LO DE HANSEN (1895)

El restorán de Hansen, fue el más famoso de los lugares de diversión nocturna de Buenos Aires desde la última década del Siglo XIX hasta 1903. Fue punto de referencia para la actuación de toda una generación de músicos y hasta allí llegaban los mejores bailarines de tango de la época.Estaba ubicado en pleno corazón del Parque Tres de Febrero, en el barrio de Palermo, con entrada por la avenida Sarmiento entre las vías del Ferrocarril y la avenida Vieytes.

Esos eran terrenos fiscales y allí, en 1869, la Municipalidad de Buenos Aires había construido una hermosa glorieta que albergaba un restorán, con la idea de arrendarlo a particulares. Se llamaba “Restorán Palermo” y su diseño reproducía el de los grandes restoranes al aire libre, que en esa época estaban de moda en Europa. Este Restorán fue explotado con mayor y menor éxito por diferentes concesionarios, hasta que en 1895, apareció en escena un sueco llamado FEDERICO HANSEN, quien como nuevo consignatario,  le dio una nueva impronta al local, por lo que a partir de entonces ya nadie hablaba del Restorán Plaermo, sino que se referían a él, como “lo de Hansen”.La realidad es que “lo de Hansen”, no era solo un restorán: Mostrando un lujo jamás visto hasta entonces en un restorán, era una mezcla de  “prostíbulo suntuario y meca del Tango, además de restorán. Un antecedente no muy santo de los “cabarets” que le siguieron para iluminar las noches porteñas. Fue lugar de cita de “bacanes” y “malandras”; de patoteros y gente de avería. De bailarines y “cafishios”, que se mezclaban sin pudor, con representantes de la aristocracia snob, que deliraba por vivir esas excitantes noches que se le ofrecían en  “lo de Hansen”.Porque allí veían bailar bien el tango, allí podían escuchar a las mejores orquestas “típicas” del momento; disfrutar de la muy grata compañía de hermosas “coperas” que les hacían sentir que eran, lo que jamás podían ser  y olvidar, aunque fuera por una sola noche, las tristezas de una vida triste y aburrida.

Pero lo fundamental, era que allí había  ACCIÓN. Porque las peleas a puño limpio o empuñando un cuchillo eran cosa común y frecuente. Los desafíos, las miradas torvas, el “apriete” a un despistado que osaba invitar a bailar a la “mina” del pardo Bazán, o la pelea entre mujeres que pretendían el mismo hombre, eran el condimento de esas emocionantes noches, que atraían  a un público heterogéneo que solía colmar la capacidad del local, sabiendo que era posible mantenerse alejado de ese mundo y que mientras se bailaba unos lindos tangos, se podía disfrutar de excelentes bebidas y de un servicio de gastronomía de primera.

 “Lo de Hansen” se puso de moda y allá fueron las figuras más rutilantes del espectáculo, de las artes, de la música y de la política. Allí tocaron las más famosas orquestas de Tango que registra la historia de nuestra música popular, los mejores cantores y cantantes. Allí bailó “el Cachafaz” y hasta algún Presidente argentino se animó a unos “cortes” en su pista. Por esos años, no hubo visita ilustre que no se tentara para conocer aquello de lo que a media voz se hablaba en los salones más mundanos de Europa.

Pero todo termina. A fines de 1903 la concesión del lugar, fue otorgada a otro inmigrante: esta vez fue el italiano ANSELMO R. TARANA quien se hizo cargo del restorán, propiedad de la Municipalidad. Y así terminó “lo de Hansen” y con él, una época y una forma de vivir la vida que ya jamás volverá.

La precedente es la versión mayoritariamente aceptada por contemporáneos de ese famoso lugar, al que muchos consideran  como la cuna del tango (inclusive el padre de quien esto escribe, que contaba en familia, sus experiencias en sus mocedades, como asiduo concurrente de ese mítico lugar) Pero nos sentimos obligados a consignar que otras versiones aseguran que todo esto es un invento de románticos tangueros y que la verdad es que (según la opinión de historiador Enrique Puccia), en las primeras horas, se daba el desayuno a los niños, a media mañana leche y yema batida para jinetes y ciclistas. A la tarde merienda o aperitivo. Al anochecer se cenaba. A la noche los amantes del tango llegaban para disfrutar de esa música que allí se tocaba. Pero Felipe Amadeo Lastra,  asegura que allí no se bailaba, estaba prohibido como en todos los sitios públicos. Recién se pudo bailar en el “Pabellón de las Rosas”, primera “Boite” que hubo en Buenos Aires” (ver)https://es.wikipedia.org/wiki/Caf%C3%A9_de_Hansen

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