Lo quisiera merecer

En el habla de los pobladores de la campaña argentina, la caballerosidad y el respeto que les eran propios,  se reflejan perfectamente en los eufemismos con el que nuestros gauchos suavizaron la aspereza y hasta la procacidad de algunos de los términos y giros frecuentes heredados del vocabulario español de la conquista. Esta cortesía innata de su personalidad, porque el gaucho no tuvo otra escuela que la rueda del fogón en la vieja estancia criolla, se manifiesta también en otras varias formas de su lenguaje. Así es que cuando las “mentas” ensalzan la capacidad o habilidad extraordinaria de un individuo, en cualquier actividad que ésta sea: juego, esgrima, coraje, doma, canto, guitarreando, manejando el lazo o las boleadoras y otras muchas más, puede ocurrir que uno de los oyentes, que a su vez se considere con especiales condiciones en aquello que se le está elogiando a otro, exprese sus dudas o su humilde desacuerdo, con una fórmula carente de agresividad y llena de modestia: “lo quisiera merecer” dice. Pero lo que en realidad quiere decir es  “me gustaría que me hiciera el honor”, el favor de medirse conmigo, para que de esa “topada” o encuentro, pueda dilucidarse quién es el mejor.

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