LA ZANJA DE ALSINA (20/3/1876)

LA ZANJA DE ALSINA. La zanja ideada por el doctor ADOLFO ALSINA para contener los malones de indígenas debía cubrir la frontera desde el “Fortín Cuatreros”, en Bahía Blanca, hasta la “Laguna La Amarga”, en el sur de Córdoba. Fue proyectada para una extensión de más de 600 kilómetros, de los cuales llegaron a construirse sólo 374. La zanja era una hendidura de tres metros de ancho y dos metros de profundidad en los terrenos blandos, como los de la frontera norte y de un metro en terrenos duros o de tosca como los de la zona de Carhué, Puán, ya que esta variaba de acuerdo a la consistencia del terreno que se atravesaba. La tierra que se sacaba al cavar la zanja se utilizó para construir el parapeto a 50 cm. de la parte interior de la línea, el que medía un metro de altura sobre una base de 4,50m. En el segundo caso era de 2 metros, con lo cual en ambos casos los indios debían sortear con sus ganados tres metros. Al parapeto se lo afianzaó con adobes de césped y se hicieron plantaciones para asegurarlo

La construcción fue dirigida por el ingeniero francés ALFRED EBELOT (con la participación de los expertos “ISOCKI, HOLST y MELCHERT), cuyos recuerdos reunidos en sus libros “La pampa” y “La guerra de fronteras”” son vivos y valiosos documentos que se referían a esta obra, cuya construcción lo había entusiasmado tan intensamente. “Sus trabajadores y los de las compañías concesionarias de la obra —dice— trabajan alegremente, bien alimentados, confortablemente instalados y recibiendo puntualmente buena paga. En un momento escaseó el dinero, pero ahora tenemos más del necesario; siempre gracias al gobierno de la provincia que no se cansa de prodigar su apoyo. La regularidad de las raciones y de la paga les causaba (a los zapadores) una alegre y repetida sorpresa”. ESTANISLAO ZEBALLOS, contrario a la idea de construír esa zanja, ve las cosas de otro modo. “Para construirla, dice, Alsina se vio “obligado a movilizar centenares de vecinos (gauchos) de Buenos Aires para que trabajaran en el foso y la muralla, desnudos, mal alimentados y constantemente a la intemperie. La deserción de estos infelices era una consecuencia natural y cuando terminaban, después de largos meses de angustia, eran licenciados, mal remunerados ¡y a pie en medio del desierto!… Obra tan costosa, empapada con el sudor de millares de parias argentinos resultó inútil”. La zanja fue vituperada por los partidarios de la política ofensiva y total contra el indio. La llamaron “muralla china”, con clara intención peyorativa, asimilándola al estéril esfuerzo de pueblos débiles y acobardados que se refugian para no combatir. Negaron que fuera una obra nacional, ya que solamente defendía a la provincia de Buenos Aires de los malones que continuamente se abatían sobre ella. Si bien la zanja no impidió por completo el paso de la indiada, fue un obstáculo tremendo para sus retiradas. Tratando de recruzarla, con la impedimenta de sus saqueos, los malones eran alcanzados por las fuerzas militares y allí perdían sus arreos de ganados robados. Los malones se volvieron infructuosos porque la clave de su éxito era la sorpresa en el ataque y la velocidad en la fuga. Lo cierto es que finalmente, la zanja debilitó las posibilidades de resistencia de los indios, los desalentó y fue, además, base y punto de partida seguro para el avance sobre el desierto.

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