LOS ABORÍGENES Y LAS INVASIONES INGLESAS (1806)

Durante las invasiones inglesas, el 17 de agosto de 1806, el enviado indígena FELIPE llegó a Buenos Aires para ofrecer en nombre de 16 caciques pampas, tehuelches y pehuenches, los auxilios que se necesitasen para expulsar a los ingleses, diciendo que (…) estaban prontos a franquear gente, cavallos y quantos auxilios dependiesen de su arbitrio para que ese Ilustre Cabildo echase mano dellos contra los colorados, cuio nombre dio a los ingleses (…) que tendrían mucho gusto que se les ocupase contra hombres tan malos como los colorados (…)

El Cabildo le dio las gracias, pero declinó el ofrecimiento y lo despidió con grandes muestras de amistad, entregándole aguardiente y yerba como regalos.. El 15 de septiembre FELIPE retornó junto con el cacique CATEMILLA (Catermilla o Cateremilla) con el mismo ofrecimiento e informando además, que los 16 caciques habían concertado la paz con los ranqueles, quienes se encargarían de defender la frontera de un ataque británico desde las salinas hasta la Cordillera de los Andes, mientras que los 16 caciques con sus guerreros, protegerían la costa marítima desde el Tuyú hasta Carmen de Patagones en tres líneas defensivas.

El 22 de diciembre de ese año una delegación de 10 caciques se presentó nuevamente en Buenos Aires con iguales proposiciones de ayudar a expulsar a los “colorados”, siendo ceremonialmente recibidos por el Cabildo y una semana más tarde, el 29 de diciembre,  se presentaron los caciques EPUMER, ERREPUENTO Y TURRUÑAMQUII, en representación e los caciques CHULI LAGUINI, PAYLAGUAN, CATEREMILLA, NEGRO, MARCIÚS, LORENZO, GUAYCOLAM, PEÑASCAL, LUNA y QUINTUNY que llegaron para ofrecer el refuerzo de 10.000 guerreros que se hallaban acampados en la laguna de Cabeza de Buey y en las cercanías de Tapalqué. Se les agradeció el ofrecimiento y se les recomendó no avanzar hacia Buenos Aires, quedando en cambio en misión de vigilncia sobre las costas del Río de la Plata y atentos por si se les reclamaba acudir, en caso de necesidad. Más tarde, ya expulsados los ingleses, SANTIAGO DE LINIERS en su carácter de virrey interino, reconoció al cacique ranquel CARRIPILÚN como “rey de todos los pampas y le regaló un uniforme con insignias de general.

 

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