LA RÍO DE LA PLATA AGRICULTURAL ASSOCIATION (1824)

LA RÍO DE LA PLATA AGRICULTURAL ASSOCIATION. En 1821, siendo ya ministro de MARTÍN RODRÍGUEZ, BERNARDINO RIVADAVIA, decide darle nuevos y más prácticos impulsos a la iniciativa que desde 1818, merecía toda su atención, según se lo había expresado al Director Supremo JUAN MARTÍN DE PUEYRREDÓN en su nota del 9 de setiembre de año, donde le exponía “los claros beneficios que traería a nuestra economía”, el ingreso de inmigrantes capacitados para el laboreo de las tierras y la cría de animales, según las técnicas y métodos que se empleaban en “los países del norte”. Es así entonces, que la Legislatura, a propuesta del Poder Ejecutivo, aprobó el 22 de agosto de 1821 una ley por la cual “el gobierno queda facultado para negociar el transporte de familias industriosas, que aumenten la población de la provincia”. En setiembre del mismo año, el gobierno recibió una nota de JOHN THOMAS BARBER BEAUMONT, fechada en Londres, en la cual le propone traer familias inglesas. Rivadavia le contestó de inmediato –el 24 de setiembre de 1821–, pidiéndole que se pusiera en contacto con HULLET Hermanos y Compañía, agentes comerciales del gobierno de Buenos Aires en Londres y el mismo día, escribió dos notas a estos agentes, encargándoles de las gestiones para el envío de inmigrantes. A partir de entonces, se inició una larga tramitación entre el gobierno, Beaumont y Hullet. En cierto momento, Beaumont propuso destinar parte del capital de la sociedad para adquirir tierras en propiedad, ya que el gobierno no estaba dispuesto a entregárselas en donación. Rivadavia envió entonces el 24 de noviembre de 1824, nuevas instrucciones a Hullet, en las que afirmaba: “El Ministro juzga innecesario que este señor tome el medio que propone de comprar una hacienda, mucho más cuando no sería tan útil, ni para él, ni para la población, pues., es a todos respectos preferible el que los recursos sean destinados al más pronto envío de un mayor número de matrimonios para que se establezcan ventajosamente en el país”. En la misma fecha el gobierno encomendó a dos hombres de negocios de Buenos Aires –SEBASTIÁN LEZICA y JOSÉ AGUSTÍN LIZAUR– las gestiones en el continente europeo para traer inmigrantes de Escocia, Holanda, Alemania y “todo el norte de aquel continente”. Las condiciones serían las mismas: entrega de tierras en enfiteusis y pago de los gastos de viaje al llegar a Buenos Aires. Muy poco después –el 13 de abril de 1824– el Gobierno constituyó una Comisión especial, primer organismo especializado en la materia que existió en el país, para “proporcionar de Europa a los propietarios de tierras del país, los trabajadores y artesanos que éstos soliciten bajo contrato”. Lezica llegó a Londres en junio y se puso en contacto –por intermedio de Hullet– CON BARBER BEAUMONT y se encontró allí con JOHN PARISH ROBERTSON y FÉLIX CASTRO, que habían sido los comisionados de Buenos Aires para contratar el empréstito con la Casa Baring y que se mostraron sumamente entusiasmados con la perspectiva de brillantes negocios de colonización. Castro, que había ganado una fortuna con la comisión del empréstito, entró en sociedad con Beaumont y Lezica en Londres, mientras Robertson marchó a su Escocia natal para invertir su gran fortuna, también producto del empréstito y sus actividades mercantiles transhumantes, en una vasta empresa colonizadora que se presentaba con brillantes posibilidades: “La Rio de la Plata Agricultural. Association”. En setiembre de 1824, Bernardino Rivadavia llegaba a Londres con el objetivo principal de fundar una empresa minera y si ello le era posible, también formar una sociedad colonizadora. En noviembre del mismo año, se constituyó una sociedad integrada por los señores BEAUMONT, LEZICA, CASTRO y HULLET. La sociedad se llamó “Rio de la Plata Agricultural Association” y con una capital inicial de 1.000.000 de libras esterlinas, se proponía ingresar en el negocio de la compra de tierras o de concesiones otorgadas por medio del sistema llamado de “enfiteusis” y poblarlas con agricultores ingleses. Los empleados de la Casa Hullet escribieron folletos sobre las ventajas y promesas de un futuro lleno de riquezas a quienes se aventuraran a poblar “las fértiles praderas de las pampas del Río de la Plata”, y el Secretario de Rivadavia, un tal IGNACIO NÚÑEZ, redactó un libro que publicado en 5 idiomas, ofrecía a los extranjeros “un territorio inmenso, virgen y fértil, con abundantes producciones y un temperamento benigno, que reclama lo que sobra en otros países: brazos y capitales”. Se formó el directorio de esta sociedad y se repartieron las acciones. Beaumont suscribió 500 acciones liberadas y fue nombrado Presidente de la sociedad. Lezica y Castro –con 400 acciones liberadas a su nombre cada uno, figuraban como directores “juntamente con 4 barones ingleses de la más alta respetabilidad”. La empresa se iniciaba con el mejor de los auspicios y Hullet, encargado del lanzamiento de las acciones, favorecido por el “boom bursátil” que se vivía en Londres, no tuvo dificultad alguna para colocar el total de éstas en muy poco tiempo. Cuando estas acciones estaban en alza, esto es cuando todavía no se conocía cual era el final de este proyecto, Lezica y Castro vendieron sus acciones obteniendo una “ganancia de 80.000 libras sin arriesgar un solo penique”, diría luego el hijo de Barber Beaumont en su libro “Viajes