y, si era posible a Bogotá, pero antes de emprender la marcha, habiendo ya enviado hacia el norte a sus efectivos, al mando del coronel VENTURA VÁZQUEZ., tal como se suponía, el 3 de diciembre de 1814, fue designado por POSADAS, para que reemplazara en el mando del Ejército del Norte al general RONDEAU.

Acompañado por su Estado Mayor, el nuevo jefe partió de inmediato hacia ese destino, mientras, un grupo de oficiales del ejército acampado en Jujuy —al enterarse de los cambios— se declaró abiertamente en favor de Rondeau y, en la noche del 7 de diciembre, los coroneles MARTÍN RODRÍGUEZ, MANUEL PAGOLA y CARLOS FOREST, entre otros, lograron apresar a VÁZQUEZ y a varios militares partidarios de ALVEAR, tras lo cual, le comunicaron a RONDEAU que estaban dispuestos a sostenerlo por la fuerza de las armas si las circunstancias así lo requerían. Alvear que se encontraba en la Provincia de Córdoba —Posta de Santa Cruz— camino a Jujuy, cuando se enteró de lo sucedido, después de enviar una enérgica desaprobación a esa actitud de indisciplina militar dispuso regresar a Buenos Aires, antes que los sucesos agitaran aun más la ya crítica situación y encontraran apoyo en las tropas de la capital. El 18 de diciembre, RONDEAU informó oficialmente al gobierno de lo sucedido y le anunciaba “que había tomado las medidas que le dictaba la prudencia para aquietar los ánimos” pues las circunstancias “no le habían permitido obrar de otro modo”.

Las causas que provocaron la sublevación del ejército del Norte fueron varias, pero es evidente que el movimiento tuvo su origen en la ambición de ALVEAR y el encono de Rondeau hacia quien lo había reemplazado en el mando de las fuerzas sitiadoras de Montevideo, sin olvidar que la indisciplina era una de las características de esas tropas y que Rondeau —débil de carácter— era militarmente inferior a Alvear.

ALVEAR llegó de regreso a Buenos Aires el 2 de enero de 1815 y la Asamblea General, convocada por el Director POSADAS, se reunió a los pocos días y dio a conocer un manifiesto en el que, luego de exponer la situación del país en esos momentos, daba su aprobación a la obra realizada por el gobierno y calificaba a la sublevación del Ejército del Norte, como un “aciago suceso y rápido conflicto en el orden militar”..Pero no pensaba así la generalidad de la ciudadanía, que censuraba su actitud ante este suceso y le atribuía además el fracaso de las misiones diplomáticas de Belgrano  y Rivadavia, y lo culpaba por la comprometida situación en que se encontraban varias provincias, dominadas por la acción del caudillo oriental ARTIGAS. Como su sobrino Alvear, aprovechara la situación para emerger como líder en esta situación de efervecencia, exigiendole una enérgica represión y severos castigos a los responsables de la sublevación del Ejército del Norte, POSADAS presentó su renuncia el 9 de enero de 1815.

Directorio de CARLOS MARÍA DE ALVEAR (10 de enero de 1815 hasta el 14 de abril de 1815)
Luego de la renuncia de Posadas, la Asamblea puso a votación para decidir quién era la persona que debía suceder a POSADAS por el tiempo que le faltaba para terminar su período. Por mayoría de sufragios,  la elección recayó en el general Carlos María de Alvear, quien prestó juramente el 10 de enero de 1815. Alvear asumió el poder en circunstancias muy difíciles: el retorno de Fernando VII al trono español, la sublevación del Ejército del Norte, el artiguismo promoviendo la guerra civil en el interior y la opinión pública de Buenos Aires, enconada y recelosa hacia el nuevo Director, fueron duras realidades que debió encarar, agravadas éstas desde el mismo día en que prestó juramento, ya que ese día MANUEL DORREGO era derrotado en la batalla de “Guayabos” en la Banda Oriental, obligando a abandonar esos territorios a las tropas de Buenos Aires. ALVEAR buscó y obtuvo el apoyo de la Logia Lautaro (1) para consolidarse en el mando y el tono enérgico y vigoroso que le imprimió a su gestión, sólo sirvió para precipitar su caída.

