Ladero

La falta de caminos y la frecuencia de ríos, arroyos y cursos de agua diversos, pantanos y cañadones, casi siempre anegados, pajonales y otros accidentes del terreno que era común encontrar en su camino, obligaban a quienes viajaban por el interior de la República Argentina, especialmente los que lo hacían en las “galeras” y otros coches destinados al transporte de pasajeros y correspondencia, a reforzar el número de caballos que tiraban de esos vehículos. Para ello, a ambos costados se agregaban otros animales, aperados con un recado sumario, que aportaban mayor fuerza de tracción y eran utilizados para que sumaran sus fuerzas, tirando o cuarteando a la cincha, a fin de sacar el vehículo del atolladero que lo había detenido. Cada uno de estos caballos auxiliares, recibía el nombre de “ladero”, en razón de su colocación en el vehículo. No llevaban riendas y para que no se abriesen o perdiesen la línea de marcha, iban asegurados por medio de un “cabestro” corto a las varas o al freno del “tronquero”, cuyos movimientos debían seguir en todo momento. “Ladero” era también la persona que secundaba a otra en el logro de un propósito, cumpliendo la función de ayudante.

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