LAS CONTROVERSIAS DEL 25 DE MAYO DE 1810

Es prácticamente imposible saber el número exacto de libros, monografías, notas, artículos periodísticos, comentarios, conferencias, expresiones radiales y televisivas, donde se ha hecho referencia a los sucesos del 25 de Mayo de 1810, pero lo que si se sabe, es que son muchísimas las controversias que éstos han suscitado entre los historiadores y escritores que han tratado el tema.

Si fue un golpe militar o una asonada popular, si fue un movimiento de la elite porteña o un clamor de las provincias, si llovía o no llovía, si las cintas que repartían FRENCH y BERUTI era blancas, rojas o azul y blancas, si había o no paragüas, si existió o no existió la jabonería de Vieytes, si fue un simple simulacro que pretendía ganar tiempo hasta que se recompusieras las cosas en España o si era una firme decisión de lograr la independencia, Si fue SAAVEDRA o MORENO el artífice del movimiento, si hubo mucha gente en la Plaza o solo unos pocos curiosos que esperaban para saber qués es lo que ocurría dentro del Cabildo, si es cierto que esos espectadores gritaban “El pueblo quiere saber” o si eran simples gritos de gente enfervorizada que vivava a CISNEROS o a SAAVEDRA, si en el Cabildo abierto del 22 de Mayo hubo o no hubo una claudicación por parte de los patriotas.

Preferimos no seguir enumerando estas discrepancias, porque ya seguramente muchas de ellas y otras que no están acá, ya son harto conocidas por losargentinos. En cambio de eso, trataremos de aclarar un poco las cosas, haciendo un resumen de estas controversias,  enriqueciéndolo con las distintas opiniones que hombres y mujeres públicos, historiadores y escritores, han vertido con respecto a algunas a estas dicotomías de nuestra Historia, cuando fueron interrogados acerca de ellas

Porqué tenemos dos fechas Patrias (el 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1916)
«Los festejos por el 25 de Mayo comenzaron muy temprano, durante el propio proceso revolucionario. A imagen de las fiestas cívicas inauguradas por la Revolución Francesa, el 25 se convirtió en motivo de celebración cívica. Por lo tanto, ya desde un comienzo, esta fecha cobró un lugar significativo en el imaginario político rioplatense. De hecho, los festejos por el 9 de Julio nunca pudieron rivalizar con las fiestas mayas, dijo el doctor en Historia, LUCIANO DE PRIVITELLIO, investigador del Conicet, la UBA y la Universidad de San Martin. Cuando a partir de la generación romántica de 1837 se comenzó a imaginar la existencia de una Nación Argentina y de un pasado para ella, el 25 de Mayo debía ser la fecha por excelencia de su origen y nacimiento. Este día se convirtió así en el nacimiento de la Nación”

Paradojicamente, se suele recordar más los protagonistas y situaciones del 1810, que de 1816. —Lo curioso es que en términos básicos de conocimiento,  la Revolución de Mayo significó un cambio concreto. Mandaba el Virrey, llegó la revolución y comenzaron a mandar nueve integrantes de la Junta. En cambio la declaración de la Independencia fue algo más abstracto. La importancia de la Declaración de la Independencia supera por supuesto a lo que se logró el 25 de mayo. Tenemos un 25 de mayo donde logramos un gobierno autónomo y en la declaración de la independencia, logramos un Estado soberano. Entonces, ¿cuál es el significado del 25 de mayo y porqué no se avanzó más de eso? En realidad hay que tener en cuenta que lo que hizo Buenos Aires fue crear una Junta de la misma manera que había ocurrido en España. Una vez que Fernando VII fue retirado del poder, se formaron la juntas de Cádiz, la junta de Sevilla. Por lo tanto, Buenos Aires lo que hizo fue replicar el sistema de juntas y siguió gobernando de la misma manera que habían hecho las juntas en España bajo la soberanía de Fernando VII. De hecho, la Primera Junta se llamaba en realidad Junta Provisional de Gobierno de la Soberanía del Señor Don Fernando VII. Justamente respondía a él. No se podía plantear más allá de un gobierno autónomo porque por empezar para generar una Independencia había que consultar al resto del territorio.