Para controlar la situación del país, intentó un acercamiento con el Ejército del Norte, pero RONDEAU negó obediencia a la nueva autoridad, por haber sido su elección, “notoriamente contraria a la voluntad de todos los pueblos”. Queriendo contemporizar y limar asperezas, a pesar de esto, ALVEAR lo confirmó en su mando  y envió dos comisionados con el propósito de intentar una reconciliación. También inició negociaciones con ARTIGAS para llegar a un acuerdo en base al reconocimiento de la independencia de la Banda Oriental a cambio de que el caudillo retirara sus fuerzas del litoral argentino, propuesta que fue rechazada de plano por ARTIGAS. Desde mediado de 1814, por designación de POSADAS, el general SAN MARTÍN ocupaba el cargo de Gobernador Intendente de Cuyo y cuando éste se enteró del cambio producido en el gobierno de Buenos Aires, presentó su renuncia. ALVEAR, enconado opositor de SAN MARTÍN, no tardó nada en aceptarla y en nombrar al coronel GREGORIO PERDRIEL para que lo reemplazara. Pero no contaba con que un Cabildo reunido  en Mendoza,  rechazó la medida y confirmó a SAN MARTÍN en el cargo.

Para juzgar la importancia de este episodio, debe tenerse en cuenta que a los intendentes sólo los nombraba el Director Supremo y como SAN MARTÍN fue confirmado en el cargo por el Cabildo de Mendoza, contrariando así las órdenes gobierno de Buenos Aires, esto significaba un acto de auténtica reivindicación del federalismo. Esta naciente corriente tuvo su correlato ya no sólo en el norte y en la región de Cuyo, sino que, creando un nuevo frente de oposición a ALVEAR, la Banda Oriental expresaba similares pretensiones bajo el liderazgo de ARTIGAS, que por otra parte era seguido por varios gobernadores adictos. En Entre Ríos el caudillo EUSEBIO EREÑÚ, en Corrientes JUAN BAUTISTA MÉNDEZ, en Santa Fe FRANCISCO CANDIOTI y en Córdoba, JOSÉ JAVIER DÍAZ, adherían a la causa federal y hasta tenían una Bandera propia de color celeste y blanco, cruzada por una banda roja.

Combatido por la opinión pública, por el Cabildo de Buenos Aires, que se consideraba disminuido en su autoridad y en abierta rebelión el interior, puede afirmarse que la jurisdicción de ALVEAR en su carácter de gobernante, no pasaba de una fracción de la actual provincia de Buenos Aires. Cuando trascendió que el Director Supremo había enviado al exterior a MANUEL GARCÍA para solicitar el protectorado británico sobre las Provincias Unidas, la oposición a ALVEAR aumentó y la situación estuvo a punto de explotar, cuando decretó la incorporación forzada de los ciudadanos a las filas del Ejército, impuso tributos extraordinarios  y embargó bienes pertenecientes a la Iglesia.

Considerando que su situación se había puesto insostenible, ALVEAR, ya un nervioso y descontrolado gobernante, el 28 de marzo de 1815 publicó un decreto por el que condenaba a muerte “a todo el que de palabra o por escrito  censurase al gobierno, divulgara rumores, promoviese la deserción de las tropas y no denunciase conspiraciones contra las autoridades constituídas”.

La sublevación en Fontezuelas. A comienzos de abril de 1815 y debido a la situación imperante, ALVEAR salió de Buenos Aires y se instaló con fuerzas que le eran adictas en el campamento de Olivos. Decididos a derribar al Director Supremo, sus opositores se pusieron en contacto con ARTIGAS y acordaron que éste vanzara de inmediato sobre Santa Fe, para luego dirigirse Buenos Aires a los efectos de tomarla. Enterado de esto ALVEAR, ordenó la salida de 1.600 de sus hombres, bajo las órdenes del brigadier IGNACIO ÁLVAREZ THOMAS, detener tal operación, pero cuando el 3 de abril, estas tropas llegaron a Fontezuelas (localidad cercana a Arrecifes, en la provincia de Buenos Aires), en la ruta a Santa Fe— su jefe se sublevó contra el Director Supremo; mientras en forma simultánea dirigía una violenta proclama al gobierno, haciendo presente en ella, el descontento que los numerosos errores cometidos estaban provocando en la ciudadanía y exigiendo su reununcia inmediata y su reemplazo por una nueva autoridad que contara con el apoyo general.

