LA MUERTE DE FRANCISCO RAMÍREZ (10/07/1821)

LA MUERTE DE FRANCISCO RAMÍREZ. El Supremo Entrerriano, uno de los primeros líderes del federalismo, es muerto en circunstancias dignas de una novela romántica. El hombre que durante el dramático año 1820, dominó con su fuerte personalidad el panorama político del país había nacido en Concepción del Uruguay, en 1786. Su padre era descendiente del fundador de La Rioja y su madre del virrey Vértiz. En 1810 fue alcalde de Arroyo Grande y cuando estalló la Revolución, luchó contra los españoles, como “oficial de civiles” y estuvo en la defensa de Entre Ríos, durante la invasión que llevara a esa provincia el jefe realista Michelena. Más tarde, se definió como activo opositor del poder centralista de Buenos Aires y como lugarteniente de José Gervasio de Artigas, combatió contra las fuerzas porteñas, aunque luego se enfrentó con su antigüo jefe, a quien derrotó en varios combates, hasta que finalmente, el 18 de junio de 1820 lo venció en Las Tunas, provocando el eclipse final del caudillo oriental.

En 1820, gracias a su triunfo sobre el Directorio, se firmó el “Tratado del Pilar” ; suscrito por Sarratea en representación de Buenos Aires, Estanislao López por la provincia de Santa Fe y el mismo Ramírez, en representación de la provincia de Entre Riós, y mediante el cual, se impuso un nuevo orden político, estableciendo el predominio del régimen federal. En noviembre de ese año, Ramírez fue nombrado “Jefe Supremo de la República de Entre Ríos”, que comprendía los actuales territorios de la Mesopotamia, es decir Entre Ríos, Corrientes y Misiones y fue reconocido como “el Supremo Entrerriano”. Pero su poder fue muy efímero y muy pronto se enfrentó con Estanisla López, que había hecho causa común con Bueno Aires. En mayo de 1821, comenzó su lucha contra algunas provincias que se habían aliado para combatirlo y como fue siempre su costumbre, nunca dejó de ir al frente de su tropa, infundiéndole con su coraje, su espíritu de caudillo indomable. Pero no iba solo a estas contiendas. Siempre lo acompañaba “La Delfina”, una mujer de legendaria belleza y coraje que se suponía era hija ilegítima del virrey portugués y que profundamente enamorada de Ramírez, siempre lo acompañaba en sus combates.

Aquel 10 d julio, Ramírez se encontraba en Córdoba y después de haber sido derrotado en uno de esos entreveros, librado en proximidades de Río Seco, inició la retirada, seguido por la Delfina. Habiendo tomado ya un distancia prudencial de sus perseguídores, se dio vuelta para ver cómo lo seguía la Delfina y con estupor vio que el caballo de ésta había rodado y que solados de la partida enemiga ya la rodeaban. Sin dudarlo, volvió grupas, marchando en auxilio de su amada y cuando llegó al grupo, fue recibido a tiros, muriendo instantáneamente con un balazo en el corazón. Uno de los soldados decapitó su cadáver y su cabeza fue enviada a Estanislao López, que la hizo embalsamar y luego la puso en exposición en la Iglesia Matriz de Santa Fe.

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