GABRIEL DI MEGLIO, investigador independiente del Conicet, docente de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de San Martín DI MEGLIO opina que  “Al principio, el reclamo independentista pertenecía a una minoría. La vuelta al trono del monarca español en 1814 radicalizó a los dirigentes revolucionarios e incluso sectores más moderados políticamente, aceptaron que la única salida era la Independencia. Por eso tenemos dos fechas patrias, 1810 y 1816”.

La fecha de origen de la Nación Argentina (según J.C. Chiaramonte, Director del Instituto Ravignani, de la Universidad de Buenos Aires)
El 25 de mayo de 1810, ante la vacancia del trono español, se constituyó en Buenos Aires un gobierno provisorio para los pueblos del Virreinato del Río de la Plata (la llamada Primera Junta de Gobierno), hasta tanto se aclarase el futuro de la monarquía.

La legitimidad de la Junta se basaba en la doctrina, propia del fundamento contractualista del derecho político de la época, de la “retroversión de la soberanía al pueblo”  en cuanto fuente legítima del poder. Pero, en realidad, la soberanía fue asumida por las “ciudades principales”  del Virreinato, es decir, las ciudades con Cabildo establecido, dado que entonces no existía «un» pueblo sino catorce “pueblos americanos soberanos”.

Fueron así, los pueblos de esas ciudades los que enviaron diputados—apoderados con instrucciones, como era usual en la época— para integrar esa Junta. Posteriormente, los gobiernos que la sucedieron habrían de afrontar la necesidad de independizarse de España y de organizar una nueva nación. Porque, así como no existía aún un pueblo argentino, tampoco existían ni una nación, ni una nacionalidad argentinas, las que serían fruto y no causa del proceso que se iniciaba. Recordemos que “argentino”  designaba entonces a los porteños y sólo muy tarde adquiriría su significado actual.

¿En qué consistió lo que podría llamarse una construcción mítica?.  En interpretar que el 25 de mayo de 1810 marcó la irrupción en la historia de una nacionalidad argentina preexistente, en busca de su organización co­mo Estado. Un mito derivado de la preocupación por fortalecer el sentimiento nacional y apoyado en el principio de las nacionalidades, difundido por el romanticismo, según el cual las naciones contemporáneas habrían surgido de previas nacionalidades; algo también desmentido por los historiadores en el caso de la mayoría y más importantes naciones de Europa y de América del Norte .

Moreno o Saavedra. ¿Quién tenía más poder y representatividad?
«SAAVEDRA era más pragmático, entre otras cosas,  porque tenía que hacerse cargo de las armas. Tenía un criterio más realista que MORENO. Lo que SAAVEDRA intenta conciliar al mismo tiempo son los intereses de los pueblos que empezaron a llegar con sus representantes a Buenos Aires, muchos de los cuales estaban bastante lejos de coincidir con las posturas más jacobinas de MORENO”, dice la doctora en Historia MARCELA TERNAVASIO, profesora titular de Historia Argentina I en la Universidad Nacional de Rosario e investigadora del Conicet. En cuanto a la representatividad de SAAVEDRA, la doctora TERNAVASIO afirma que al principio era muy grande pues tenía a los milicianos detrás de él. Y fueron los milicianos, según ella, los que impulsaron la realización del Cabildo Abierto del 22 de mayo y quienes presionaron para la salida del virrey Cisneros. También el historiador JOSÉ LUIS BUSANICHE, que se definía como un “demócrata liberal” y nada conservador, se inclina por pensar que el coronel tenía tras de sí a los sectores populares, mientras MORENO era un ideólogo jacobino que no entendía la realidad del Río de la Plata (recordemos que los jacobinos eran los seguidores de Maximiliano Robespierre, el líder de la Revolución Francesa, representante de los sectores más extremistas). Para BUSANICHE, autor de una monumental “Historia Argentina”, el secretario de la Primera Junta, era un hombre dogmático, heredero del pensamiento del francés Juan Jacobo Rousseau (uno de los teóricos de la Revolución Francesa), que hablaba “en nombre del pueblo”. BUSANICHE resume: “La parte más popular y numerosa, la que no vestía de frac o de levita, se inclinó hacia el lado de SAAVEDRA».