Disolución de la Asamblea. Renuncia de Alvear. La actitud de ÁLVAREZ THOMAS y de su ejército en Fontezuelas, encontró de inmediato el apoyo de Buenos Aires, donde el general ESTANISLAO SOLER fue su principal operador. Llegada la noticia de la sublevación, Alvear se dispuso a resistir, pero luego optó por elevar su renuncia al cargo de Director Supremo a la Asamblea General, reteniendo empero, el mando supremo de las tropas. El 14 de abril, la Asamblea aceptó la renuncia y para evitar los inconvenientes que había acarreado un gobierno unipersonal, dispuso modificar la ley vigente e instalar nuevamente un Triunvirato (sería el tercero), eligiendo para integrarlo a RODRÍGUEZ PEÑA, SAN MARTIN Y MATÍAS IRIGOYEN.

Al enterarse el pueblo de lo resuelto, manifestó su desaprobación y el 15 de abril salió a la calle, resuelto a imponer su voluntad. La multitud comisionó al general SOLER para que, invocando la representación de la mayoría, exigiese al Cabildo que tomara el gobierno. Ese mismo día se reunió el Ayuntamiento y resolvió pedirle la renuncia de todos sus cargos a ALVEAR, disolver la Asamblea General y dar por nulo el efímero tercer Triunvirato. Desde ese momento, se atribuyó funciones gubernativas y confió el Comando de Armas al general SOLER. Una comisión se trasladó al campamento de ALVEAR para comunicarle lo resuelto, pero regresó con varias proposiciones conciliatorias que éste había presentado y que fueron terminantemente rechazadas. Se envió una nueva diputación para conminarlo a la renuncia, especialmente del Comando de Armas y como Alvear insistía en no entregar el mando y amenazaba con marchar sobre Buenos Aires con tropas adictas, se ofreció como mediador su amigo, Lord Percy, comandante de una fragata inglesa surta en el puerto de Buenos Aires. Luego de varias entrevistas y deliberaciones, finalmente ALVEAR aceptó renunciar, en base a que se le otorgasen garantías a su persona y en la mañana del 17 de abril, entregó el mando militar al coronel JUAN JOSÉ VIAMONTE, alejándose de inmediato rumbo a Río de Janeiro. La revolución de abril de 1815, ha sido catalogada como un “movimiento federal”, por cuanto el gobierno central establecido en Buenos Aires fue derribado por la presión de fuerzas del interior, que lograron la disolución de la Asamblea, la caída de Alvear y la entrega del poder al Cabildo.

(1). Recordemos que a partir de la revolución del 8 de octubre de 1812, dos tendencias se instalaron en el seno de la Logia Lautaro. El ideal revolucionario defendido por San Martín , fue reemplazado por un “partido personalista” acaudillado por Alvear, que vencedora a la postre en esta puja, en la Asamblea del Año XIII y claramente dominada por Alvear fue defenestrada junto con su líder cuando éste cayó el 14 de abril de 1815, dando lugar a que en 1816, bajo la inspiración de San Martín,  surgiera una nueva “Logia Lautaro”, con la dirección de Tomás Guido.

