LA MUERTE DE BARTOLOMÉ MITRE (1906)

LA MUERTE DE BARTOLOMÉ MITRE. Si la vida del general BARTOLOMÉ MITRE fue gloriosa, puede decirse que también lo fue su muerte. Un mes antes de caer enfermo, el doctor PIÑERO fue a visitarlo, como tenía por costumbre y lo encontró escribiendo. -Esto no está bien, señor. Usted no debería estar trabajando a esta hora; hace poco que ha almorzado y necesita hacer tranquilamente su digestión. El general lo miró y con una sonrisa llena de melancolía, le contestó: -Vea, mi amigo, si yo ya no trabajo. Esto que estoy haciendo son unos apuntes, unas cartas, trabajos de “última hora” mi amigo, porque me siento mal y comprendo que mi fin se va acercando. He vivido ya lo suficiente y puedo morir en paz con Dios y con los hombres. -¡Cómo es eso! –le replicó el doctor Piñero-, un hombre de su optimismo pensando en esas cosas. -¡Ay! Mi amigo, es que ya no me hago ilusiones y siento que me liquido. –Y esto es.- -agregó- lo que debe ser y lo que yo también deseo. -General, usted tiene que vivir mucho todavía. -No doctor, y se lo diré. Mis dos grandes placeres en la vida y ahora, más que nunca, ahora que he dado por concluida mi carrera pública, han sido el estudio y la meditación. En el estudio encuentro mi verdadero bienestar y cuando dejo de estudiar medito. Paso revista a los hechos de mi vida y siento en ello un placer inefable, especialmente cuando, concretando mi pensamiento en algún acto de mi pasado, encuentro que si tuviera que volverlo a hacer lo haría exactamente como entonces. Hoy, doctor, no puedo darme estos placeres, no puedo estudiar ni meditar porque estos dolores al brazo son atroces. Ya ve, usted, que no necesito ni quiero vivir más.

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