LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA (08/08/1621)

LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA. Una donación del obispo del Tucumán, fray FERNANDO DE TREJO Y SANABRIA que permitió la habilitación del Colegio Jesuita de Córdoba, fue el primer paso que se dio para la creación de la Universidad de Córdoba, originalmente conocida como “Universidad Mayor de San Carlos” y que en 1854 fuera nacionalizada. Se instaló en la ciudad de Córdoba, capital de la provincia argentina del mismo nombre y ello fue uno de los hechos más importantes de nuestra historia. La Universidad de Córdoba fue desde sus inicios, una de las instituciones que contribuyó más eficazmente al progreso del país y es indudable que ha sido importantí-sima la participación que tuvo en las gestas que definieron la educación y el desarrollo cultural de los argentinos y que fue de influencia decisiva en la formación de parte de la clase dirigente que preparó el terreno de la emancipación nacional y prueba de ello, es que en sus claustros, se formaron la mayoría de los intelectuales, educadores, escritores y políticos que florecieron en nuestra patria durante la época de la colonia.

Conflicto entre religiosos
A principios de 1806, la querella entre los franciscanos y el clero secular se  renovó con inusitada violencia y encono, superando en mucho, los múltiples ejemplos que la historia nos relata sobre las disputas que conmovieron los claustros.

Luego de la expulsión de la Compañía de Jesús (12 de julio de 1767), la Universidad de Córdoba, fue puesta bajo la dirección y administración de los franciscanos, quienes hasta ese momento, habían mantenido su nivel, pese al pesado pleito que desde hacía dos décadas sostenían con el clero secular, por su regencia. De hecho, uno y otro sector tenían partidarios que no vacilaban en defender sus puntos de vista mediante feroces acusaciones, de las que los franciscanos siempre llevaban la peor parte, por haberse creado en torno a ellos, un ambiente de antipatía popular.

En 1800, cuando el Consejo de Indias se abocó al estudio de la cuestión, insistió en la substitución de la Universidad jesuítica por otra Regia, para la cual debían establecerse presupuesto, constituciones y cátedras. La Real Cédula elevaba esa Casa de Altos Estudios al rango de Mayor, con el título de “Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Montserrat”.

Por  supuesto, los franciscanos, que veían así perdido el control de la Universidad,  movieron sus propias influencias para mantener el estado anterior de cosas, consiguiendo el favor del Virrey Marqués de SOBRE MONTE, quien habría demorado el cumplimiento de la real orden, mitad por afecto a los franciscanos y mitad porque los FUNES, cabezas del clero secular, le resultaban antipáticos. Pero cuando SANTIAGO DE LINIERS asumió el cargo de virrey del Río de la Plata en junio de 1807, la cuestión experimentó un vuelco favorable al clero secular, por la amistad que a éste lo unía con el deán GREGORIO FUNES y con su hermano AMBROSIO FUNES, líderes indiscutidos del clero secular. Por consiguiente, rápidamente se lo conminó al gobernador de Córdoba,  el cumplimiento inmediato de lo ordenado en la Real Cédula de 1800.

El clero secular entonces, lejos de comportarse a la altura de las circunstancias, teniendo en cuenta lo mucho que la cul­tura le debía a la Orden Franciscana, cualesquiera hayan sido las críticas que se les pudo haber  hecho con respecto a su gestión al frente de la Universidad, en modo alguno mereció las ofensas que se le infirieron  y los actos injuriosos de que fue objeto, sin excluir las “cencerradas” nocturnas y otros abusos que se realizaron, aprovechando la complicidad de los ciudadanos que estigmatizaban a los franciscanos.

El día 5 de diciembre de 1807, el Rector franciscano, fray PANTALEÓN GARCÍA protestó ante el gobernador de Córdoba,  RODRÍGUEZ y apeló el decreto real, de tal modo que se debió suspender la reunión de Claustro dispuesta para la elección de nuevas autoridades. Enterado del caso, el virrey LINIERS, expidió un nuevo auto reprochando al gobernador el incumplimiento de las disposiciones reales, ordenando  que el deán GREGORIO FUNES fuera investido y que fray PANTALEÓN GARCÍA preparara los inventarios para hacer la entrega.

Con fecha 23 de diciembre del mismo año, el gobernador puso manos a la obra, realizándose finalmente la reunión preparatoria de claustro y la Universidad de Córdoba pasó a ser dirigida por fray GREGORIO FUNES, quien al hacerse cargo, expresó que esperaba realizar una “gestión fructífera para el bien de todos, dándose a la enseñanza una orientación más moderna y a los aspectos académicos, un cariz menos conflictivo. Es de desear que alcancen los recursos, que se mejoren los sueldos por cátedra y que no se pague la mitad en caso de interinato. Nada peor que los honorarios nominales que alejan de la enseñanza, al verdadero mérito y menoscaban el nivel de los concursos.

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