LOS DESFILES MILITARES, UN GRAN ESPECTÁCULO POPULAR (1835)

LOS DESFILES MILITARES, UN GRAN ESPECTÁCULO POPULAR. Desde los tiempos de Rosas, la avenida Santa Fe vio marchar los escuadrones de infantería y los armones de la artillería por los terrenos de Palermo, haciéndose cada vez más importantes por el progresivo incremento de sus cuadros de jefes y oficiales que se producía, hacia finales del siglo, al ir aumento la instalación de cuarteles en las cercanías del arroyo Maldonado. Cuando en 1894, quedaron terminadas las obras que libraron al público la Avenida de Mayo, comenzaron a realizarse allí los desfiles militares con todos sus efectivos, arrancando sinceros aplausos en todo el pueblo, por cuanto, en aquella época, un nexo de admiración y respeto lo unía a nuestras fuerzas armadas. Si bien el desfile propiamente dicho se llevaba a cabo en la histórica avenida trazada simbólicamente entre las sedes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, como las tropas se movilizaban por Santa Fe y entraban, en un principio, por Callao hasta la avenida de Mayo, el público festejaba los primeros brillos de los uniformes y de las armas a lo largo de esta avenida que a partir de la década del 40, por iniciativa de JOAQUÍN ROËL y otros propulsores de la zona, fue identificada como “La Gran Vía del Norte”. Era indescriptible el entusiasmo patriótico que animaba a la gente, sin excepción, al extremo de que en todas las casas se adelantaba la hora del almuerzo para no perder ningún detalle. Las marchas ejecutadas por las bandas militares y la gallardía del Tambor Mayor que dibujaba el aire con singular maestría, encendía la admiración popular y el asombro de los niños llevados “a babuchas” por sus padres. A veces los desfiles se debían no a una festividad patria sino a un homenaje póstumo, como ocurrió el 2 de julio de 1896 cuando las tropas debieron concurrir a la calle Cuyo (hoy Sarmiento) 1752, para escoltar el ataúd de LEANDRO N. ALEM hasta su última morada en el Cementerio de la Recoleta. También se prestaba a la admiración, el paso del Regimiento de Granaderos a Caballo cuando recorría la calle La Florida hasta la Casa Rosada, acompañando como guardia de honor a algún ministro plenipotenciario extranjero que concurría a presentar sus cartas credenciales al presidente de la Nación. Fue pasando el tiempo y las paradas militares siguieron efectuándose en la Avenida de Mayo, pero en sentido inverso. Las fuerzas se concentraban a lo largo de la actual avenida del Libertador y un pequeño dirigible se fijaba a la altura de la Plaza del Congreso, constituyendo una nota atractiva, si bien no puedo precisar cómo era trasladado, ya que no se trataba de un globo cautivo común. El fervor que los desfiles militares despertaban en la población, hicieron necesario que se buscara un escenario con mayor capacidad, capaz de albergar las multitudes que se congregaban para presenciarlos. Así fue como los desfiles se trasladaron a la avenida Alvear, luego llamada “del Libertador”, emplazamiento que durante muchos años fue escenario de esta fiesta popular.

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