LA MUERTE DE UNA POETISA (6/7/1914)

LA MUERTE DE UNA POETISA. Con una tragedia digna de una novela sentimental, termina la vida de DELMIRA AGUSTÍN, pionera de la poesía erótica latinoamericana. Desde el comienzo, su vida fue la de un personaje romántico. Nació en Montevideo en 1886, en un hogar de la alta burguesía donde su madre, la argentina MARÍA MURFELDT TRIACA y su padre, SANTIAGO AGUSTÍN, la criaron como a una delicada muñeca, admirada y vigilada al mismo tiempo. Delmira era hermosa, inteligente y extraordinariamente sensitiva. A los 14 años comenzó a sorprender con sus primeros versos, que el padre se encargaba de pasar con cuidada caligrafía. A los 20 años publicó su primer libro de poemas, “El Libro Blanco”, y comenzó a ser reconocida y visitada por los grandes escritores. En 1912 conoció a RUBÉN DARÍO, quien aseguró que ningún poeta lo había impresionado como ella. Aún continuaba siendo “la nena”, como la llamaba su padre, cuando se puso de novia con ENRIQUE JOB REYES, un próspero rematador de hacienda. El noviazgo duró cinco años de rituales visitas familiares y paseos siempre controlados por una madre absorbente y sobreprotectora. Por entonces escribía versos apasionados que sacudían a la sociedad de su época y mantenía correspondencia con los grandes intelectuales. El casamiento se fue postergando y mientras tanto conoció al escritor Manuel Ugarte. La relación, al principio puramente amistosa, se convirtió en una escandalosa pasión. Por fin en 1913 se casó con su novio Reyes y dos meses después de la boda, Delmira regresó a su casa paterna. “Huí de la vulgaridad”, le dijo a su madre, y entabló juicio de divorcio por incompatibilidad de caracteres. Sin embargo siguió viéndose con su marido, en una habitación alquilada a un amigo. Delmira había escrito alguna vez: “Sé que voy a morir trágicamente”. El 6 de julio, ella y su esposo acordaron verse por última vez. En la intimidad del cuarto, Reyes la mató de dos disparos y se suicidó.

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