Directorio del general  ÁLVAREZ THOMAS (22 de abril de 1815 hasta el 16 de abril de 1816)
Producida la caída de Alvear, el Cabildo, en su sesión del 18 de abril, dispuso convocar al pueblo de Buenos Aires para que eligiese un grupo de electores con facultades para nombrar un “gobierno provisorio”, hasta la reunión de un Congreso General de las Provincias, para definir el futuro gobierno. Efectuado el escrutinio, el 20 de abril, fue elegido el general JOSÉ RONDEAU para que asuma como Director Supremo provisorio y al general IGNACIO ÁLVAREZ THOMAS en calidad de suplente, para que reemplaze a RONDEAU, mientras éste permaneciese al frente del Ejército del Norte. El Cabildo resolvió también, impedir la repetición de los males que pudieren sobrevenir de un ejecutivo unipersonal, agravado esto, por la disolución de la Asamblea y en consecuencia, dispuso la creación de un organismo colegiado de carácter moderador, con atribuciones para impedir cualquier exceso por parte del Director Supremo en el ejercicio de su cargo. Para ello, de acuerdo con los electores, el Cabildo nombró una “Junta de Observación” integrada por ESTEBAN GASCÓN, PEDRO MEDRANO, ANTONIO SÁENZ, MARIANO SERRANO y MANUEL DE ANCHORENA, y con MANUEL OBLIGADO y DOMINGO ZAPIOLA, como suplentes. El 22 de abril de ÁLVAREZ THOMAS prestó juramento, pero hasta tanto la Junta de Observación dictara un Estatuto Provisional”, se le limitarían las atribuciones, pudiendo ejercería solamente el mando militar, quedando las responsabilidades políticas a cargo del Cabildo.

No todas las provincias aprobaron el procedimiento adoptado y las de Cuyo —por intermedio de SAN MARTÍN— exigieron una inmediata convocatoria de los diputados de todos los pueblos con el objeto de reunir un Congreso General. El descontento de las provincias se tornó unánime y la Junta de Observación no tardó en entrar en colisión con el Director Supremo. Varias causas conspiraban contra el éxito de sus funciones. Una de éstas y quizás la principal, era que la Junta que debía promulgar un Estatuto, era eminentemente “porteña” y eso no era bien aceptado por los “federales”. Sus atribuciones serían sólo las que le confiriera el Cabildo y como era el producto de una revolución federal, siguió una política de acercamiento con ARTIGAS, olvidando que en esos momentos, era imposible una alianza entre el centralismo porteño y el intransigente federalismo del caudillo oriental. Finalmente, superando todos estos inconvenientes, la Junta de Observación dictó el “Estatuto Provisional de 1815”.

El 6 de enero de ese año fue aceptado y jurado por el Director Suplente ÁLVAREZ THOMAS, quien a partir de ese momento pasó a ejercer el mando supremo de las Provincias Unidas. El nuevo mandatario trató de mantener el equilibrio político de su gobierno, agitado por los problemas exteriores, las discordias internas, la actitud de ARTIGAS y sus seguidores y el conflicto de poderes que mantenía con la Junta de Observación, que paulatinamente pretendió imponerle su autoridad. Considerando que era imprescindible para lograr la estabilidad de su gobierno, y creyendo que sería una tarea fácil, ÁLVAREZ THOMAS, intentó llegar a un acuerdo con ARTIGAS, recordando que éste había sido uno de los cabecillas del movimiento que derribó a ALVEAR. Comenzó instruyendo al Cabildo, para que, dando un giro de ciento ochenta grados, reconsiderara su actitud hostil hacia el caudillo oriental y lo declarara “ilustre y benemérito jefe de los orientales”, mientras enviaba comisionados al campamento de “la Purificación (sobre el río Uruguay), para pactar un cese de las hostilidades. La respuesta de Artigas, consensuada con sus aliados, los gobernadores de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba, contenía una serie de exigencias que hacían prácticamente imposible llegar a una solución amistosa de la situación. En consecuencia, el Director ÁLVAREZ THOMAS y la Junta de Observación, resolvieron cerrar el paso del río Paraná a las fuerzas de ARTIGAS y enviaron al general JUAN JOSÉ VIAMONTE para que al mando de un ejército se dirigiera a la provincia de Santa Fe para hacerse cargo de su gobierno.  Así lo hizo VIAMONTE, pero poco duró su mandato, pues fue derrotado  por el general artiguista MARIANO VERA, al mando de efectivos de las provincias secesionistas.

