LOS ALEMANES DEL VOLGA EN ENTRE RÍOS (1876)

En el año 1876 y siendo Presidente de la República el Doctor NICOLÁS AVELLANEDA, se dictó la ley 817, de inmigración y colonización, intentando promover la inmigración de colonos de Europa Central. La República Argentina de entonces, un país ganadero, en manos de terratenientes y latifundistas,  tenía su agricultura aún en pañales y había que dedicarse a producir la tierra y a la par, aumen­tar la población del campo donde la Pampa infinita albergaba, en grandes distancias, algún que otro rancho de gaucho y terminaba en su frontera con toldería de los indios y algunas pocas  estancias a cargo de un puestero con numeroso ganado a cuidar y el país no sobrepasaba en mucho los dos millones de habitantes.

Mientras tanto en la lejana Rusia, en las colonias alemanas junto al Río Volga los germanos se sentían presionados por el Zar Alejandro III y la nefasta influencia de su esposa,  que odiaba todo lo germánico. Para entender la presencia de aquellas colonias alemanas en Rusia, quiero recordar que Catalina II, princesa alemana, a la sazón emperatriz y zarina de Rusia, al acce­der en 1762 al trono,  decidió colonizar las estepas y llanuras sureñas- que flanqueaban el Río Volga y mediante dos edictos tentadores que lanzó sobre Europa Central, sobre todo en Alemania, invitaba y atrajo hacia Rusia 30.000 personas, la mayoría alemanes, cuyo número fue ampliado más tarde.

Fue evidente que la intención no manifiesta de Catalina era más amplia y lo que pretendía era instalar una barrera humana de contención que le era necesaria contra las repetidas incursiones de bandidos, fugitivos de la justicia y hordas de mongoles que llegaban desde el Asia Central asaltando y robando las caravanas de mercaderes que abastecían las ciudades rusas ubicadas cerca del Río Volga.

Allí llegaron nuestros ancestros. No encontraron nada de lo prometido y en plena estepa, tuvieron que sobreponerse y empezar desde la nada. Con el correr del tiempo, gracias  a su esfuerzo, constancia y ayuda- de Dios, lograron un alto grado de vida en el orden social, económico v cultural. Pero los tiempos fueron cambianbdo  y a de 1870, .algunos grupos de familias comenzaros a emigrar a los Estados Unidos y Canadá y en 1877,  a los 114 años de su llegada a Rusia, empezaran a fijar sus esperanzas  en América del Sur, por lo que, en noviembre de 1877, un grupo  de 1006 personas partieron con destino a Brasil, pero, por una razór especial e inesperada, llegaron a la Argentina.  ¡Dios quiso que así fuera!, por lo que entre el 5 y el 6 de enero de 1878, desembarcaron en el Puertop de Buenos Aires.

Alojados en el Hotel de Inmigrantes, después de una semana de deliberaciones y ofrecimientos que les llegaban desde distintos lugares, decidieron radicarse en Entre Ríos y el  25 de enero de ese año, arribaron en barco a Diamante, que por entonces era un villorrio. Llegaban protegidos por la mencionada ley 817 de Inmigración, lo que les daba esperanza, seguridad y apoyo. Gobernaba entonces la Provincia el Doctor RAMÓN FEBRÉ (1873-1879).

Como el 20 de enero de 1878 el presidente Avellaneda había decretado la expropia­ción de 20.000 Has. de tierra en el Departamento  Diamante de la provincia de Entre Ríos para sereles adjudicado, allí se instalaron y así nació la Colonia General Alvear, donde se ubicó a este grupo de pioneros, que, por segunda vez en su vida,  nuestros abuelos y bisabuelos debieron “empezar de nuevo”, pero ahora, en la que sería su Patria definitiva.

Hasta esa entonces, en esa zona entrerriana,  sólo se sembraban por año 14 Has. de trigo por lo que todo tuvo que hacerse de nuevo. Una vez mensuradas las chacras (de 44 has y 45 áreas cada una ) les fueron adjudicadas en venta y por sorteo a cada familia (con plazo de pago a 10 años). Los alimentos esenciales se les entregaban como «adelanto de cosecha», con libreta, donde se anotaba todo y las herramientas y útiles de labranza les ran provistos con cargo a pagar..

Hubo que desmalezar, voltear viejos y ruinosos árboles, arar, arrancar raíces centenarias y nivelar, estas tierras, que resultaron de una asombrosa fertilidad. Tuvieron que inventar y construír arados de hierro para poder arar este  suelo que jamás había sido hollado ni cultivado, instalar aguadas, construír sus viviendas, corrales y galpones. Pero a los  seis mese ya estaban aquerenciados y listos para comenzar la siembra, habiendo surgido como por encanto  cuatro  aldeas simultáneamente. Perfectamente proyectadas y trazadas,  con sus casas, cuyos techos a “cuatro aguas”, como las que tenían en Rusia, estaban pintadas de blanco a la cal y rodeando un predio donde se alzaban la Iglesia y la Escuela.

Las cuatro primera Aldeas que se fundadaron  simultáneamente fueron la  “Valle María San Francisco”,”Keller” (Salto o Santa Cruz), “Spatzenkutter” (o campo María) y “Protestante” (o aldea de los Agricultores), a las que 1879, se agregó la “Aldea brasilera”, fundada por uno de los grupos que se habían quedado en Río Grande (Brasil), que decidió unirse a ellos. Al año siguiente en todas ellas  se sembraba lino, maíz cebada, centeno, pero por sobre todo trigo, sobresaliendo en pocos años,  la “Colonia General Alvear” por su excepcional prosperidad.

A medida que nacían sus hijos los anotaban como argentinos y cada padre soñaba con contarles algún día su historia tan particular con un final feliz: «Un país que los recibió con los brazos abiertos sin preguntarles ni exigirles nada y que les dio todo: trabajo, respeto, paz y  prosperidad. Con el paso de los años,  estas numerosas familias fueron crfeciendo y comenzó a resultarles escasa la tierra que disponían. Fueron por eso comprando otros terrenos en lugares más alejados y se fueron fundando nuevas Aldeas, que fueron después, prósperas ciudades que salpicaron la geografía entrerriana con sembradíos y poblados.

Los Alemanes del Volga junto a inmigraciones de otras etnias,  dieron a la Provincia de Entre Ríos, lo mejor de sus vidas: sus hijos,  su capacidad de trabajar,  su tesón y su profunda Fe en Dios. “Nuestra gente” ha puesto al servicio de su nueva Patria, prácticamente todas las profesiones y oficios que fueron capaces de desempeñar, tanto sea desde la cultura, el comercio, la industria o la actividad agropecuaria y ya, en el año del Centenario, eran 30.000 los alemanes del Volga que vivían en Entre Ríos y casi 90.000 en todo el país (“Voces entrerrianas” Nº18, Emma Barón de Dening)

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