LA REVOLUCIÓN DE LAS SILLAS.

La silla cobra relevancia con el advenimiento de la democracia. Según se lee en algunos artículos que hablan del BuenosAires colonial, hacia mediados de 1810, llegaron al Puerto de Buenos Aires “docenas” y “centenas” de sillas, mientras que los carpinteros locales, no se daban abasto para satisfacer la demanda. Es que la Revolución de Mayo, no solo sacudió los cimientos de la organización político-económica del virreinato, sino que le dio un nuevo lugar a la mujer.

Muestra de ello, es el abandono que se hizo de la costumbre que obligaba a las mujeres a permanecer separadas de los hombres durante las reuniones sociales y durante las tertulias que se llevaban a cabo en las casas de familia. Y fue la silla, el elemento que comenzó a tomar preponderancia ante el derrumbe de esa barrera

Antes, las mujeres debían acomodarse en tarimas llamadas ”alfalados” o “poyos”, o se sentaban sobre el piso, dejando los sillones para que los ocuparan los hombres “que las contemplaban a distancia prudente”. Pero la Revolución trajo “las tertulias mixtas” y con ellas, se hizo imprescindible la disponibilidad de sillas, para que todos, hombres y mujeres, pudieran sentarse juntos para conversar, “hacer música”, tomar mate ….o para conspirar.

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