Los historiadores que defienden a un Saavedra líder popular recuerdan la revuelta que se produjo del 5 al 6 de abril de 1811. “Este movimiento tiene un componente popular muy diferente al que tuvo el del 25 de Mayo de 1810. En esta disputa facciosa entre morenistas y saavedristas, éstos traen de los arrabales a un número de personas muy importante, que pertenecen a sectores populares manejados por líderes milicianos. La elite es sorprendida por la irrupción de esta gente en la Plaza de las Victoria. Salvando las distancias, esta movilización del 5 y 6 de abril de 1811 fue una especie de 17 de octubre peronista», dice TERNAVAGIO.

Mientras que BUSANICHE narra así esos sucesos:  “En la noche del 5 al 6 de abril se produjo una reacción popular que no provenía de los de fraque o levita,  sino de más abajo:  gente del campo, de los arrabales y no pocos de la ciudad, simpatizantes de SAAVEDRA, que veían al Presidente y a la Junta trabados en su acción por dos o tres vocales aliados de Moreno, y miraban con malos ojos el espectáculo que soportaba la ciudad”.

Dice a este respecto FELIPE PIGNA, Historiador, autor de «Los mitos de la Historia argentina».  «….La Revolución estaba en marcha y las tendencias se fueron perfilando con toda nitidez. MORENO y su gente apurando la revolución y SAAVEDRA, representante de los sectores conservadores, defensores de sus privilegios y, por lo tanto, favorables al mantenimiento de la situación social anterior. Aquel SAAVEDRA que le preguntaba a su amigo VIAMONTE en qué consistía la Revolución: «¿Consiste ésta acaso en adoptar la más grosera e impolítica democracia? ¿Consiste en atropellar a todo europeo, apoderarse de sus bienes, matarlo, acabarlo y exterminarlo? ¿Consiste en llevar adelante el sistema de terror que principia a asomar? ¿Consiste en la libertad de religión, y en decir con toda franqueza como uno de su mayor respeto y confianza ‘me cago en Dios’ y hago lo que quiero?.

MORENO, como contestándole, escribía: «Hay quienes suponen que la Revolución se ha hecho para que los hijos del país gocen de los altos empleos de que antes estaban excluidos; como si el país hubiera de ser menos desgraciado por ser hijos suyos los que lo gobiernan mal”. Eran dos proyectos de país, era el comienzo de un «ellos» y «nosotros», era el comienzo de una revolución inconclusa (ver Los hombres de mayo y la revolución inconclusa).

La revolución de mayo, ¿fue un movimiento popular o un golpe militar?
PRIVITELLIO destaca a dos instituciones fundamentales en los sucesos de esos días: el Cabildo y las milicias conducidas por SAAVEDRA, y dice que desde el mismo momento en que la crisis de la monarquía española acelera el conflicto político en el Río de la Plata, “el Cabildo se postula como uno de los candidatos a suceder al poder”. Pero en esa época, el poder real lo tienen las milicias. Ningún historiador habla de un golpe militar, pero son muchos los que hablan de la «presión» que ejercieron los milicianos para desplazar al virrey Cisneros. “Son ellos los que apoyan inicialmente la convocatoria al Cabildo Abierto del 22 de mayo, y son los que no aceptan a la Junta nombrada por el Cabildo el 24 de mayo. Finalmente, son los que imponen a la nueva Junta el 25 de mayo.

LUCIANO DE PRIVITELLIO explica que los diversos cuerpos de milicianos formados durante la Reconquista y Defensa de Buenos Aires contra las invasiones inglesas, son fuerzas militares más bien  escasas, instaladas en Buenos Aires. Hasta 1806 nadie hubiera elegido la carrera militar como vía de ascenso social y prestigio, pero todo eso cambia a partir de las invasiones. La milicia que más se destacaba era la de Patricios, comandada por CORNELIO SAAVEDRA. Pero allí estaban también otros protagonistas  de la Revolución, como DOMINGO FRENCH que junto a a JOSÉ ANTONIO BERUTI formaba parte del ala más radicalizada del partido patriota (los futuros morenistas)

“Todos los testimonios apuntan a una indiscutible presencia popular y miliciana, tanto el 25 de mayo como los días previos, que fue lo que inclinó la balanza a favor de los revolucionarios. En el Museo Histórico Nacional se exhibe en sus vitrinas el petitorio que circuló para terminar con la Junta Provisoria encabezada por Cisneros. Allí, FRENCH yBERUTI se pronuncian “por mí y 600 más”. Los exámenes muestran distintas tintas, una prueba de que circuló. Pero ¿quiénes eran los que sabían firmar en esa sociedad?», se pregunta GABRIEL DI MEGLIO, investigador independiente del Conicet, docente de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de San Martín, que se dedica justamente a estudiar al “bajo pueblo”  porteño. o sea, esos grupos heterogéneos -que involucraban gente que vivía de su salario, artesanos, vendedores ambulantes-, que se movilizaron y proyectaron en la Revolución sus propias aspiraciones y tensiones raciales, sociales y económicas”.

