LOS CHASQUIS (1474)

LOS CHASQUIS. Eran mensajeros que recorrieron los caminos de la Patria, durante la guerra de la Independencia, herederos de sus antecesores indígenas, iniciadores de un sistema de comunicación que fue casi excluyente, cuando ni el caballo se conocía. Mente despejada, fidelidad, confianza y reserva fueron atributos de los chasquis criollos que cruzaron los caminos de la Patria con mensajes y partes.

Agregaban a su destreza para cabalgar, su pericia en la técnica del viaje propiamente dicho y, desde luego, el conocimiento del terreno y la habilidad para interpretar las huellas, con lo cual sintetizaban, en uno, las habilidades del baquiano y del rastreador. No sólo trasportaban correspondencia, sino también dinero y mensajes importantes y secretos, confiados a su memoria y a su reserva inquebrantable, más dignas de fe que los pliegos lacrados que podían ser violados por enemigos, o por indios maloqueros, pero no su fidelidad y reserva. Además de los peligros de humanos que acechaban su paso como lo eran los salteadores, malones indígenas y partidas enemigas, afrontaban los que le oponía la naturaleza desatada en tormentas e inundaciones o desvastada por los incendios de los campos. Los chasquis tenían su apoyo, su complemento indispensable en las Postas, donde renovaban su cabalgadura y descansaban cuando las circunstancias se lo permitían (ver “Las Postas” ).

Los chasquis cumplieron un papel de importancia económica y práctica, por una parte, pero, por otra, fueron con frecuencia protagonistas de hechos históricos, y normalmente se desempeñaron, aun sin comprenderlo del todo, como difusores de noticias y agentes de cultura. Así, actuaron como un germen personalizado del periodismo: fueron verdaderas “gacetas ambulantes”, como dicen los hermanos ROBERTSON refiriéndose a LEIVA, el correo por ellos contratado hacia 1815, para comunicarse entre Corrientes y Goya. “Leiva, cuenta Robertson, “era un hombre formal, grave, imperturbable. Nunca parecía estar apurado y era al mismo tiempo el más exacto de los mensajeros. Funcionaba como máquina jamás descompuesta, era exacto a la manera de un reloj. Viajó con tiempo bueno y malo, llevando consigo, no solamente la corresondencia, suino monedas de oro en gran cantidad. Viajaba solo, en una distancia de hasta 150 millas y nunca perdió una carta ni tuvimos un momento de inquietud por la suerte del dinero que enviábamos con él”. Años después, MARTINIANO LEGUIZAMÓN encontraría en su casa paterna al viejo correísta Leiva, que conocía las familias principales de Entre Ríos, “de cuyos secretos fue leal depositario en más de una ocasión”. .. “Nada era capaz de detenerlo en el cumplimiento de su deber. Para él no había más que un anhelo y una preocupación: llegar a su destino en el dia señalado. ¡Y ni el frió, ni el sol, ni los ríos desbordados, ni los peligros de los bosques fueron capaces de hacerlo faltar jamas!”.

En las Postas se sabia la hora precisa de su llegada y ya le esperaban con el caballo listo para proseguir el camino a galope tendido, con su inseparable valija de correspondencia en la grupa. Los habitantes del campo le reconocían desde lejos por los remolinos de polvo que alzaba en su precipitada marcha y cuando tenían necesidad de sus servicios, le salían al encuentro. Satisfecha la curiosidad o anotado el pedido en lo profundo de su memoria, seguro de que ya no la olvidaría, encendía un cigarrillo, apretaba la mano de su interlocutor, hincaba la espuela al caballo y volvía a emprender viaje a través de las llanuras, para perderse en seguida en la penumbra trémula de los montes (texto extraído del libro “Recuerdos de la tierra”). Por extensión se les llamó chasquis a mensajeros cali­ficados, como el comandante Leiva, que viajó en nueve días de Catamarca a San Nicolás, para entregar un mensaje al general Urquiza, o como Calixto R. Gauna, llamado “el gaucho Gauna”, soldado de Güemes, que realizó la proeza de llegar a Buenos Aires galopando desde Salta, en sólo ocho días, para traer la adhesión del Cabildo salteño a la revolución de Mayo. El primer Gobierno patrio quiso conmemorar esta hazaña dando el nombre de'”camino de Gauna” a la ruta seguida. En la entrada a la Capital, es la actual calle Gaona, en la que se ha alterado el verdadero nombre del admirable jinete salteño.

2 Comentarios

  1. Juan Calos Gauna

    Se debería poner el nombre original que es CALIXTO R. GAUNA, modificando el nombre de la calle.

    Responder
    1. Horacio

      Señor Gauna: Totalmente de acuerdo con Usted. Me parece una irreverencia y una falta de respeto el uso político que se hace a la potestad que tienen lo legisladores para cambiar a su antojo la Historia de la Patria.

      Responder

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.