LA MARCHA DE SAN LORENZO (30/10/1902)

La marcha de “San Lorenzo” es, sin duda alguna, la más hermosa de todas las que componen el acervo musical del Ejército Argentino. Fueron sus autores, el compositor, violinista y maestro de banda uruguayo CAYETANO SILVA, hombre de color, hijo de una esclava liberta y de padre desconocido, nacido en el pueblo de San Carlos (Departamento Maldonado), de la República Oriental del Uruguay, en 1868; y CARLOS JAVIER BENIELLI, poeta y profesor normal nacido en la ciudad de Mendoza en 1878, quien compuso el texto correspondiente.

En 1902, el maestro Silva, terminó de componer esta marcha, cuya melodía venía elaborando desde años atrás y el 30 de octubre de 1902, la inauguración del monumento a SAN MARTÍN en la provincia de Santa Fe, fue el escenario elegido para estrenarla ante el público. Durante los primeros años solamente se ejecutaba la música del maestro Silva y recién en 1908, el poeta mendocino CARLOS JAVIER BENELLI le puso letra.

Desde el punto de vista musical, la Marcha de San Lorenzo presenta la rara virtud de ser extremadamente melodiosa, sin perder por ello el carácter marcial que por fuerza le corresponde. Los tres motivos musicales están vinculados entre sí por modulaciones apropiadas y que, al poner el acento en el tambor y el clarín, ponen de relieve acertadamente el carácter marcial de la obra. Y como flotando en toda la partitura, el amor que CAYETANO SILVA siente por su segunda Patria, la República Argentina.

El desarrollo de este trascedental acontecimiento estaba ya magistralmente expresado a través del sonido. Pero hacía falta aún la palabra que completara el relato. El maestro SILVA recurre entonces a suamigo el poeta CARLOS JAVIER BENIELLI, quien traduce en palabras de hondo sentido épico, los contenidos de ese episodio bélico, logrando que exista una poco común unidad entre la música y el texto, lo que no suele ser frecuente en las marchas militares.

La primera parte del texto pinta en forma tan magistral como concisa los instantes previos a la carga de los granaderos. El sol empieza a despuntar y el espíritu de la tropa, que se prepara para el ataque, es de extrema tensión, hasta que, repentinamente, el clarín suena y la voz del Gran Jefe lanza la orden: —¡A la carga!. La segunda parte describe el avance, casi despreocupado de los realistas, que estban  lejos de sospechar el ataque que estaba próximo a producirse. Y en la tercera parte,  se destaca como punto culminante, el sacrificio del Sargento Cabral, quien, con su acción heroica y en un instante históricamente decisivo, salva la vida de su Jefe y del hombre que iba a desempeñar un papel fundamental en la lucha por la Independencia que acababa de iniciarse y la muerte del soldado uruguayo JUSTO GERMÁN BERMÚDEZ.

Al poco tiempo de su creación, la marcha fue adoptada para ser cantada en las Escuelas y como su partitura había sido originariamente compuesta para banda, se requirió su transcripción para piano, instrumento habitual en dichos establecimientos y esa versión se debe al maestro CLEMENTE GREPPI, profesor de música de la Escuela Leandro N. Alem, que contó para ello con la colaboración de la profesora MARÍA AMORETTI.

Resulta curioso que oída casualmente en Alemania, fue tal el entusiasmo que causó en sus autoridades y pueblo, que nuestro gobierno decidió donarla al ejército alemán, que en retribución, nos obsequió la marcha “Viejos camaradas”. La Marcha de San Lorenzo también fue ejecutada durante la coronación de Jorge V, en Gran Bretaña, siendo desde ese momento, una marcha oficial inglesa. Tanto los alemanes como los ingleses han manifestado en diversas ocasiones, que jamás, “marcha alguna pudo describir tan acertada y patéticamente las escenas de una batalla (algunos datos han sido extraídos de un comentario del arquitecto Osvaldo M. Helman y otros de una nota irmada por el general Gualterio E. Ahrens).

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