LA LEYENDA DE LA NIETA DE NAPOLEÓN (1881)

LA LEYENDA DE LA NIETA DE NAPOLEÓN. El conde WALESKI, hijo natural de NAPOLEÓN BONAPARTE, llegó a la Argentina en el invierno de 1847. El viaje en barco fue largo y difícil. No menos que su misión: negociar con el brigadier general JUAN MANUEL DE ROSAS el fin del bloqueo francés al puerto de Buenos Aires. Como la misión se adivinaba larga y trabajosa, el conde viajó con su esposa embarazada. A la semana de llegar, la mujer dio a luz. Llamaron a la niña ISABEL ELVIRA, quien nació con serios problemas de salud. Los médicos le brindaron mil cuidados por indicación del propio Rosas, velaron noche y día junto a ella, pero no pudieron salvarla. La beba -hija del enviado francés y nieta de Napoleón- murió a los seis días. La enterraron en el cementerio de la Recoleta, según consta en los registros que aún permanecen intactos en los archivos de la dirección. Pero las semanas pasaron, la misión terminó y el conde y su esposa regresaron a Francia. En 1881, cuando el intendente Torcuato de Alvear ordenó una remodelación general y el cementerio pasó a tener una apariencia muy similar a la actual, los sepultureros buscaron afanosamente el ataúd de la niña, pero nadie recordaba dónde había sido enterrado. La redistribución de tumbas se hizo igual y las décadas pasaron. La nieta de Napoleón sigue allí, en algún lugar de los paredones que encierran las bóvedas, pero nadie sabe en cuál. Su leyenda es la del fantasma más famoso del cementerio más visitado de Latinoamérica.

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