LA PROVINCIA CISPLATINA (18/7/1821)

NACE LA PROVINCIA CISPLATINA. A raíz de la derrota de Napoleón y con el propósito de conservar las condiciones de la paz obtenida, en Europa se formalizó un pacto que, más que conservar do “equilibrio europeo”, llevó el centro de gravedad hacia Europa Central, con el acuerdo de Rusia, Austria y Prusia, que con el apoyo de Inglaterra, llevaba el nombre de “Santa Alianza”. España y Portugal fueron a la postre los más perjudicados por desplazamiento del centro de poder hacia Europa y fue, precisamente, ante el “Tribunal de la Santa Alianza”, que debieron presentar sus conflictos en “tierras de América”, derivados, principalmente, por la ocupación que del territorio de la antigua Banda Oriental del Río de la Plata, había llevado a cabo Portugal, con el pretexto de “preservar las fronteras de su provincia de Río Grande de San Pedro, de la anarquía desatada en esos territorios por las guerras artiguistas”. España dijo entonces que defendía un derecho, y Portugal que defendía un hecho. Finalmente el Tribunal dictaminó que el derecho debía ser, de nuevo, consolidado por los hechos, esto es, que España debía ocupar con sus fuerzas la Banda Oriental, de la que debían retirarse las tropas portuguesas. En cumplimiento de este dictamen, hacia 1819, España preparó una gran expedición militar, para cumplir con él, pero una sublevación producida el l9 de enero de 1820 en el seno de esas fuerzas, frustró su salida y en consecuencia, las cosas quedaron como estaban hasta ese momento. El desarrollo de las operaciones de los portugueses en la Banda Oriental no tardó en agitar el clima político de Buenos Aires y el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, inició negociaciones con los portugueses y ofreció su ayuda a a Artigas, pero éste la rechazó y decidió seguir solo su lucha contra los invasores. Y así continuó su desfavorable campaña hasta que el 22 de enero de 1820, fue definitivamente derrotado en la batalla de Tacuarembó. Las fuerzas lusitanas, al mando del general Lecor, ocuparon la totalidad del territorio oriental y así comenzó un nuevo y largo período de sojuzgamiento del pueblo uruguayo, que sólo habría de terminar en 1828, aunque ya en 1825, con la gloriosa gesta de su Independencia, comenzó a vislumbrarse ese fin. Lecor, hábil político, además de buen administrador, consiguió captarse, poco a poco, algunos adherentes entre los antiguos jefes patriotas y especialmente entre las personalidades civiles de Montevideo, cuya sociedad patricia se convirtió en una pequeña corte que giraba a su alrededor. Grados, honores y alianzas matrimoniales además de zalamerías, regalos e intrigas sirvieron a sus fines. El apuesto jefe portugués se veía como un Virrey de por vida en las apacibles tierras orientales. Buen clima, buena comida, buena gente. Su propia y personal ambición lo llevó a desconocer la política de su soberano, don Juan VI, quien deseando recuperar para su Reino las posibilidades perdidas con las guerras napoleónicas y la Santa Alianza, estaba preparando un gran acuerdo con España: un hábil golpe diplomático internacional, mediante el cual se crearía una especie de Confederación de Estados Iberoamericanos, sobre la base de las monarquías portuguesa y española, unidas por tratados de ayuda y comercio, doble nacionalidad y eliminación de aduanas y de las antigüas colonias de América (a las que se les reconocería la independencia (hecho ya consumado mayoritariamente) a cambio de su integración en esa comunidad internacional con el paternalismo rector de las antiguas metrópolis, semejando algo así como la Comunidad Británica de Naciones. Para ello Portugal daba el ejemplo ofreciendo a los orientales, a través de un Congreso o referéndum de diputados, la posibilidad de optar por su propio destino: Independencia total; unión con Portugal; unión con otro Estado (por ejemplo España, o las Provincias del Río de la Plata). Pero el espíritu sincero de las órdenes de Lisboa, fue deformado por la ambición personal de Lecor quien, aliado con sus amigos orientales, para otorgar a la ocupación apariencias de legalidad, convocó a un Congreso, en el que los “diputados”, elegidos fraudulentamente, realizaron uno de los actos de entreguismo y falseamiento de la verdadera voluntad popular, más deagradanntes que registra la historia del Uruguay, y el 18 de julio de 1821 votaron por la anexión de la Banda Oriental al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, con la denominación de “Provincia Cisplatina” o “Estado Cisplatino”. Lecor fue censurado por las autoridades portuguesas enteradas de esta votación espúrea y cuando ya se lo iba a destituir de su cargo, en el Brasil, se produjeron una serie de acontecimientos políticos, en los que Lecor era parte muy importante y que el 7 de setiembre de 1822, desembocaron en la declaración de la Independencia de ese país y en la instauración de Don Pedro, hijo de Don Juan VI, como Primer Emperador del Imperio del Brasil. En Montevideo se formaron de inmediato dos grupos antagónicos: uno pro-portugués, encabezado por el general Alvaro Da Costa y el otro “Imperial” acaudillado por el propio Lecor. Al comienzo, las acciones que ambos bandos libraron, fueron favorables los pro- portugueses, apoyados por el Cabildo de Montevideo y la layoría de los patriotas orientales, que vieron entonces la posibilidad de lograr la Independencia. Lecor se vió obligado a dejar Montevideo en manos de sus rivales y se dirigió al Brasil, desde donde, luego de obtener refuerzos del Imperio, puso sitio a la ciudad. Las ctividades beligerantes llevaron casi todo el año 1823 y durante ese tiempo, muchos orientales creyeron ya cercano eI día de recuperar la libertad de la Patria, pero el 28 de febrero de 1824, imprevistamente, las tropas portuguesas se retiran y se embarcan hacia Lisboa, permitiendo así que Lecor haga su entrada triunfal a la ciudad de Montevideo. De entonces en más, el político hábil, e1 diplomático sutil, dejaron paso al déspota duro que había creído perder su pequeño “reino personal” y las represalias contra aquellos que había luchado en el bando “portugués” o trabajado en pro de la Independencia, fueron perseguidos y en su mayoría, debieron huir y exiliarse en la Argén El 2 de mayo, por la fuerza, ahora desembozada, en la provincia Cisplatina se jura la Constitución del Imperio del Brasil y la fidelidad a don Pedro 1º, pero esta nueva dominación, no habría de durar mucho. Los patriotas que debieron dejar su patria, se reunían en Buenos Aires y Pedro Trápani y Juan y Antonio Lavalleja eran sus Jefes. Pronto, a fines del mismo año 1824, se estaba disponiendo todo para que una cruzada libertadora produjera un alzamiento general del pueblo para luchar por su independencia.

1 Comentario

  1. Anónimo

    HOLIS A MI ME GUSTO ESTO DE LA PROVINCIA CISPLATINA PERO NO TENIAN ALGO MAS CORTO PORQUE PARA RESUMIR TODO ESO NO PUEDO

    Responder

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.