La tropilla

Muy pobre tenía que ser un gaucho para no poseer, al menos, una tropilla de caballos y mejor si todos eran de un “mismo pelo”, es decir de semejantes características morfológicas e igual pelaje y color. Puros, alazanes o tordillos; bayos, zainos o doradillos, todos del mismo color eran el orgullo del hombre de campo de tener “una tropilla de un solo pelo”

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.