LA MUERTE DE JORGE NEWBERY (01/03/1914)

El famoso deportista, que acababa de batir el récord mundial en altura volando hasta una altura de 6.225 metros, a bordo de un avión  Moranne Saulnier, a los 39 años de edad, muere estrellado con su avión en Los Tamarindos (provincia de Mendoza). Estaba preparándose para intentar el cruce de los Andes, y sufrió un accidente mientras realizaba una exhibición para un grupo de damas amigas.

“Mendoza. Llegan noticias del campo de aviación de Los Tamarindos anunciando que el aviador JORGE NEWBERY al hacer un aterrizaje llevando a BENJAMÍN JIMÉNEZ LASTRA como pasajero, se mató. El señor Jiménez Lastra se halla gravísimo”.

Así, el diario La Nación” en su edición de dos de marzo de 1914, informaba a sus lectores sobre una de las noticias que conmocionaron a la opinión pública de entonces. La máxima figura de las alas y el deporte de la Argentina moría en su ley, cuando se preparaba para cumplir otra hazaña: el primer cruce aéreo de los Andes.

Mucho se ha dicho de este NEWBERY polifacético, calificado de destacado sportman, que se ganó la admiración de todos los argentinos, en un mundo sin medios de comunicación masivos, como la TV o Internet. Las palabras del escri­tor BELISARIO ROLDÁN lo pintan de cuerpo y alma, al despedir sus restos en la Recoleta:

“…ha caído para siempre el que tenía el corazón abierto a todas las emociones puras y la mano lista para todas las lealtades; el que no necesitó dejar de ser bueno para ser glorioso, y a quien la Providencia nos arrebata en vísperas precisas de su hazaña meridiana, como si hubiera querido ella misma conducirlo de una vez a las alturas mayores de donde no se vuelve, pero donde no se sufre. . . “

Una recopilación de datos que realizara el “Instituto New- beriano” y el Departamento de Prensa de la Fuerza Aérea Argentina, apoyada en bibliografía extraída de “Newbery, el conquistador del espacio”, de RAÚL LARRA, y de “Jorge Newbery, padre de la patria aeroespacial”, del comodoro SANTOS DOMÍNGUEZ KOCH, revela cómo fueron los últimos momentos en la vida de este pionero.

En la cálida madrugada del 10 de febrero de 1914, NEWBERY logra el récord mundial de altura (6225 metros) a bordo de un Morane Saulnier de 80 HP en el aeródromo de El Palomar. La máquina francesa, con su nuevo motor Le Rhone, lo ha dejado maravillado. La considera apta y confiable para los vuelos a grandes alturas, por lo que su próximo objetivo, el cruce de los Andes, ya es una decisión tomada. Dos semanas después, cuando se aproximan las fiestas de carnaval, NEWBERY lleva su aeroplano en tren hasta Mendoza para realizar las primeras prácticas en compañía de su amigo, el aviador BENJAMÍN JIMÉNEZ LASTRA. Los espera TEODORO FELS, quien cumplía allí con una serie de exhibiciones aéreas con una máquina similar a la de Newbery

Luego de una serie de pruebas, decide volver a Buenos Aires para efectuar los últimos ajustes a su aeroplano. En la tarde del  1o de marzo, NEWBERY, FELS y JIMÉNEZ LASTRA regresan al Grand Hotel para preparar las valijas, pero en el vestíbulo se cruzan con unas familias amigas: los OCANTOS, los ESCALADA y los VALIENTE NOAILLES.

-Jorge, qué placer. Queremos verlo volar -dice una señorita.
-No tiene su aeroplano aquí, sale al paso JIMÉNEZ LASTRA.
¿Y, FELS, no es cierto que usted tiene su máquina aquí?
-Sí, señorita, pero a estas horas debe estar desarmada. Ayer le di la orden a mi mecánico.
NEWBERY sólo se limita a sonreír y dirige su mirada a FELS.
-Averiguá, le dice. A lo menor BORDONE (el mecánico) no lo ha hecho aún.
FELS va al teléfono, mientras ya son varias las damas que rodean al “dandy” porteño, a quien no dejan de preguntarle sobre su próxima travesía.
-¿Jorge, sabés lo que pasó? Le dice FELS. Anoche, BORDONE fue a un baile de carnaval y no desarmó el Morane.
-Magnífico. ¿Le podrás decir a BORDONE que vaya con la máquina a Los Tamarindos?
-Ya se lo ordené -responde FELS.
NEWBERY busca con la vista a JIMÉNEZ LASTRA.
¿Querés volar conmigo, Tito?
-Con mucho gusto, Jorge.
-Bien, señoritas -enfatiza NEWBERY con una sonrisa-, gracias al carnaval podrán asistir a una exhibición aérea.

En varios automóviles, todos se encaminan al aeródromo. Es una tarde apacible, con un cielo luminoso. Al llegar al campo de Los Tamarindos, a contraluz, el sol recorta la figura del Morane Saulnier de FELS.

-Ayer tiraba algo de ala izquierda. Me gustaría probarlo a mí,  dice FELS.
-¿No lo puedo hacer yo? -contesta cordialmente NEWBERY y FELS no insiste.

Ya a bordo de la máquina, la señorita que le ha pedido que volara se acerca y le entrega una medalla de la Virgen de Lourdes para que le diera suerte. Al tomarla, NEWBERY advierte que no lleva consigo el retrato de su madre. Será la primera vez que vuela sin su imagen que, para él, es como un amuleto.

Eran las 18.40. Se inicia el ascenso y la máquina comienza a cabrear hacia la izquierda. Newbery intuye el peligro. Aplica toda su destreza tratando de enderezar el Morane. Ha prometido a Fels, a sus amigos y a las mujeres, que que desde abajo lo siguen con admiración, que intentará un “looping”,  para luego caer con pérdida de velocidad. Listo para emprender la maniobra aprendida en Francia, NEWBERY fija su vista en el horizonte. Tiene la sensación de que el comando no le responde, el viento se torna huracanado y el aparato se estremece hasta el último tornillo de su estructura.

-¡Agarrate bien, Tito! -grita a su amigo, con una sonrisa, en medio del peligro. NEWBERY, a unos 500 metros de altura, inicia el looping” y el aparato se sacude. El aeroplano va cayendo casi sin velocidad,  con el ala izquierda pegada al fuselaje. Desesperado, se esfuerza por enderezarlo.

El último intento
-¡Agárrate, agarrate bien, Tito! – vuelve a gritar. Casi sobre el suelo, cuando faltaban unos 30 metros, detiene el motor y hace un último intento por enderezar el Morane Saulnier, pero todo es inútil. Cae en forma perpendicular sobre una acequia. Jorge Newbery tenía 38 años.

Por aquel entonces, el corresponsal del diario La Nación”  en Mendoza,  informaba así lo sucedido: “…Fels y los espectadores corrieron al sitio del siniestro. Newbery yacía muerto, horriblemente destrozado. Jiménez Lastra se retorcía en horribles contorsiones, habiendo perdido el habla y presentando heridas espantosas” (Extraído de una nota de Ricardo Larrondo, publicada en el diario “La Nación”).

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