¿Fue un fenómeno sólo porteño o de todas las provincias del virreinato?
“Fue un fenómeno totalmente porteño”, responde enfáticamente la historiadora TERNAVASIO. Y agrega: “A partir de 1811, Buenos Aires se festeja a sí misma. Y esto dura hasta gran parte del siglo XIX. Es que Buenos Aires había sido la cuna de la Revolución”. Los Cabildos del interior, tan lejos del Río de la Plata, se van enterando lentamente de la formación de la Primera Junta. Algunos se resisten a aceptar el «nuevo orden», como el de Córdoba; otros reciben la noticia con gran beneplácito, y otros nunca van a aceptar a las nuevas autoridades, “como Paraguay, y ni hablar de la Banda Oriental”.

Años más tarde, DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, en su célebre «Facundo», recuerda las consecuencias de esa disociación, y escribe: “La guerra de la revolución argentina ha sido doble: 1) guerra de las ciudades iniciadas en la cultura europea contra los españoles, a fin de dar mayor ensanche a esa cultura; 2) guerra de los caudillos contra las ciudades, a fin de librarse de toda sujeción civil y desenvolver su carácter y odio contra la civilización. Las ciudades  triunfan de los españoles, y las campañas de las ciudades. He aquí explicado el enigma de la Revolución Argentina, cuyo primer tiro se disparó en 1810 y el último no ha sonado todavía”.

¿Qué rol jugó en la Revolución la jabonería de Vieytes?
“Los revolucionarios conspiraban en la jabonería de Vieytes. Fue un lugar de reunión”, dice FERMÍN  CHÁVEZ Y AGREGA: “Existía, allí se hacían reuniones y, como se estaba conspirando contra funcionarios de la Corona, es de creer que fueran reuniones clandestinas, dice Infesta.La jabonería existió, pero en la Semana de Mayo las reuniones fueron en la casa de Rodríguez Peña; allí se tomaron las decisiones. Justamente, quien urgió a SAVEDRA a tomar una decisión fue CASILDA  IGARZÁBAL de RODRÍGUEZ PEÑA.

DE PRIVITELLIO dice que entre las costumbres del período “tardocolonial”, se encuentra el de las tertulias, reuniones en los salones de las casas privadas en las que se conversaba largo y tendido sobre temas varios. Este tipo de reuniones, por cierto, involucraba a sectores acomodados de la sociedad. “A medida que la política irrumpe en la capital virreinal como una actividad novedosa (consecuencia a la vez de las Invasiones Inglesas y de la crisis de la corona española), estas prácticas de sociabilidad también se politizan”. La fábrica de jabón, que pertenecía a JUAN HIPÓLITO VIEYTES y NICOLÁS RODRÍGUEZ PEÑA, se convirtió en la sede de las reuniones de aquello que desde 1809 comenzó a ser llamado «partido patriota». La jabonería estaba en Tacuarí y Venezuela y por allí desfilaban los patriotas, tejiendo ya las redes de la futura revolución. Otro lugar de tertulia y conspiración fue la casa particular de RODRÍGUEZ PEÑA

Pero no son éstos los únicos lugares de sociabilidad que se politizan. Otro lugar es «el café de Marco, donde se juntaban los jóvenes intelectuales, casi todos ellos alumnos del colegio San Carlos, que no por casualidad quedaba frente al café. Y señala:  “En este lugar, que a diferencia de los anteriores era público, se fue conformando la idea de la existencia de una verdadera “opinión pública”, otra notable novedad para la ciudad de Buenos Aires. Ciertamente, todos ellos eran partidarios de la facción más extrema de los revolucionarios, aquellos que luego serán identifi­cados como morenistas. A SAAVEDRA, este café le parecía tan peligroso, que luego de los acontecimientos del 5 y 6 de abril de 1811 (una movilización popular en apoyo del Presidente de la Primera Junta, y en contra de los morenistas), ordenó a JUAN BAUTISTA BUSTOS que lo cerrara, y se detuvo a varios de los asistentes”.

