LA MARIQUITA

Fue “La mariquita” de antaño, una danza criolla que se bailó en casi todo el territorio de la República Argentina y aún en el Alto Perú (hoy Bolivia), tanto en la campaña como en los salones de la Colonia, desde los últimos tiempos de ésta, hasta los primeros años de la República. Sencilla y de agradable música, algo más apacible que el “Triunfo”, el “Escondido” y otras llamadas de “cuatro esquinas”, que fueron sus hermanas de origen. Forma parte del grupo de las que se bailan en parejas sueltas; los bailarines no se enlazan y no evolucionan en armonía con otras parejas (como en la “Contradanza” o el “Pericón”, sus hermanas de origen), sino que actúan solas. Quienes preferían los Valses, Minués y Contradanzas, la desdeñaron siempre, porque la vivacidad y el desenfado del estilo picaresco de la “Mariquita”, eran contrarios  a sus gustos y a “las buenas costumbres” de entonces.

Pertenece al grupo de las “danzas picarescas” y como tal, desciende de una europea que tenía esas mismas características. Su música fue también de origen europeo y con los textos españoles, pasaron a América, donde fueron readaptadas, tal como lo señala  en su obra “Origen de los bailes criollos”. Hoy es, una danza extinta, es decir que ya no se baila más en ningún lugar del país, y aunque aún se la recuerda, especialmente en el norte, no quedan registros fidedignos acerca de su origen, ni de su coreografía, pero sí de su existencia y algo de su música.

Ya a principios del siglo XIX, allá por el año 1800, en las “tonadillas” que amenizaban los entreactos de las obras teatrales que se presentaban en Buenos Aires, se oían coplas de tono picaresco que habían adoptado esta danza;  la “Mariquita” era muy popular en la campaña pampeana y en los circos de maromeros (que ofrecían números con acróbatas), era la música que se tocaba mientras los equilibristas realizaban sus pruebas ante el público. En 1830 ALCÍDES D’ORBIGNY la vio bailar  en los salones de Santa Cruz de la Sierra  (Bolivia) y dice al respecto: “En torno a las amables damas , se cambian espirituales  frases, interrumpidas súbitamente  por una “Mariquita”, danza viva y alegre, cuya música es interpretada por un guitarrista- cantor. Un caballero invita a una dama; se colocan frente a frente, cada uno con un pañuelo en su mano. El cantor comienza a cantar coplas de la más extraña sencillez, pues ninguna perífrasis vela o disfraza el sentido, mientras se acompaña con la música. Los danzantes agitan sus pañuelos con gracia, marcando el compás  con los pies. Avanzan , retroceden, se atraviesan, parecen huirse, vuelven a acercarse, dan vueltas, el uno en torno al otro, mientras los presentes dan palmadas a compás”.

En 1837 en “El diario de la tarde” se anunciaba que “El niño GERVASIO”, por primera vez bailará sobre la maroma la Mariquita, tocada y cantada en la guitarra” y al año siguiente decía “”El beneficiado bailará una Mariquita”, aviso que repetirá luego en agosto de 1839, en enero de 1840 y por fin, en diciembre de ese mismo año, diciendo “GERVASIO hará un paseo en la cuerda con un triángulo de cristales en la cabeza, finalizando con bailar la Mariquita”

VENTURA H. LYNCH en su libro “La provincia de Buenos Aires hasta la definición de la cuestión capital de la República” editado en Buenos Aires en 1883, nos dice  que “La Mariquita” era una danza que se conocía y se bailaba en la provincia de Buenos Aires allá por el año 1880 y ARTURO BERUTTI en su libro “Aires nacionales”, Buenos Aires, 1882, la describe como “un baile bastante antigüo, tal vez de origen europeo, que ha venido poco a poco, tomando formas nacionales. Es un baile sumamente gracioso y por demás original y sus versos son muy chistosos”

Los aires de la Mariquita son ejecutados en la guitarra y son particularmente expresivos  del aliento amatorio y de los osados avances de los galanes, que esta danza parodia. El final de la pantomima es lo que provoca mayormente la alegría, pues es entonces, cuando la recatada bailarina, que se había mantenido alejada  hasta aquí, de los escarceos de su galán, agitando su pañuelo como bandera de rendición, lo arroja ahora al aire y se rinde  ante el irresistible y abrumador  avance de su amoroso compañero de baile”  (extraído de “Bailes tradicionales argentinos” de CARLOS VEGA).

 

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