LAVALLE JUZGADO POR PAZ (1840)

LAVALLE JUZGADO POR PAZ. Reproducimos de las “Memorias” del general José María Paz algunos párrafos donde éste juzga la actuación del general Juan Lavalle y su ejército en la campaña que emprendiera contra Rosas de 1840. “Educado en la escuela militar del general SAN MARTÍN, se había nutrido con los principios de orden y de regularidad que marcaron todas las operaciones de aquel general. El general Lavalle, en el año 1826, que fue cuando lo conocí, profesaba una aversión marcada, no sólo a los principios del caudillaje, sino a los usos, costumbres y hasta la vestimenta de los hombres de campo o gauchos, que eran los partidarios de ese sistema. Era un soldado en toda forma” “Imbuido de las máximas sanmartinianas, lideró la revolución de diciembre del año 28 y les fue tan fiel a ellas, que quizás fue vencido por haberlas llevado hasta la exageración. Despreciaba en grado superlativo las milicias de nuestro país y miraba con el más soberano desdén a las puebladas. En su opinión el derecho a la fuerza, estaba sólo con las lanzas y los sables de nuestros soldados de línea, sin que todo lo demás valiese un ardite”. “Cuando las montoneras de López y Rosas lo aniquilaron en Buenos Aires, abjuró de sus antiguos principios y se plegó a los de los contrarios, adoptándolos con la misma vehemencia con que los había combatido”. “Se hizo enemigo de la táctica y fiaba todo el éxito en los combates, al entusiasmo y valor personal del soldado. Recuerdo que en Punta Gorda, hablando del entonces comandante Chenaut, le conté que este distinguido militar, había organizado en años anteriores y disciplinado hasta la perfección un regimiento en la provincia de San Juan, pero que desgraciadamente este regimiento, por causas que no es del caso analizar, se condujo muy mal en la acción de Rodeo del Chacón. “Por eso mismo –me contestó–, como se habían empeñado en darle mucha disciplina, es que se condujo cobardemente”. “Hasta en su modo de vestir había una variación completa. Años antes lo había conocido haciendo alarde de su traje rigurosamente militar y su sombrero atravesado a lo Napoleón. En Punta Gorda y en toda su campaña posterior, en cambio, vestía un chaquetón si era invierno y andaba en mangas de camisa si era verano, pero sin dejar un hermoso par de pistolas con sus cordones pendientes del hombro. Llegó a decir que no volvería a ponerse corbata. “Esta vez el general Lavalle quería vencer a sus adversarios con los mismos medios con que había sido por ellos vencido, sin advertir que ni su educación, ni su genio, ni sus aptitudes, podían dejarlo descender hasta ponerse al nivel de ellos. “A pesar de su vestido y de sus modales afectados de caudillo, se dejaban traslucir los hábitos militares del soldado profesional del ejército de la Independencia”. En elEjército Libertador. “En el ejército libertador que comandó Lavalle, en tiempos de la campaña de Entre Ríos, y juzgo que lo mismo fue después, no se pasaba lista, no se hacía ejercicio periódicamente, no se realizaban revistas. Los soldados no necesitaban licencia para ausentarse por ocho o quince días y lo peor es que estas ausencias no eran inocentes, sino que las hacían para ir a merodear y devastar el país”. “Eran unas verdaderas expediciones militares en pequeño, para las cuales los soldados elegían oficiales que los mandasen de entre ellos mismos, durando estos mandatos lo que durara la expedición que emprendían. De aquí resultaba que una cuarta parte del ejército estaba fuera de las filas, porque andaba a seis, doce, veinte o más leguas; de modo que cuando se quería que estuviese reunido era preciso recurrir a arbitrios ingeniosos para traerlos de vuelta”. “El juego era la diversión universal y me han asegurado que se hizo distribución de naipes a los cuerpos. No se crea que el general Lavalle obraba sin objeto, pues lo tenía y en grado sumo, ya que llegó a conseguir lo que se proponía, como fue cuando quiso atraer a su causa a los correntinos, embriagándolos con una abundancia y una licencia que no habían conocido nunca para hacerlos pasar el Paraná, sin que se acordasen de su tierra“. “Con esa misma actitud quiso presentarse en las otras provincias. Como un caudillo popular y condescendiente, como un hombre, en fin, que era todo lo contrario del Lavalle de los años 1828 y 1829. “La distribución de vestuarios se hacía de dos modos: alguna vez se le daban al jefe de división, que los repartía bien o mal, según se le antojaba y otras muchas, venían los cuerpos formados al Cuartel General, donde el general en persona iba dando a cada soldado poncho, chaqueta, camisa, etc. He oído mil veces celebrar, como un acto de extraordinaria habilidad, el fraude que hacían algunos soldados retirándose de las filas después que habían recibido un vestuario, para formarse en otro lugar, adonde no había llegado la distribución, para que se le diese otro”. “Hubo así alguno que obtuvo tres, cuatro o más vestuarios, logrando además los aplausos de sus jefes por este raro rasgo de ingenio. La distribución de raciones participaba del mismo desorden que todo lo demás: la yerba y el tabaco se sacaban por tercios y sin cuenta ni razón. ¿Y la carneada? Se hacía a discreción; no hay idea de tal desperdicio, ni será fácil imaginarse cuánto se perdía inútilmente empleando este sistema. Basta decir que donde acampaba el ejército, desaparecían como por encanto, numerosos rebaños y se consumían, sin ser aprovechados completamente , rodeos enteros”.

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