¿Cuáles eran los colores de las cintas que se distribuyeron en la Plaza?
Aquí también difieren los historiadores. Mientras para MARÍA SÁENZ QUESADA, Licenciada en Historia, especializada en historia Argentina y latinoamericana, miembro de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina y de la Academia Nacional de Educación, eran de color blanco (opinión apoyada por muchos, que sugieren que era sí, porque era el color más fácil de conseguir y que además significaba la unión que era necesaria en esas circunstancias); la doctora TERNAVASIO dice que las cintas tenían los colores rojo que simbolizaba la lucha (color de la corona española), y celeste (el color de los Borbones) y subraya: «Nadie, a esta altura, puede decir que ésos eran los colores de la Patria». Recordemos que BARTOLOMÉ MITRE asegura que eran blancas y celestes, porque esos eran los colores de las únicas cintas que pudieron conseguir FRENCH y BERUTI en las tiendas de la Recova.

Se repartieron cintas celestes y blancas.FERMÍN CHÁVEZ dice que no: Las cintas eran blancas y rojas, simbolizaban la unión y la lucha.MARÍA ELENA INFESTA también cree que fueron de estos colores, pero que el celeste y el blanco se empezaron a usar después, cuando el ejército de la revolución entró al interior y tuvo que diferenciarse de los realistas. En Mayo no se pensaba en un distintivo porque la idea no era separarse de España. Eran cintas blancas -dice FÉLIX LUNA-, las más fáciles de conseguir.MARÍA SÁENZ QUESADA remite a una investigación de ROBERTO MARFANY (autor de “El Cabildo de Mayo”) y afirma: eran blancas, con un retrato de Fernando VII. Se trataba de impedir el avance francés sobre colonias españolas. Y se da la división entre españoles y criollos, el tema era quiénes iban a tomar el gobierno. TERNAVASIO muestra las memorias de CORNELIO SAAVEDRA: “La plaza de la Victoria estaba toda llena de gente ya con la divisa en el sombrero de una cinta azul y otra blanca. La historiadora afirma: Hay una carta firmada C.A. que habla de cintas blancas y celestes, cuyos pedazos se reparten a los jóvenes.

Se gritó “El pueblo quiere saber de qué se trata”?.
Parece que fue así. En la versión de MITRE -dice TERNAVASIO- lo hicieron FRENCH y BERUTI. El historiador y abogado, Doctor PATRICIO CLUCELLAS vuelve a sus fuentes: “En las actas del día se dice que de afuera venían golpes y se gritaba esa frase. La frase figura en actas. SÁENZ QUESADA, en cambio, dice que no hay testimonios, pero es creíble, responde a un ritual que ya había comenzado en otros puntos de América, con repiques de campanas, el pueblo irrumpiendo con reclamos.

¿Cómo se convocó a los vecinos para que concurrieran al Cabildo Abierto del 22 de mayo?
El 21 de mayo, los regidores dispusieron efectuar la sesión pública el día siguiente (22 de mayo) a las nueve de la mañana. Se redactó entonces la esquela de invitación y se resolvió imprimirla sin pérdida de tiempo, para que fuese repartida entre los más caracterizados miembros de la administración militar, eclesiástica y civil.

La invitación estaba redactada en los términos siguientes: “Señor Don.(aquí se ponía el nombre de quien era invitado). El Excelentísimo Cabildo de Buenos Aires, convoca a usted para que se sirva asistir precisamente mañana, 22 del corriente a las 9 horas, sin etiqueta alguna y en clase de vecino, al Cabildo abierto que, con anuencia del Excmo. Señor Virrey, ha acordado celebrar, debiendo manifestar esta esquela a las tropas que guarnezcan las avenidas de esta plaza para que se le permita pasar libremente”. Las esquelas fueron impresas en la imprenta de Niños Expósitos, a cargo en esa época del revolucionario AGUSTÍN DONADO, quien —según JUAN CANTER— “pudo haber impreso muchas más de lo indicado”. Prueba de esto, es que el licenciado MIGUEL FERNÁNDEZ DE AGÜERO recibió dos esquelas (ver “Cabildo Abierto del 22 de Mayo)

“Fue el Cabildo como institución,  el que convoca al Cabildo Abierto. En una ciudad de 50.000 habitantes, se enviaron 450 esquelas a los vecinos más “respetables y destacados de Buenos Aires”. Circularon alrededor de 450 esquelas, pero asistió menos de la mitad”, dice TERNAVASIO (ver La Histórica Semana de Mayo).