por Buenos Aires, Entre Ríos y la Banda Oriental (1826-1827)”. Por el contrario, su padre no vendió sus títulos y se empeñó en llevar adelante la empresa. Rivadavia le había asegurado formalmente a Barben Beaumont “que las tierras del convento suprimido deSan Pedro, le serían cedidas a perpetuidad mediante el pago al Estado de un arrendamiento usual, en lo que mi padre estuvo de acuerdo y aceptó”, cuenta el hijo de Beaumont. Rápidamente comenzaron a reclutarse agricultores; era un momento propicio porque la crisis industrial había paralizado muchos brazos y abundaban la desocupación y el hambre. Agentes de la sociedad anotaban en los suburbios de los centros fabriles a quienes querían ir con viaje pago y un pequeño adelanto al embarcarse. La primera tanda de 50 agricultores reclutados en los suburbios de Glasgow, se embarcó en febrero de 1825. A fines de ese año, desde Liverpool lo hizo la segunda tanda, esta vez con 200 reclutados y en marzo de 1826 lo hizo la tercera, también con 200 agricultores. Sebastián Lezica, fue comisionado para regresar al país acompañando las dos primeras tandas y para organizar y llevar el tercer y último grupo, fue designado el hijo de Barben Beaumont. Llegan los agricultores. El primer contingente de la Agricultural debía ir a San Pedro y al llegar se encontraron con que nadie sabía nada acerca de la concesión prometida por Rivadavia, aunque se suponía que la sociedad había comprado un campo. Nadie se hizo cargo de los viajeros en la rada y Lezica dejó el cometido a un tal Mr. JONES, “empleado con buen sueldo de la Compañía”, que tampoco mostró mayor diligencia. Abandonados a su suerte, algunos de estos inmigrantes se enrolaron en los cuerpos de línea y en la marina, necesitados ambos de voluntarios para llevarlos a la guerra que por esa fecha librábamos contra el Brasil y otros se quedaron en Buenos Aires ganando los buenos salarios que por ese entonces obtenían los artesanos y obreros especializados. Sólo unos pocos consiguieron ser llevados a San Pedro, luego de mucho insistirles a los nombrados Lezica y Jones, pero al llegar, les fue confirmada la información que se les anticipara en Buenos Aires: allí nadie estaba enterado de la concesión que decían tener y hasta el Juez de Paz les recomendaba que “se volviesen no más a Buenos Aires”. A pesar de todo, cuatro colonos decidieron quedaron porque les gustó la vida nómade de los gauchos. Mientras tanto, ante las quejas de Londres, para instalar al segundo contingente que estaba próximo a llegar, proveniente de Liverpool, Lezica adquirió para la Agricultural un campo en Entre Ríos y reembarco a los colonos en Ensenada para impedir que los nuevos inmigrantes se negaran a ir para trabajar en el campo, seducidos por los primeros, que habían sido captados por Buenos Aires y vivían holgadamente. Sin embargo, aquí, la empresa también fracasó porque aunque el campo de Entre Ríos ahora por lo menos existía, Lezica no envió los enseres y útiles de labranza remitidos por “La Agricultural” desde Londres, porque prefirió embargarlos provisionalmente para resarcirse de los gastos ocasionados por la compra del campo. La vida se hizo así sumamente dificultosa para los ingleses que habían llegado a Entre Ríos, por lo que decidieron abandonar la colonia y regresar a Buenos Aires a ganar buenos salarios como peones de saladeros o artesanos. Finalmente en 1826, Beaumont (hijo) llegó a Buenos Aires con el último contingente y cuando se dirigió a San Pedro para averiguar la suerte de los primeros inmigrantes de la compañía, encontró que casi todos se habían ido a Buenos Aires, pero algunos “se habían adoptado a la vida de los gauchos y parecían muy satisfechos con el cambio de situación. “Me hablaron muy bien del país y su apariencia robusta y sus rostros alegres, demostraban mejor que todas las frases que llevaban una vida feliz”, decían. Los recién llegados se negaron a trabajar en la empresa colonizadora y a seguir en nuevas andanzas pues luego de un muy poco feliz viaje, se enteraron al llegar, que la mayor parte de los colonos del segundo contingente, habían preferido volverse a Inglaterra al saber que había guerra entre la Argentina y Brasil. Beaumont se encontró entonces con un panorama desolador: los dos primeros envios de colonos habían fracasado en sus intentos. Algunos colonos habían regresado Inglaterra, otros no querían trabajar en el campo seducidos por “la vida aventurera de los gauchos” y otros “agricultores”no querían salir de Buenos Aires entusiasmados por los jornales que aquí ganaban. Por otra parte, Lezica se había quedado con el dinero para gastos y había embargado los enseres porque se consideraba perjudicado. Desalentado por estas noticias, Beaumont oyó decir que a cambio de la concesión de San Pedro, se les daría a los inmigrantes una isla en el río Negro –posiblemente Choele-Choel– pero a tiempo se enteró que el río Negro estaba todavía en poder de los indios .Después de recurrir, sin éxito, a Rivadavia –que a la sazón ocupaba ya el cargo de Presidente de la República– para que éste le prestase su apoyo, Beaumont, “ligero de corazón y de bolsillo”, emprendió el regreso a Londres, dejando librados a su suerte a los ciudadanos ingleses que habían participado en el primer experimento colonizador que se realizó en la Argentina., dando así por concluído este “desafortunado negocio”.

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