LA REVOLUCIÓN DEL 8 DE OCTUBRE DE 1812

A mediados de 1812 el desprestigio del Primer Triunvirato era público. La activa oposición —encabezada por la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica— censuraba el marcado centralismo del gobierno y lo acusaba de querer perpetuarse en el poder, al demorar la convocatoria a un Congreso general. A las dificultades de orden político como ésta, se sumaba la grave situación del ejército del Norte, asediado por el enemigo. Por eso, cuando se le ordenó al general Belgrano que se retirara con sus tropas sin librar combate, en Buenos Aires se produjo un gran descontento y aumentó el rechazo al Triunvirato. Finalmente, presionado por sus adversarios, el Triunvirato debió convocar a los Cabildos del interior el 3 de junio para que enviaran representantes ante una nueva Asamblea, que reemplazaría a la disuelta los primeros días de abril de 1812 (ver “El Directorio” en Crónicas). Los diputados provinciales debían concurrir a Buenos Aires para “fijar el tiempo y lugar de la reunión del Congreso”, lo que significaba, en otras palabras,  integrar una Asamblea electoral para sancionar una ley con el fin de reunir luego, una Asamblea constituyente. De tal manera se pretendía reemplazar a la última —que todos anhelaban— por una simple Asamblea de carácter electoral. El Triunvirato dispuso además, que el Cabildo de Buenos Aires debía  elegir los diputados por la capital y, también, examinar los poderes de los representantes del interior. En este último caso, el Ayuntamiento estaba facultado para rechazar a cualquiera ele ellos y nombrar el suplente.

Mendoza eligió diputado a Bernardo de Monteagudo (residente en Buenos Aires y candidato de la Logia),  pero pese a ls protestas del gobierno mendocino que le negaba al Cabildo de Buenos Aires tener jurisdicción válida para ello, su designación no fue aceptada por el gobierno, quien así se lo comunicó al Cabildo,  para que éste nombrara un reemplazante. Así se hizo y el designado fue José Antonio Villanueva, partidario de Rivadavia. También fueron rechazados los representante nombrados por las provincias de Salta y Jujuy.

El 5 de octubre llegó a Buenos Aires la noticia de la victoria del general Belgrano en Tucumán, pero el triunfo lejos de favorecer la situación del Triunvirato, la afectó aún más, pues era sabido que el vencedor había desobedecido órdenes expresas de retirarse. Para peor de males, el día siguiente, 6 de octubre se reunió la Asamblea electoral y designó triunviro, en reemplazo de Sarratea que había cesado,  al doctor Pedro Mediano, que era el candidato sostenido por Rivadavia. Los opositores demostraron su indignación y entonces el descontento se hizo general. Ante el curso de estos sucesos, la Logia Lautaro alentó una manifestación revolucionaria que hoy se conoce como “la revolución del 8 de octubre”. Al amanecer de ese día, se presentaron en la plaza de la Victoria las tropas de la guarnición: el cuerpo de Granaderos a Caballo, a las órdenes del general San Martín, el regimiento 2 de infantería, comandado por Ortiz de Ocampo, y efectivos de artillería a las órdenes del comandante Manuel Pinto, acompañados todos ellos por un muy numeroso grupo de ciudadanos.

Los revolucionarios convocaron un Cabildo abierto y entregaron un petitorio donde exigían: “que en el acto se suspendiera la Asamblea y el gobierno cesara en sus funciones y, que, reasumiendo la autoridad de que fuera investido por el pueblo el 22 de mayo de 1810, se creara un Ejecutivo compuesto por las personas más dignas del sufragio público, debiendo convocarse una Asamblea General Extraordinaria en el preciso término de noventa días”. El Cabildo accedió a lo solicitado y nombró para ejercer un nuevo gobierno provisional, hasta la reunión de la Asamblea,  a Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte, como integrantes de lo que fue el Segundo Triunvirato y a Juan Manuel de Luca, Tomás Guido y Domingo Trillo, para que ejercieran  como Secretarios de gobierno, guerra y hacienda respectivamente. Este Segundo Triunvirato gobernó con acierto y orientó el país de acuerdo con los principios sustentados por la Logia Lautaro: Independencia y Constitución.

“La revolución del 8 de octubre de 1812 —escribe Mitre— fue como la del 25 de Mayo: esencialmente nacional y democrática en su tendencia. En ella se formuló prácticamente el principio de la soberanía del pueblo en la exigencia de la convocatoria a un Congreso General; se rompió con las tradiciones del viejo derecho municipal que daba la supremacía a la capital, estableciendo así la perfecta igualdad de representación y derechos” (1) Juan José Paso era adversario de Rivadavia, y Rodríguez Peña era un continuador de la tendencia “morenista”.

4 Comentarios

  1. tu erman

    Pvtos :vvv

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  2. San martin

    gay quien lo lea :vv

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  3. ujuyyh

    jhyukloyui

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  4. ujuyyh

    me gusta e porno

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