Ante la derrota de VIAMONTE, el gobierno de Buenos Aires designó al general MANUEL BELGRANO (que ya había  regresado de la misión diplomática que se le encomendara), jefe de las tropas de debían marchar nuevamente hacia la provincia de Santa Fe para retomarla. BELGRANO, antes de iniciar algún tipo de ofensiva, prefirió pactar con ARTIGAS y para ello comisionó al general EUSTAQUIO DÍAZ VÉLEZ, para que iniciara negociaciones de paz con Artigas. DÍAZ VÉLEZ se extralimitó en sus atribuciones y el 9 de abril de 1816, firmó con el representante artiguista COSME MACIEL, un armisticio, a todas luces irracional para Buenos Aires, conocido como el “Pacto de Santo Tomé”, mediante el cual se disponía la evacuación inmediata de todos los efectivos porteños que ocupaban la provincia de Santa Fe, la destitución del Director Supremo y la separación de BELGRANO del mando del ejército, quien debía ser reemplazado por el mismo DÍAZ VÉLEZ.

Al conocerse en Buenos Aires los términos de este Pacto y que las tropas al mando de DÍAZ VÉLEZ estaban dispuestas a forzar con las armas, su cumplimiento, el 16 de abril de 1816, ÁLVAREZ THOMAS presentó su renuncia a la Junta de Observación.

Directorio de ANTONIO GONZÁLEZ BALCARCE. (17 de abril de 1816 hasta el 12 de junio de 1816)
La Junta de Observación y el Cabildo aceptaron la renuncia de ÁLVAREZ THOMAS y de inmediato nombraron al general ANTONIO GONZÁLEZ BALCARCE para que asumiera como nuevo Director Supremo. BALCARCE se hizo cargo del gobierno el mismo 17 de abril de 1816 y con este acto, quedó claramente en evidencia que el grupo dirigente de Buenos Aires mantenía una actitud decididamente centralista, por cuanto el Director Supremo gobernaba “las Provincias Unidas” y no era un proceder ético ni aceptable, que dos organismos porteños (la Junta de Observación y el Cabildo de Buenos Aires), designaran sucesor para tan alto cargo, sin consultar al Congreso que ya estaba reunido en Tucumán, ni al legítimo titular de dicho cargo, el general RONDEAU que aún se hallaba en la frontera Norte. Por ello, al enterarse el Congreso de este nombramiento, el 3 de mayo de ese año, procedió a designar como Director Supremo titular, al general JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN y le comunicó al general BALCARCE, que la jurisdicción de su mando quedaba circunscripta solamente al ámbito de la provincia de Buenos Aires. La actitud rebelde de las provincias, particularmente las del litoral, se acentuó durante el transcurso del gobierno de PUEYRREDÓN. Los intentos por controlar la actitud hostil del interior fracasaron y a comienzos del año 1819, los caudillos ESTANISLAO LÓPEZ (San Fe) y FRANCISCO RAMÍREZ (Entre Ríos), eran los jefes indiscutidos de sus provincias y decididos opositores ade las políticas de Buenos Aires.

Ante la gravedad del problema, el Director Pueyrredón decidió emprender una campaña para lograr el control de la provincia de Santa Fe y a esos efectos, solicitó sin éxito, la cooperación de las tropas del general SAN MARTÍN, que estaba organizando en Cuyo su campaña libertadora del Perú. En abril de 1819, mediante el “Tratado de San Lorenzo”, la lucha en el Litoral fue suspendida, pero la tregüa duró poco pues la sanción de la “Constitución unitaria” (20 de abril de 1819), por parte del gobierno porteño, encendió de nuevo la discordia y se reanudaron las hostilidades. Se activan así nuevamente, las razones que impulsaron el alzamiento de las provincias del Litoral y de Córdoba: Se acusaba al gobierno central de pretender “entregar el país a príncipes extranjeros”, contrariando el anhelo republicano de la mayoría (ver “Misiones diplomáticas a Europa” en Crónicas) y se le reprochaba la mala política que se había seguido con la intervención que ordenara contra las provincias de Santa Fe y Entre Ríos.

Fatigado por tantos inconvenientes y presagiando el advenimiento de males mayores aún, PUEYRREDÓN presentó su renuncia. El 11 de junio le fue aceptada y el Congreso designó para que lo reemplazara con carácter de interino, nuevamente al al general JOSÉ RONDEAU.