¿Cuál fue el papel que jugaron French y Beruti?
El lugar común les asigna el rol de simples “repartidores » de las cintas. Pero tanto DOMINGO FRENCH como JOSÉ ANTONIO BERUTI fueron dos auténticos revolucionarios. FRENCH era un cartero que participó, junto a JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN, en la organización de la milicia de los Húsares. “Allí ascendió a teniente coronel y fue sin duda en esta condición,  que se destacó en la jornada del 25 de Mayo, explica DE PRIVITELLIO.  Junto con BERUTI, FRENCH  formaba parte del ala más radical del partido patriota (los futuros morenistas), y cumplieron la importante tarea de agitar las calles a favor de la salida política alentada por ese grupo. Junto con otros jóvenes, se los llamó “los chisperos”, por la actividad que desarrollaban como agitadores.

Nos referiremos ahora a algunos temas menos trascendentes quizás, pero igualmente controvertidos, cuando se habla de aquellas históricas jornadas

Cuánta gente estuvo ese día en la Plaza de la Victoria?
Aunque se dice que como llovía hubo muy pocos interesados en concurrir a la Plaza de la Victoria para seguir desde allí los acontecimientos que se desarrollaban en el Cabildo, hay opiniones coincidentes en que hubo entre 100 y 200 personas esperando que se les dijera qué era lo que pasaba y que el famoso reclamo aquel de “el pueblo quiere saber de qué se trata”, existió en verdad y que ante el clamor, cada vez más exigente, tuvo que salir CORNELIO SAAVEDRA al balcón del Cabildo para calmar los ánimos y pedir paciencia.

“El 25 de mayo de 1810 el pueblo estaba  en la plaza.Había poca gente -dice FERMÍN CHÁVEZ- y eran empleados públicos, preocupados por sus trabajos. Al pueblo no habían llegado las últimas noticias, que hablaban de la caída de la Junta de Sevilla.Eran pocos -coincide FÉLIX LUNA- los que estaban en la calle, no más de 100. La burguesía estaba en el Cabildo y serían unas 400 personas.La idea de pueblo -amplía MARÍA SÁENZ QUESADA- no era la de una multitud. Había gente curiosa y otra que había sido convocada, acaudillados por DOMINGO FRENCH. Esa gente, el 22 había tenido una actitud amenazante hacia los del partido realista” Eran lo que hoy llamaríamos cuadros políticos.

El 25 de Mayo -dice PATRICIO CLUCELLAS- hubo tres actas. En la de la renuncia de Cisneros se habla de presión de la plaza. Y de interrupciones a las deliberaciones.La gente -dice MARÍA ELENA INFESTA- eran los regimientos que se habían formado a raíz de las invasiones inglesas. Del Cabildo -explica MARCELA TERNAVASIO- sólo podían participar quienes tuvieran condición de vecinos, es decir: casados, afincados y arraigados. No asistieron más de 200. Los que estaban en la plaza eran, además de los vecinos, gente de los arrabales o los considerados bajo pueblo, sectores reclutados por FRENCH y BERUTI. MARCELA TERNAVASIO agrega: “TOMÁS GUIDO, un testigo, escribió: “Los ciudadanos de todas condiciones acudían de tropel atraídos por la novedad. Las tropas permanecían en los cuarteles. El pueblo aguardaba impaciente”. Quien más énfasis pone en la presencia del pueblo en la plaza fue BARTOLOMÉ MITRE. Pero en su historia también puede advertirse que lo que constituía una presencia verdaderamente amenazante era la potencial movilización de las milicias, dominadas por el sector patriota.

