LINO (LINAZA)

LINO (LINAZA). Uno de los cultivos de exportación más provechosos de la Argentina. La mayor parte del lino cultivado en la Argentina es de variedad oleaginosa, constituyendo (décadas 1920-1940) la fuente más importante de aceite de linaza del mundo. Utilizado primordialmente en pinturas pero también en barnices, impresiones, tipografías, etc. y en el ámbito de la farmacopea, en la elaboración de ungüentos. Cultivado en el corazón de la zona cerealera, centralizada en torno a la provincia de Entre Ríos, de la que representa la cosecha principal, el lino aparentemente se conoció en la Argentina en las postrimerías del siglo XVI o quizás antes de la conquista, pues se sabe que los aborígenes de Los Andes hilaban y tejían telas con sus fibras. Su cultivo comercial en la Argentina fue impulsado (1778) por el primer virrey, PEDRO DE CEBALLOS (en su “Memoria” escrita en 1797 se refiere a este cultivo) y por Manuel Belgrano (entre otros). Las semillas de lino fueron realmente introducidas por vez primera en la zona de Buenos Aires en 1800 por MARTÍN JOSÉ DE ALTOLAGUIRRE, que las cultivó tanto para utilizar su fibra, como para su utilización como aceite. El lino, finalmente, se tornó importante como cultivo comercial alrededor del año 1880 con posterioridad al acceso que brindaron los ferrocarriles a los mercados mundiales. Son áreas principales de su cultivo las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba y con siembras extensivas, también en La Pampa, Corrientes y San Luis. El 90% de su producción se destina al comercio de exportación, siendo los Estados Unidos su primer cliente, seguido por Holanda y Gran Bretaña- Entre los años 1930 y 1945 alcanzó el punto culminante en producción y en valor, cuando se en Pergamino se establecieron estaciones gubernamentales para introducir híbridos y nuevas variedades, al igual que para recoger experiencia en el uso de las fibras en la industria textil. Estos intentos primitivos fracasaron debido a la inexperiencia o a la falta de capacidad para el empleo de las fibras de lino oleaginoso aunque después de 1933, nuevas fábricas comenzaron a utilizar fibras destinadas a materiales burdos; Santiago del Estero y Tucumán parecen haber sido las provincias más afortunadas desde el punto de vista climático o por la condición de sus suelos para el cultivo de lino destinado a lienzos. Las demandas de aceite y paños toscos cobraron auge durante la Segunda Guerra Mundial e inmediatamente después de la contienda, pero a comienzos de la década de 1950, las pequeñas fábricas de textiles cerraron y la producción de lino decayó abruptamente hasta un nivel inferior a la mitad de su producción anterior. Las causas de tal declinación no son totalmente claras pero, sin duda alguna, influyeron las muy considerables tasas de importación impuestas por los Estados Unidos, el aumento de salarios de los trabajadores y la decadencia general evidenciada por la agricultura durante el período de gobierno de Perón, junto con las mutaciones experimentadas en el mercado mundial. Durante la década de 1960 y a principios de la de 1970 el cultivo del lino recuperó mucha de su anterior importancia en el comercio de exportación (Véase Raúl Ramella, “El lino; oleaginosas, cultivo, industrialización y economía en la Argentina”.

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