Directorio del General Juan Martín de Pueyrredón (3 de julio de1816 hasta el 09 de junio de  1819).
Pocos días después de su incorporación al Congreso General Constituyente que se reunió en Tucumán en 1816, el diputado por San Luis, JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN fue nombrado Director Supremo de las Provincis Unidas del Río de la Plata. De inmediato y antes de viajar a Buenos Aires para hacerse cargo, viajó a Trancas (provincia de Tucumán) y se entrevistó con el general JOSÉ RONDEAU, comandante del Ejército del Norte y poco después en el Fuerte de Cobos (provincia de Salta), con MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES, líder de las montoneras que se oponían al paso de los realistas en la frontera norte.

Siguió luego su marcha hacia Buenos Aires y antes de llegar, se entrevistó también con JOSÉ DE SAN MARTÍN, presumiblemente para analizar detalles de la campaña a Chile que éste estaba madurando, proyecto que a partir de entonces, fue decididamente apoyado por PUEYRREDÓN, quien, comprendiendo la gravitación que la independencia de Chile y Perú, tendría sobre la reciente independencia argentina y su consolidación, durante dos años, le otorgó a este proyecto, centro de gravedad de su gestión,  su máxima dedicación.

Detengámonos aquí para recordar que como sutil estratega, SAN MARTÍN comprendió que el peligro de la reconquista del poder por parte de España, cuyo gobierno estaba decidido a no perder estas colonias, vendría del este y del norte. En Chile y en el Alto Perú, España había logrado consolidarse, tenía allí no sólo el poder político sino que había concentrado en esas plazas, gran cantidad de efectivos y armas y era lógico pensar que desde esos dos emplazamientos lanzaría su contraofensiva contra los criollos, mediante un movimiento de pinzas que sería mortal. Desbaratar esta estrategia, fue el objetivo de SAN MARTÍN, tarea que felizmente, contó con el apoyo incondicional de PUEYRREDÓN, actitud que por sí sola, lo hace merecedor del honroso sitial en el que lo ha colocado la Historia Argentina.

El 29 de julio de 1816 PUEYRREDÓN llegóa Buenos Aires y asumió el cargo, nombrando como ministros al doctor VICENTE LÓPEZ Y PLANES como Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, al doctor DOMINGO TRILLO como Ministro de Hacienda y al doctor FLORENCIO TERRADA como Ministro de Guerra y Marina. Consecuente con su decisión de apoyar decididamente a SAN MARTÍN, dispuso el envío de efectivos, armamento y equipos de campaña al Ejército de los Andes y trasladó para que revistaran en él, a los mejores oficiales que tenía en actividad. Para recaudar fondos destinados a sufragar los gastos de la travesóa de los Andes y su irrupción en Chile, entre otras medidas que tomó para ello, ordenó que los capitanes HIPÓLITO BOUCHARD y GUILLERMO BROWN salieran en excursiones de corso y no dejó de tomar medida alguna que sirviera para ese fin.

Durante su gobierno, debió sortear muchos inconvenientes y su gestión no tuvo el mismo empuje y los buenos resultados que tuvieron las acciones destinadas a lograr el éxito del proyecto del Libertador SAN MARTÍN. Reorganizó y potenció la influencia de la Logia Lautaro, creada entre otros por el general SAN MARTÍN, quedando a partir de ese momento presidida por el doctor GREGORIO GARCÍA DE TAGLE y con el nombre de “Gran Logia” o “Logia Ministerial”. Estableció las primeras instituciones científicas de la capital, creando en 1817 el “Colegio de la Unión del Sud” sobre la base del antiguo “Colegio de San Carlos, instituciónen la que fue docente el filósofo Juan Crisóstomo Lafinur. Puso fin a los desórdenes que sacudían a la provincia de Salta  y desarrolló una política conservadora ante los continuos desórdenes públicos que sacudían el país, lo que desagradó a la opinión pública.

