LLEGAN LOS RESTOS MORTALES DEL GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN (28/05/1880)

LLEGAN LOS RESTOS MORTALES DEL GENERAL JOSÉ DE SAN MARTÍN. El 5 de abril de 1877 el presidente NICOLÁS AVELLANEDA dirigió al pueblo de la República un manifiesto destinado a promover un gran movimiento nacional para repatriar los restos del general José de San Martín, fallecido en Francia hacía veintisiete años. El presidente cerró su mensaje con la siguiente frase: “Los pueblos que olvidan sus tradiciones, pierden la conciencia de sus destinos y los que seapoyan en tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir”. La comisión que se había constituido para celebrar el centenario del nacimiento del prócer, continuó sus trabajos para repatriar sus restos y consecuente con las palabras de su mensaje, Avellaneda alentó todos los homenajes programados. A principios de 1880 se decidió trasladar los restos de San Martín a bordo del trasporte de guerra Villarino, que llegó al río de la Plata en el mes de mayo de ese año. Fueron desembarcados especialmente en Montevideo, donde se rindieron solemnes homenajes. Luego, entre pendones y salvas, la cañonera cruzó el río de la Plata, hasta arribar el 28 de mayo por la mañana. Un temporal había azotado la ciudad la noche anterior. Ese día, declarado feriado nacional, la población, la escuadra y los barcos surtos en el puerto izaron las banderas. Al bajar el féretro, SARMIENTO pronunció en elmuelle uno de sus más emocionados discursos en nombre del gobierno y el pueblo argentinos. El cortejo se desplegó hacia la plaza San Martín, donde lo esperaban elpresidente y sus ministros. Al pie del monumento, hablaron Avellaneda y el ministro del Perú, Evaristo Gómez Sánchez. Luego el cortejo, soportando el rigor de un fuerte aguacero, avanzó por la calle de la Florida hasta desembocar a las cuatro de la tarde en la plaza de la Victoria,. Los restos fueron recibidos en la Catedral metropolitana por el arzobispo Aneiros y velados por una comisión integrada por los generales JOSÉ MARÍA BUSTILLO, JUAN ESTEBAN PEDERNERA Y JOSÉ MARÍA FRANCIA, mientras durante toda la noche desfilaban severos y tristes bajo el páido resplandor de los cirios, los guerreros y los descendientes de los fundadores de la Patria, para rendir el postrer homenaje a su antiguo jefe.

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