La campana del Cabildo sonó o no sonó ese 25 de mayo para anunciar la victoria?
Aunque de niños se nos dijo que cuando al fin, los patriotas impusieron la instalación de la Junta, cuyos nombres fueron propuestos por los revolucionarios, las campanas del Cabildo se echaron a volar, esto no pudo ser jamás, porque esas campanas carecían de badajo. Éste había sido quitado en 1806, durante la asonada contra LINIERS, liderada por MARTÍN DE ÁLZAGA

Porque no se ven afrodescendientes en los cuadros de la época?
Los historiadores coinciden en que el 30 % de la población porteña en 1810 estaba compuesta por afrodescendientes. “Entre 1778 y 1812 entraron legalmente al Río de la Plata más de 70 mil esclavos, sin contar los que llegaron a través del contrabando. Cómo es que no hay níngúno de ellos en los cuadros que registraron ese acontecimiento?. Es que los negros estaban discriminados y por eso no se tenía en cuenta su opinión?. Apenas empieza la Revolución hay una contradicción: una gesta que se hace en nombre de la libertad, en una sociedad esclavista?»,ha dicho DI MEGLIO.

El 25 de Mayo, ¿llovió o no llovió?
“Hay toda una discusión sobre si llovió o no llovió. Si ya se habían importado paraguas de Londres o aún no. Este es un tema que sigue siendo siempre objeto de discusión. Algunos historiadores van a dar por cierto que había paraguas y llovía, y otros van a decir lo contrario», comenta TERNAVASIO. ay Una carta de C.A. (algunos creen que se trata de COSME ARGERICH) cuenta: “La tarde ha estado lluviosa y a la noche ha continuado lo mismo”.

Imagen relacionada

Los testimonios de la época también confirman que esa semana llovió. En el Museo Histórico Nacional aún se conserva un escrito de PEDRO DÍAZ DE VIVAR, un vecino que afirmaba: “Por aver llovido el 22/no fui al cavildo (sic), temeroso de la humedad, y del frío». Las actas del Cabildo del 25 también se quejaban de los vaivenes climáticos. En algo hay coincidencia entonces: llovía.

Hubo o no hubo paragüas?
La imagen más famosa del 25 de mayo muestra a los vecinos reunidos en la Plaza de la Victoria, la mayoría de ellos, protegiéndose de la lluvia con paraguas. Pero que tiene de cierto esa imagen?. n  Buenos Aires se conocían los paraguas desde fines de la década de 1780, como lo demuestran diversos documentos existentes en el Archivo General de la Nación. Hay  periódicos de la época,  donde se anunciaba la existencia de paraguas para la venta y en 1795, el inventario de mercaderías de una tienda porteña, registró que allí había  “27 paraguas de hule, que se vendían a 4 reales cada uno”.

Por otra parte, los barcos ingleses que llegaron en 1806 con la intención de apoderarse de Buenos Aires, establecidos en Montevideo, lejos  de mostrarse preocupados por la inminencia de una confrontación armada con los porteños, realizaban exitosas operaciones de contrabando para introducir sus mercaderías, siendo lógico pensar que entre ellas había paragüas para los elegantes de la sociedad porteña, que encontraron en él, un signo de su poder económico (debido al precio que habían pagado por tenerlo) y de su status social.

El historiador GABRIEL DI MEGLIO afirmó en una entrevista que “por esos años, el uso de paraguas o sombrillas estaba reducido a unos pocos. Caro y de tela permeable, probablemente ni se usara mucho para combatir la lluvia, ni hubiera muchos en la plaza ese día. «Las pinturas del 25 de mayo como las conocemos surgieron a fines del siglo XIX, con la consolidación del Estado nación», agrega el especialista. Por su parte, MARÍA INÉS RODRÍGUEZ AGUILAR, historiadora y Directora del Museo Roca afirma que “La mayoría de los hombres usaba capotes”.

MARÍA ELENA INFESTA por su parte, especula: “Entraba tanta mercadería de contrabando que no sería raro que hubiera habido paraguas”. MARÍA SÁENZ QUESADA agrega: “En el archivo de MARTÍN THOMPSON hay documentos de la introducción de cargamentos de paraguas ingleses, de manera legal y CLUCELLAS dice que en una de las actas levantadas ese día se menciona la lluvia

Y entonces, ¿es veraz la imagen de ese 25 de mayo de 1810 inmortalizada por el pintor CARNACINI? ¿Era posible esa inmensa profusión de paraguas en la Plaza de la Victoria? Seguramente, no, pues si bien había paraguas en Buenos Aires, los había solamente para los ricos. Era un producto caro y hasta lujoso, como lo prueba  el paraguas que se conserva en el Museo Histórico Nacional y que perteneció a un funcionario del Cabildo de 1810. Se trata de un paraguas colonial, grande, de tela marrón, cuyo mango es de marfil y que lleva grabado un escudo con el perfil de Fernando VII”.