Muchas de sus iniciativas se vieron frustradas y entre ellas se puede mencionar el avance de la frontera sur hacia territorios dominados por los aborígenes, la no fundación de un Banco nacional que pensaba llamar “Caja Nacional de Fondos” y varios repetidos intentos de coronar a un príncipe europeo como “rey del Río de la Plata”. Fiel a las ideas originarias de la Logia Lautaro que pretendían  la creación de un estado “constitucional, liberal y unitario”, persiguió a la oposición, federal, desterrando a varios de sus dirigentes, entre ellos a MANUEL DORREGO, VICENTE PAZOS KANKI, FELICIANO CHICLANA, MANUEL MORENO, MANUEL PAGOLA. Combatió con todos los medios a su alcance a los partidarios de las ideas “federales” que ya dominaban en casi todas las provincias y no permitió intentos de autonomía por parte de ellas, nombrando a todos sus gobernadores. Y para asegurarse la unidad de los poderes omnímodos, ordenó trasladar el Congreso de Tucumán a Buenos Aires y expulsar de su seno a los diputados que se opusieron a esa medida.

Pueyrredón fue duramente criticado por los federales, que lo acusaron de complicidad con los portugueses por tolerar y hasta estimular la invasión a la Banda Oriental en 1816 (Portugal ya la había invadido por primera vez en 1811), logrando mediante esta segunda invasión, que esos territorios fueran incorporados con el nombre de “Provincia Cisplatina” al reino lusitano. Nos permitiremos exponer ahora, en su más cruda realidad, la falta de ecuanimidad con la que se escribe la Historia. Consignaremos primero la visión “federal”  y luego la “unitaria” sobre la actuación de este  personaje en vinculación con la invasión portuguesa a la Banda Oriental.

Dicen a este respecto los “federales”: Como no pudo derrotar en campaña al caudillo federal de la Banda Oriental JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS, intercedió ante el embajador de Portugal, para que ese país europeo invadiera la Banda Oriental, prefiriendo perder esos territorios heredados de la corona española, a cambio de afianzar su poder sobre el resto de ellos. Y cuando ARTIGAS reclamó su ayuda, le contestó que no podía  colaborar más para expulsar a los portugueses del territorio oriental, porque todos los recursos iban al Ejército de los Andes. Después de producida la invasión portuguesa (que él propiciara), reemplazó al gobernador federal de Córdoba por uno adicto y envió una serie de expediciones a las provincias federales que se resistían a su autoridad central (dos contra Santa Fe, tres contra Entre Ríos y una contra la Banda Oriental) y aun así, no consiguió doblegar la resistencia federal del litoral.

Dicen los “unitarios”: Cuando Pueyrredón llegó al gobierno como Director Supremo,  la invasión portuguesa a la Banda Oriental ya estaba en marcha y el Congreso adoptó una posiciónn neutral que éste no compartía y si bien se mostró dubitativo al principio, terminó por aceptarla pocos meses después ya que ante la falta de recursos que le imposiblitaba tomar medidas militares más concretas y efectivas, debió limitarse a exigir a los portugueses que no sobrepasaran la línea del Río Uruguay, política de tolerancia que incrementó el resentimiento de los pueblos del Litoral hacia el Director Supremo.

La oposición feroz de los federales porteños, la rebelión  de caudillos provinciales, la escasez de recursos que frustraba su deseo de apoyar eficazmente el proyecto sanmartiniano, el aislamiento internacional al que fue sometido el país, luego de la Revolución de Mayo  y las presiones que ejercían “los monárquicos” para establecer una monarquía constitucional en las Provincias Unidas, fueron algunos de los inconvenientes que se le presentaron a lo largo de sus 35 meses de gobierno, que sumados al mal manejo con el que pretendió sortearlos, fueron  la causa de su caída.

Tantos enemigos y tantas frustraciones; sublevadas las provincias de Santa Fe y Entre Ríos, acusado de ambiciones presidencialistas y de un desmedido deseo promonárquico que inspiró una gran desconfianza incluso entre sus más allegados correligionarios, después de que las provincias, considerando estar ante un nuevo intento de sometimiento del país a los dictados del gobierno de Buenos Aires, ya que acababa con las aspiraciones federalistas de buena parte de la población,  rechazaran rotundamente la Constitución que sancionara y que peyorativamente fuera conocida como “la Constitución unitaria”, Pueyrredón acabó dimitiendo el 11 de junio 1819.

