Las lloronas

Así se llamaba a las grandes y cantarina espuelas con grandes “rodajas” que usaban los gauchos. El peculiar ruido que hacían al ser arrastradas por el piso, era un motivo de orgullo de quien las llevaba, porque avanzando con aire altanero, parecía decir: “presten atención, porque aquí estoy yo !!”. Y ni que decir cuando alguno de ellos, quizás más rico o con pretensiones de elegante, las había adornado con aplicaciones de plata y oro.

 

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