Por todo lo expuesto, no resulta verosímil la tradicional – pero controvertida – imagen que muestra a los vecinos de la ciudad de Buenos Aires protegiéndose todos con paraguas frente al Cabildo aquel lluvioso viernes 25 de mayo de 1810, por lo que nos atrevemos a dejar asentado que paragua  había, pero que solamente eran para las clases más pudientes, precisamente las que no estuvieron en la Plaza, bajo la llvia ese día.

El pueblo reunido ante el Cabildo, llevaba o no escarapelas?
Con las escarapelas ocurrió algo parecido a lo de los paragüas y la lluvia. En su Historia de la República Argentina (1883), VICENTE FIDEL LÓPEZ escribió que «la plaza se llenó en un momento de damas y señoritas, con los colores celestes que distinguían el penacho tan popular de los Patricios” y a partir de entonces todos comenzaron a hablar de las escarapelas azul y blanco que distinguían a los patriotas durante los sucesos de Mayo. Pero los textos de la época, no hablan de escarapelas y aunque de distintos colores, mencionaban solamente la presencia de cintas en la Plaza de la Victoria. Por otra parte,  el término “escarapelas” alude a un distintivo redondo (forma de uso exclusivo en ese entonces por los militares), con los colores patrios”, símbolo que recién tuvo existencia cuando fue aprobado por la Asamblea del Año XIII, tres años después.

Se pudo haber hecho la Revolución en solamente un día?.
Varios son los historiadores que coinciden en que la Revolución de 1810  no se circunscribió a hechos producidos durante un solo día, como parece indicarlo el hecho de que se considera casi exclusivamente al 25 de Mayo de 1810, como la fecha “de la revolución”.

Ciertos estudiosos dicen que el proceso revolucionario en el Virreinato del Río de la Plata comenzó hacia1809, con la conformación de la Junta del Alto Perú (que era parte del Virreinato del Río de la Plata). El historiador FABIÁN HARARI, docente de la Universidad de San Luis y de la Universidad de Buenos Aires, destaca que la deposición del Virrey contaba con el antecedente de 1806, cuando una junta de guerra arrestó a Sobremonte y entregó el mando político al francés LINIERS. «Ese año, el Estado perdió el monopolio de la violencia», afirma.

Empanadas calientes que queman los dientes.
Existió ese pregón en las jornadas vividas en mayo de 1810?. Unos dicen que en esa época no había vendedoras de empanadas circulando por las calles de Buenos Aires y por ende, no podrían haber estado repartiendo su mercadería entre quienes esperaban noticias en la Plaza de la Victoria,  (como hoy lo hacen los vendedores de “choripanes”). Aseguran que en esa época las empanadas se vendían frías en los puestos que se habían instalado en la Recova (ver Las bandolas)  Otros aseguran que era común ver a esas rellenitas matronas negras o mulatas, que llevando un gran canasto circular de paja sobre su cabeza, lleno de empanadas calentitas cubiertas con un blanquísima tela, recorrían las calles de Buenos Aires ofreciendo su mercadería. Quizás las dos versiones estén acertadas, porque es natural que estas vendedoras ambulantes de empanadas hayan existido contemporáneamente con los que vendían pescado, plumeros, tortillas y tantos otros productos, aunque también  es cierto, que muy difícilmente hayan podido ofrecerlas calentitas como pregonaban, haciendo la competencia  a aquellas, que más cómodas, preferían hacerlo desde una de esas bandolas de la Recova.

Esta nota fue compuesta con material extraído de un artículo firmado por Laura Villarino y Alberto González Toro, que se publicara en el Diario Clarín del 25 de mayo de 2005; del libro  “Buenos Aires desde 70 años atrás” de José Antonio Wilde; de una nota de Jazmín Bazán “El lado B del 25 de Mayo” publicada en el Diario Clarín de Buenos Aires; de “Crónica Argentina”, Ed. Codex, Buenos Aires, 1979; de “Historia Argentina”, Ediciones Océano, Barcelona, España, 1982 y de “·Estampas del pasado”. José Luis Busaniche, Ed. Libería Hachjete S.A., Buenos Aires, 1959.

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