LA MITA

LA MITA. El término deriva de una voz quechua que significa “turno”; mita se aplica al tipo especial de encomienda o repartimiento en el cual, grupos de indios fueron obligados a tomar turnos en los trabajos de las minas. Aunque hubo relativamente poca explotación minera durante el período colonial en el territorio que es actualmente la Argentina, se utilizaron importantes mitas en las minas de Potosí, con las cuales la región noroccidental de la Argentina tenía estrechos vínculos políticos, económicos y sociales. Los abusos de este sistema jugaron su papel en la lucha argentina por su independencia, como lo manifiestan las repercusiones de la revuelta de Tupac Amaru y la tesis escrita por MARIANO MORENO sobre el servicio personal de los indios en general. El 1º de setiembre de 1811, la Junta Grande dispuso el cese de este despiadado sistema y ordenó que la “mita” y el “yanaconazgo” fueran erradicados de estos territorios y luego la Asamblea del Año XIII, hizo suyos los fundamentos de esta prohibición y el 12 de marzo de 1813, declaró extinguido además “el tributo”, “la mita”, “la encomienda” y “el yanaconazgo” y toda forma de servicio personal de los indios. Ese día, la Asamblea General Constituyente sancionó el Decreto dictado por la Junta Gubernativa el lº de septiembre de 1811, que declaraba la extinción del tributo que pagaban los indígenas y del servicio personal al que se los obligaba. Derogó además la mita, las encomiendas y el yanaconazgo, declarando que los indígenas eran hombres libres y con igualdad de derechos a todos los demás ciudadanos que pueblan el territorio. Se eliminaba así un resabio de una cruel política de sojuzgamiento al nativo, dejada sin efecto por una Resolución de la Asamblea del Año XIII, mediante una legislación de avanzada, que San Martín pudo llevar luego al Perú (ver “encomiendas” “mitas y “yanaconazgos” en el Buscador). A partir del descubrimiento de América, el encuentro entre los conquistadores y los aborígenes se planteó como una relación de dominación y explotación. Juristas y teólogos se enfrascaron en disputas acerca de la naturaleza humana de los indígenas, muchas veces para justificar su esclavitud. Cuando Colón repartió las primeras tierras a sus acompañantes, los beneficiarios exigieron también la provisión de mano de obra y así nació la institución del “repartimiento de indígenas” que se extendió a toda América. El repartimiento o encomienda tuvo dos formas de organización: la mita y el yanaconazgo. La mita era un servicio al que estaban forzados los indígenas durante un período del año en el que debían trabajar gratuitamente. Se trataba de una esclavitud encubierta y los destinados a las minas sufrieron abusos crueles. El yanaconazgo convertía a los aborígenes en parte de las propiedades y les impedía abandonar las tierras donde trabajaban. La Asamblea derogó la encomienda y dispuso que el decreto fuera traducido al guaraní, al quechua y al aimará, para que todos lo comprendieran. La Asamblea reunida en Buenos Aires derogó toda forma de trabajo obligatorio impuesto a los indígenas de nuestro país y los declaró hombres libres y en igualdad de derechos con los demás ciudadanos. A partir del descubrimiento de América, el encuentro entre los conquistadores y los aborígenes se planteó como una relación de dominación y explotación. Juristas y teólogos se enfrascaron en disputas hacerca de la naturaleza humana de los indígenas, muchas veces para justificar su esclavitud. Cuando Colón repartió las primeras tierras a sus acompañantes, los beneficiarios exigieron también la provisión de mano de obra y así nació la institución del “repartimiento de indígenas” que se extendió a toda América. El repartimiento o encomienda tuvo dos formas de organización: la mita y el yanaconazgo. La mita era un servicio al que estaban forzados los indígenas durante un período del año en el que debían trabajar gratuitamente. Se trataba de una esclavitud encubierta y los destinados a las minas sufrieron abusos crueles. El yanaconazgo convertía a los aborígenes en parte de las propiedades y les impedía abandonar las tierras donde trabajaban. La Asamblea derogó la encomienda y dispuso que el decreto fuera traducido al guaraní, el quechua y el aimará para que todos lo comprendieran (ver “El yanaconazgo” y “El problema indio” en Crónicas).

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