LA “MUCANGA” Y LOS “MUCANGUEROS” (1870)

La “mucanga”, en el idioma de los matarifes,  era la parte no comestible del vacuno u otros animales faenados. Como antiguamente, el sebo, la grasa, las vísceras, el hígado, etc. , no se consideraban “comestibles”, luego de extraerlas del cuerpo del animal sacrificado, se tiraban en una especie de canaleta que con la sangre y aguas iban a engrosar el curso del arroyo Cildáñez, en la curva de Murguiondo y Remedios.  El arroyo Cildáñez corre hoy, entubado, debajo de las calles Francisco Bilbao, Remedios y San Juan Bautista de La Salle; al llegar a la avenida Roca, tiene un espacio de 500 metros al aire libre, hasta su desembocadura en el Riachuelo.

Finalizando el siglo XIX, era costumbre que los llamados “mucangueros” se metieran en esa “canaleta” para juntar todas esas sobras. Los “mucangueros”, generalmente niños y jóvenes de corta edad, llenaban baldes con estos desperdicios y se los vendían’ por 5 o 10 centavos a los “tacheros”  que eran avispados “emprendedores” que estaban ya en ese entonces, iniciando una nueva industria: la fabricación de jabón. Como también era costumbre darles gratis una copa de sangre de animal recién degollado, a los mucangueros, éstos aumentaban sus ingresos, vendiéndoles esa sangre a la gente porque se suponía que aliviaba el reumatismo y el dolor de huesos.

En grandes tachos con agua hirviendo, ponían todo ese graserío más algún producto químico, dejaban decantar la mezcla y la echaban directamente sobre el piso de cemento del galpón o “fábrica. Una vez seca esta torta, simplemente a pala, la paleaban una y otra vez hasta que se convertía en polvo, que era luego envasado para su venta. Como los “mucangueros” , eran mozalbetes que por ganarse unos centavos, dejaban de concurrir a la escuela y muchas veces se iniciaban en la delincuencia, destino lógico de quienes vivían casi en la miseria, En 1880 el administrador de Parque Patricios advirtió a las autoridades, que esos chicos aumentaban en número cada día y “que había que hacer algo para evitar tan triste espectáculo de ver a esos niños merodeando entre tanta inmundicia, en vez de ir a la escuela”. Tal situación tomó estado público y la revista “Caras y Caretas” , al referirse a los mucangueros del “Matadero del Sur”, decía que “todos aquellos despojos de un olor penetrante, corren hasta un gran sorbedero en que se abisma el arroyo rojo (se refiere a la sangre de los animales) y forman allí, un delta pantanoso, donde un enjambre de chiquilines, con la sangre hasta el muslo, zambulle las manos a la caza de despojos, de achuritas escapadas entre la sangre, tripas cortadas, alguno que otro cuajo rugoso, trozos de sebo, tiras de mondongo, revolviendo, hozando en aquel informe remanso hasta que nada queda por descubrir (…)”. “ (Recorriendo Mataderos” de Ofelio Vecchio, Tomo I, Buenos Aires, edición del autor, página 130).

También fue OFELIO VECCHIO, pero esta vez en su  libro “Las esquinas también tienen su historia” (Buenos Aires, Edición del autor, 2001)  quien dice: Antaño, en los mataderos de la “Patria Vieja”, las negras iban a juntar los menudos; lo mismo ocurría en Constitución, en la Convalescencia y en Parque de los Patricios, donde –comenta Vecchio, citando la revista Caras y Caretas– “en el camino al Riachuelo –se refiere a los corrales de Parque de los Patricios– se forma un remanso donde los chicos retozan con la sangre hasta la cintura tratando  de pescar algo”. La tradición oral narra que un agente de policía fue echado al tacho de los desechos hirvientes luego de ser descuartizado; de él, solo quedaron los botones dorados. Esto lo hicieron los chicos “mucangueros”, adolescentes que, terminado el oficio, se dedicaron a delinquir, cuando no usaban esas monedas ganadas para ir al cine Jorge Newbery, el primer cine que se instaló en el Barrio de Mataderos y que después se llamó Nueva Chicago, hasta su desaparición,

Verdad o leyenda, la historia es conocida por los antiguos habitantes de Mataderos. (A mí me la contó mi padre, y a Vecchio, Malaquías Escandón, que tuvo un restorán en el Mercado Nacional de Hacienda entre 1912 y 1983). Aparentemente, “mucanga” y “mucangueros” son vocablos  que nacieron en los mataderos de la capital y de la provincia, pero no se ha podido rastrear ni su etimología ni la fecha de su surgimiento. Sin embargo, sus historias pertenecen al pasado”.

En 1929, cuando se construyó el “Frigorífico Nacional” y se comenzaron a aplicar mejores técnicas y procedimientos para la faena de los animales, mucangas y mucangueros , desaparecieron para siempre.

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