Directorio del general JOSÉ RONDEAU (11 de junio de 1819 hasta el 1º de febrero de 1820)
Una vez que asumió el cargo de Director Supremo interino y decidido a terminar con la sublevación federal, el general JOSÉ RONDEAU, ordenó que el general FERNÁNDEZ DE LA CRUZ, al frente en esos momentos, del ejército Auxiliar del Norte,  regresara a Buenos Aires para comprometer la fuerza en la lucha contra las provincias rebeldes. El general DE LA CRUZ llegó a Córdoba a mediados de diciembre de 1819 y desde allí continuó su marcha hacia la provincia de Buenos Aires, donde debía reunirse con otras fuerzas. Al pisar territorio santafesino, en la “Posta de Arequito” (sobre la margen derecha del río Carcarañá), parte de sus tropas, lideradas por el general JUAN BAUTISTA BUSTOS y el coronel ALEJANDRO HEREDIA, se sublevaron en la noche del 7 al 8 de febrero de 1820, manifestando su firme decisión de no participar más en acciones derivadas de una guerra civil. Ante la imposiblidad de someter a las fuerzas sublevadas, DE LA CRUZ capituló con Bustos, quien tomando el mando del Ejército Auxiliar del Norte, retrocedió hasta Córdoba, rechazando insistentes reclamos de los caudillos del Litorl para que empleara esa fuerza contra efectivos de Buenos Aires. Cuando Bustos llegó a Córdoba, se hizo nombrar gobernador de esa provincia, siendo rápidamente imitado por otros caudillos provinciales, que siguiendo su ejemplo, se declararon independizados de la autoridad de Buenos Aires y asumieron el gobierno de sus provincias (JUAN FELIPE IBARRA en Santiago del Estero, DUPUY en San Luís y BERRENECHEA en La Rioja). Para cerrarle a los montoneros, el paso a Buenos Aires, el Director RONDEAU concentró sus tropas en Luján, mientras los caudillos federales hacían lo propio en Santa Fe, en proximidades del “Arroyo del Medio”

Para adelantarse a los invasores, el general Rondeau avanzó hacia San Nicolás, donde se unió con efectivos del general BALCARCE y desde allí, al frente de unos 2.000 hombres marcharon ó hacia la “Cañada de Cepeda”.

Directorio (sustituto) de JUAN PEDRO AGUIRRE (1º de febrero de 1820 hasta el 11 de febrero de 1820).
No deseando que las responsabilidades de gobierno, quedaran acéfalas mientras RONDEAU estab en campaña contra los caudillos federales, el º de febrero de 1820, el Cabildo de Buenos Aires, resolvió nombrar “Director Sustituto” a JUAN PEDRO AGUIRRE, que se desempeñaba como Alcalde de primer voto y principal funcionario del Cabildo porteño.

Mientras tanto, el mismo día que asumía como su suplente JUAN PEDRO AGUIRRE, el general RONDEAU,  al frente de las tropas de Buenos Aires lleg{o a la Cañada de Cepeda y se trabó en combate contra el grueso de las fuerzas federales (unos 1.500 hombres) y sólo por la notable capacidad del general BALCARCE, las tropas de Buenos Aires  pudieron rescatar parte de sus efectivos, pues la derrota que sufrieron fue total y absoluta. Los caudillos vencedores prefirieron iniciar negociaciones antes de avanzar sobre Buenos Aires y para ello  RAMÍREZ y LÓPEZ enviaron sendas notas al Cabildo de Buenos Aires, desconociendo cualquier otra autoridad e intimando la destitución del Director Supremo, la supresión del Congreso y la adopción del sistema federal de gobierno.

El 11 de febrero de 1820 el Director RONDEAU y el Congreso cedieron a esta intimación y así, con la caída del útimo Director Supremo y con él, la caída del Directorio, las autoridades nacionales cesaron en sus funciones. A partir de esta fecha, habiendo sido disueltos todos los poderes vigentes, el Cabildo de Buenos Aires toma a su cargo las responsabilidades otorgadas al Director Supremo y nombra Gobernador provisorio de Buenos Aires, al doctor MIGUEL DE IRIGOYEN.

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